Gone is Gone – Echolocation

Gone is Gone - Echolocation - Crazyminds.es

Nuestra puntuación

9

8

Normalmente los superproyectos han sido fuente de curiosidades y han abundado más los pelotazos que los bluffs. Prueba de ello es que, 25 años después del primer y único disco de Temple of The Dog o a los 22 del de Mad Season, seguimos teniéndolos como referencia de una época, una generación de músicos y de discos atemporales. Lo mismo ocurre con proyectos como A Perfect Circle, Audioslave o los coetáneos a Gone is Gone, Prophets of Rage o Giraffe Tongue Orchestra o, si nos retrotraemos más hacia el pasado con las carreras de supergrupos como Journey o Asia o Blind Faith, Derek & The Dominoes y tantos otros. La posibilidad de salirse de los corchetes estilísticos de las bandas en las que los grupos han desarrollado su carrera, unido al talento de la mayor parte de estos músicos, permite que se expandan los límites estilísticos del género del que provienen y se nos ofrezcan sonoridades, géneros y acercamientos diferentes a los ya mostrados anteriormente.

Echolocation es el primer LP de estos Gone is Gone, tras el EP de presentación que nos dejó un excelente sabor de boca. Este proyecto de músicos tan importantes como Troy Van Leeuwen de Queens of the Stone Age y A Perfect Circle, el compositor de bandas sonoras Mike Zarin, el miembro de At The Drive In, Tony Hajjar y el bajista y vocalista de Mastodon, Troy Sanders, nos demuestra que la unión de talento es una apuesta segura siempre y cuando se tenga seguro hacia donde tirar. Y Gone is Gone lo tienen clarísimo. Si ya su primer EP nos daba una indicación de hacia donde se dirigía el proyecto musicalmente con este Echolocation nos muestran el camino. Sin abandonar la instrumentación típica de un proyecto de metal alternativo, su intención es dar un nuevo paso en un estilo que, pese a lo que puedan decir voces no legitimadas, goza de una excelente salud y es, tal vez, uno de los más originales e innovadores de los últimos tiempos.

Echolocation se mueve básicamente entre cuatro coordenadas desde las que plantear una nueva expansión del género. Imaginemos a los Mastodon del Crack the Skye, a los A Perfect Circle de A Mer de Noms, a los Deftones de Gore y situémoslos ante la tesitura de grabar una banda sonora que sirva tanto para ambientar a la última película de Jodorowosky o que acompañe a las imágenes de La Cicatriz Interior de Philippe Garrel. En este entorno lo que vamos a encontrar no es un metal directo y contundente, sino un disco en el que predominan las texturas y los ambientes ,  en el que la contundencia y la fuerza, sirve para acentuar determinados pasajes más que como una demostración de “miradnos que duros somos”. Prueba de ello es un tema como Roads, donde sobre una base electrónica, una voz susurrada, casi como una psicofonía, intenta sacar la cabeza de las profundidades en las que el ambiente musical parece sumergirla. Poco a poco las guitarras y la batería van subiéndose al carro del tema hasta dotarlo de un empaque que, si no fuera por la batería, estaría más cerca de un tema de shoegaze electrónico que de metal, hasta acabar de la misma manera que empezó, con la voz sumergiéndose de nuevo en las espesuras. Así, prácticamente todo Echolocation se mueve en estas coordenadas.

Sentient, que inicia el disco, ya nos muestra lo importante que van a ser las texturas en este trabajo. Prima más una estrofa contenida con una guitarra suave y centrada en crear un ambiente y, hasta el puente, no encontramos los acordes abiertos que permiten que Troy Sanders grite de forma contenida y aguantada cuando llega al estribillo, en el que se libera la tensión hacia abajo, como en un momento postorgasmo, y no hacia arriba, como es habitual. Y, de nuevo ,el tema vuelve a empezar, con ese punteo hipnótico y la voz susurrante. Gift y Resurge son dos temas más directos pero que ahondan en el estilo de rock contenido de QOTSA, es decir prima más la melodía que la contundencia y, pese a que no son temas redondos, nos aportan la cantidad de la energía que un disco de 12 canciones necesita, hasta que Dublin nos devuelve a la calma contenida de expresión más etérea. Como la de Slow AwakeningOrnament en cambio, no desentonaría entre Palms y A Perfect Circle, con ese arpegio que recuerda a las partes medias de los temas de Deftones, que nunca acaba de explotar y con ese bajo y batería que marcan el peso del tema. Esta tónica se mantiene hasta que Fast Awakening nos devuelve a la parte más contundente, eso sí con una guitarra más centrada en crear una textura con el solo que en aportar notas por segundo. Tras este tema, Resolve, de corte acústico nos sirve como preámbulo a Echolocation, el corte que cierra el disco y que es el compendio de todo lo anterior. Un tema de seis minutos y medio, que nos lleva de viaje a través de lo propuesto en toda la totalidad del trabajo, buscando sonidos ambientales, guitarras texturizantes y una potencia contenida, que explota a través de melodías y arpegios de sonoridades oscuras más que en la clásica explosión de ruido y furia a la que estamos acostumbrados en los trabajos de los grupos madre de Gone is Gone.

Echolocation es un disco cuya primera escucha no es fácil, y al que debemos dedicarle tiempo y ganas. No porque sea malo, sino porque cada tema crece con cada escucha y nos permite descubrir nuevos matices en cada uno de ellos. Guitarras que se cuelan por debajo de una base electrónica, solos de guitarra que nos van a cambiar la emoción de un tema para que las bases electrónicas nos vuelvan a llevar a otros estados, baterías y bajos que aportan empaque y calidez que sirven para que los temas crezcan a partir de sus estructuras rítmicas. Gone is Gone han hecho un disco atemporal y al que iremos volviendo cada poco para disfrutar de cada nueva escucha.