FABIÁN – LA FE REMOTA

FABIÁN - LA FE REMOTA

Conexiones inesperadas. El mismo día que escuché el nuevo disco de Fabián, terminaba de leer El Reino, el último libro del escritor francés Emmanuel Carrère: “Es extraño, si te paras a pensarlo, que personas normales, inteligentes, puedan creer en algo tan insensato como la religión cristiana, algo del mismo género que la mitología griega o los cuentos de hadas. En los tiempos antiguos, se puede entender: la gente era crédula, la ciencia no existía. ¡Pero hoy!”.

Curiosamente, y como si hubiera espiado a Carrère, Fabián también reflexiona sobre algo parecido en la hoja promocional de su nuevo trabajo: “No soy una persona religiosa, ni mucho menos. Sin embargo, siento cierta envidia al comprobar que algunos de mis amigos encuentran consuelo en determinadas creencias y me gustaría, al menos de vez en cuando, disfrutar de la misma paz que proporcionan esos credos, esas certezas”.

Una coincidencia sorprendente. En las antípodas en todos los sentidos, ambos situaban a la fe en el centro de sus obras. En un mundo descreído, la fe parece una anomalía, pero a la vez algo llamativo, algo valioso, tanto para un escritor parisino, bohemio y algo soberbio, como para un cantautor leonés con tendencia a la melancolía y el romanticismo. Cabe preguntarse por tanto, ¿ha dado un giro Fabián a su carrera hacia temas más trascendentales y místicos? Y más allá, ¿hemos perdido al músico que deslumbró con Después del incendio… y La brisa leve…?

La primera clave puede ser el single Sálvalo, que llama la atención por su tono épico y osado al estilo de Nacho Vegas (inevitable pensar en el Ezequiel de su crepuscular Maldición). “Hay abismos que se salvan teniendo fe en algo trivial, en algo banal, en algo pequeño y sencillo”, canta Fabián en un tema ambicioso, de sonido tenso y vibrante, pero que también supone una pequeña singularidad en un disco que, por fortuna para los fans, no se aleja tanto como parece de sus trabajos anteriores.

Los modelos son los ya conocidos. El dulce vaivén pop de Turista remite al Josh Rouse más relajado y abstraído, capaz de cantar sin remordimientos ni afectación que, desde un sentido práctico, tampoco es tan dramático perder. La reivindicación de la derrota también caracteriza Herida y cicatriz, de sonido puramente folkie y que sin duda agradaría a Quique González. Ésta y la plácida La inmensidad figuran entre lo más sobresaliente de un disco que pone de manifiesto una vez más la destreza que tiene Fabián para delinear melodías brillantes.

También hay espacio para un poco de nervio eléctrico en Gorriones y Premio y castigo, cuyo riff podría recordar al rock de Lapido. Más sorprendente, y casi una debilidad mía, es He quedado con los chicos, de sonido naif y apariencia inofensiva gracias a un piano muy inocente. Niños que juegan con la pelota, que no quieren saber nada de las chicas, pero que ya perciben cómo el amor, ese desconocido, les está “amenazando”, componen una de las historias más redondas de La fe remota.

“Veo pasar el huracán desde el cobertizo”, suena en la vitalista y final Los relámpagos y parece claro que Fabián continúa por la autovía definida de su estilo, aunque en este disco enseñe algunas vías de escape. Sus reflexiones sobre las creencias o la derrota, que podían sorprender en un inicio, parecen enmarcadas en un contexto de inseguridad, de falta de certezas y asideros ante una realidad incierta e inestable (un punto coincidente con los conflictos de Carrère). Finalmente La fe remota arroja un resultado positivo y coherente, de paso adelante pero sin perder la esencia, así que todos tranquilos: conservar la fe en las canciones de Fabián no nos resultará nada complicado.

 

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PUNTUACIÓN CRAZYMINDS

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