FEIST – METALS

Entre tanto movimiento la música se ve, por extensión, afectada en cierto modo. Irremediablemente algunos artistas son arrastrados por esa especie de multinacional del comercio, la industria pura y dura.

Y, detrás de la barrera, un buen número de personas observamos. Atentos, ojopláticos. Con los oídos bien abiertos por si alguien decide caer en lo correcto. Quiero decir, en lo personal. Y seguir su instinto, quizá, hacia lo honesto. Lo no esperado.

Desde el muro infranqueable (muchas veces) de la facturación, nos llegan voces, melodías e incluso discos enteros y artistas que, en un generoso alarde sobre la verdad, nos regalan pequeños (en tamaño) fragmentos a través de los cuáles reflejan la realidad a su nivel.

Metals (Interscope, 2011) es el último trabajo de la canadiense de los huevos de oro. Leslie Feist alcanzó el clímax con su segundo trabajo The Reminder (2007), catapultada al éxito repentino con temas como 1,2,3,4 o Mushaboom (Let it Die, 2004), la cantautora de Nueva Escocia, que también participara en el proyecto Social Broken Scene, decide, sabiamente, salir del laberinto pegote de haberse convertido en una “musa” del indie para rehacer el camino y dejar claras las intenciones.

Eso bien, lo sabemos ahora, después de escuchar Metals varias veces y hacer introspección para intervenir estos doce nuevos temas.

Entre los verdaderos interventores habituales nos suenan, como no, los nombres de Gonzales (a quien Feist conoce de sus andanzas con Peaches allá por el 99) y Mocky. En compañía, a terceros, grabaron hace unos meses, en el Big Sur – CA., lo que hoy nos ocupa.

Definitivamente no es lo que hasta ahora quedaba definido. No es un disco para bailotear, bajo el gusto imperdonable, claro. No es un disco de eco. Es un trabajo hacia adentro. Si de algo sirve viajar liviano es para recoger aportaciones concretas de cada lugar. Y transformarlas en parte de uno mismo. Pues bien, parece que Feist desarrolla otra de sus habilidades ocultas dispuesta a hacer las delicias de los oídos exigentes. Más allá de lo que ya tuvimos tiempo de juzgar.

No todos los autores tienen el potencial, ni la fórmula, para arrastrar suavemente a alguien hacia un paisaje claramente distintivo, una montaña tallada en madera. Con la sutileza vocal, marca de la casa, y la fuerza instrumental de Metals.

Naturaleza en estado puro que suena en cortes como: Graveyard, Caught a Long Wind, Comfort Me, Bittersweet Melodies o Anti-Pioneer. El crecimiento, los golpes, las líneas de voz, la percusión y las instrumentales de cuerda marcadas, delicadas, conmovedoras, simulan una impresión de lugares distintos donde cualquiera de nosotros desearía perderse. Para no volver.

Joyas secundadas por sonidos algo más cercanos a lo que conocíamos, manteniendo las distancias: How come you never go there, A Commotion (rompiendo con un coro de voces masculinas de contraste) o el tema que abre el trabajo The Band in Each Other.

Crecen temas como Undiscovered First o Get it Wrong, Get it Right entre llamaradas de piano y pedacitos de conciencia escritos en papel. A la antigua usanza.

El intimismo destroza todo resquicio de Feist que más de uno llego a tomar por absoluto y nos redescubre un universo de cercanía y proyecciones salvajes. Para escuchar en breve compañía y hacer el correspondiente ejercicio de silencio, dispuestos a ser devorados por este reencuentro con la sinuosa voz de la cantautora que, desde luego, es sin duda uno de los aspectos más firmes de tener algo así entre manos.

Un trabajo de sensaciones no puede ser descrito de otra manera: sensacional.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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