ED HARCOURT – TIME OF DUST

ED HARCOURT - TIME OF DUST

Time of Dust sería el disco que Lord Byron hubiese compuesto si el britpop hubiese eclosionado a principios del siglo XIX, y el autor de Manfredo hubiese emprendido una carrera en solitario tras romper con la banda que había formado con los Shelley y el excéntrico Pollidori.

Bueno, quizá exagero un poco, ya que Lord Byron habría firmado una carrera más ególatra y excesiva que, qué se yo, Axl Rose, pero la comparación viene a cuento, britpop aparte, por el aire melancólico que rezuma Time of Dust. Pasión, estilo y lírica forman la paleta de un lienzo casi tan impresionante como El caminante sobre el mar de nubes, de Friedrich. Una forma de entender el romanticismo alejada de los clichés y el amaneramiento por el que se acostumbra a entender, y que tantos (lamentables) ejemplos hemos sufrido durante toda la vida. Así que olvidaos de imposturas crooner o shoegazing, de palabras huecas y escarceos de instituto. Harcourt despliega talento y sensibilidad (y unas gotas de autocomplacencia nada desdeñables) para destilar la esencia del romanticismo. Música del siglo XXI con aires decimonónicos pero sin naftalina.

El pórtico de entrada de esta nueva (y breve; apenas media -e intensa- hora) referencia discográfica del de Sussex, octavo álbum de estudio, marca el ambiente, y en parte el tono, de la obra. Come Into My Dreamland es una delicada pieza de piano, de arreglos prístinos, repleta de imágenes inquietantes y funestas: una invitación para dejar atrás a familia, amigos y un mundo cruel, y aguantar junto al protagonista el peso de la mano muerta. ¿Una oda al suicidio? ¿El peso del pasado? ¿El enfermizo encanto de la decadencia? No, aquí no se distingue ninguna afectación, ningún pasaje fácilmente identificable que remita a la falsa imagen del romanticismo.

En cualquier caso, Come Into My Dreamland deviene una apertura cercana al escalofrío que da paso a un himno à la Elbow. In My Time of Dust es una melancólica transición de la oscuridad a la luz, con la esperanza como eje central, y que modera la gravedad (aquí nadie tiene pinta de morir) aunque no la sobriedad ni la ambición. Épica contenida, melodía pop sin edulcorar, una canción hermosa en su sobriedad, allá donde cualquier otro hubiese abusado de instrumentación.

A renglón seguido, The Saddest Orchestra nos devuelve al intimismo y la melancolía. Orquestas levemente desafinadas, amor imposible, suciedad… El piano vuelve a recuperar el protagonismo en este lamento hasta que la orquesta estalla en lánguidas campanas.

We All Went Down With The Ship toma el relevo, radiante, pletórica y rabiosa: una alegoría sobre el seguidismo y la renuncia a la responsabilidad ambientada en la guerra de los bóers. La orquestación suena brillante, como sonará al final de Parliament of Rooks, otra de las joyas que parte de una balada para acabar, en un majestuoso crescendo, cuyo grandioso final parece imposible de superar

Hasta que uno va a dar con Love Is A Minor Key y reconoce que lo imposible, a veces, sucede. Una canción que suena a clásico nada más atacar los primeros compases, que tiene ese sabor de la artesanía y la filigrana, de la armonía precisa, milimétrica y orgánica, donde todo suma y nada sobra. Un final optimista y voluptuoso que parece querer dar una definición adicional a la palabra belleza.

Ed Harcourt nos brinda con este Time of Dust un disco más maduro y compacto, que desiste en abarcar un espectro más amplio para concretar la propuesta, haciendo bueno el refrán de lo bueno, si breve. Una exquisitez.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8,5/10

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