GUADALUPE PLATA – GUADALUPE PLATA (2015)

Nuestra puntuación

9

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS

Guadalupe Plata, los del blues diabólico, los del pantano, los del boogie de la muerte, los de Skip James, T-Model Ford y Hound Dog Taylor, los de los huesos al sol y los amores de ultratumba. Y también, por qué no, los de la expresión del quejío andaluz de una forma alternativa. Sobran (o mejor dicho faltan) todos los halagos que se le puedan echar al grupo jiennense. No solo por su valentía, sino por el resultado y por el hecho incontestable de que hoy en día no hay nadie en este país que les pueda hace sombra en lo suyo. Aunque quizá el verdadero mérito está en que los demás no son capaces ni siquiera de alcanzar a definir qué es “lo suyo”.

En su ya tercer largo, Guadalupe Plata siguen tan desvergonzados y desbocados como en aquel primer EP de 2009 que dejó boquiabiertos a público y crítica. Partiendo de la premisa de que el grupo nunca ha pretendido llevar su música más hacia adelante sino más hacia lo profundo, este nuevo álbum cumple con todas las expectativas de quien sabe escuchar en Guadalupe el sentimiento profundo de un buen blues.

Este Guadalupe Plata (2015 ya) se vuelve por momentos más frágil y por momentos más sólido, pero siempre es igual de quejumbroso. La grata bienvenida de Tormenta (te puede bastar con ella) da buena cuenta de ello, con un clima más distendido al principio que poco a poco se va encaminando, con la guitarra rasposa y lastimera a la cabeza, a esa tormenta de la que habla la letra. La desquiciada voz de Pedro, templada como una guitarra o una percusión más, nos lleva una vez más por historias en las que el ritmo y la tensión entre los diferentes instrumentos es parte principal, en las que el silencio es el verdadero ruido y el caos es la única forma de encontrar una armonía.

Estas historias van desde la evocación de desierto y calaveras de Agua Turbia y El Paso Del Gato (con el ritmo constante del bajo y la batería enfrentado a la guitarra) o del ligero tintado andaluz de la impresionante Filo De Navaja hasta el ritmo lacerante y casi vudú de Calle 24 (¿quién sino ellos pueden enfrentarse a la mítica canción y salir con un temazo en el bolsillo?). Este tribalismo del que Guadalupe Plata nunca han sido ajenos se refuerza, rizando el rizo, en la genial Hoy Como Perro o en Serpientes Negras.

Se trata de un disco más sucinto de lo acostumbrado pero al que no le sobra absolutamente nada. Las nuevas canciones suenan más desarrolladas a la vez que siguen pareciendo surgir de un impulso improvisado. Quizá la única pega es la falta de más inmediatez en algunos cortes, aunque el hipnotismo que siempre crea el grupo, con ese temblor que poco a poco te hace mover todo el cuerpo, no deja lugar a prisas. Esta inmediatez sí está por ejemplo en Huele A Rata, quizá la más Guadalupe del lote y con el añadido de piano del delta que más que servir de apoyo sirve para desestabilizar la canción y aumentar el nivel de histerismo. A esta se unen otros temazos incontestables como Mecha Corta, con ese ritmo rockabilly entrecortado por la tensión de la letra, y Hueso De Gato Negro, el corte más largo y por momentos el más desquiciado.

La confesión sin redención de Tengo El Diablo En El Cuerpo cierra un disco denso en sus ambientes pero cortante en cada una de sus percusiones, solos de guitarra, líneas de bajo y alaridos. Por supuesto se crece con las escuchas, y al final solo cabe admitir que si no es el más completo de todos sus trabajos por lo menos está más que al nivel de los otros. Estos son Guadalupe Plata y estos van a ser. Aquí todo sabe a podrido pero extrañamente reconforta. Quizá es esa liberación de sus demonios que hacen, esa confesión, la que hace que los tuyos no parezcan tan malos y hace que su música sienta tan endiabladamente bien. O algo así. Tanto como si quieres redimirte como si no, la solución es la misma: dejarte llevar. Si no eres nuevo, este disco va a ser una nueva oportunidad para reafirmarte en tu alabanza a los jiennenses. Si eres nuevo es mejor que sepas donde te metes: no esperes encontrar cordura en el pantano. Solo ritmos y sentimientos primigenios.

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