Dinero – Cero

Nuestra puntuación

8

7

Dinero vuelve a empezar de Cero, en su cuarto álbum, Sean Marholm (cantante) y Ekain Elorza (batería) siguen al frente de la formación, que se completa ahora con Juan Sánchez (guitarra) y Alain Martínez (bajo). Con Cero, abren las puertas a otras corrientes sonoras que muestran una evolución en su sonido. Mayor calidad de producción que en este nuevo disco ha corrido a cargo del propio Sean Marholm y también de Charlie Bautista (Egon Soda, The Sunday Drivers, Russian Red, Christina Rosenvinge) en los estudios Subsonic y el Estudio 1 de Ritmo y Compás. 

Renovados vuelven con un álbum en el que la contundencia y el eclecticismo que siempre han caracterizado su propuesta se mantienen dentro de la búsqueda continua de nuevos sonidos, con grandes detalles y multitud de capas, aunque siempre más cerca del rock duro que del indie. El primer single, Bajo Cero, representa fielmente todo eso, una melodía que va de menos a más, con un comienzo electrónico y atmosférico que nos despista, porque poco a poco va acelerando y cuando aparecen ‘asalvajadas’ las guitarras la canción se ‘desboca’ totalmente, un enorme tema de rock del duro, incendiario a pesar del gélido título. Otras canciones en clave de power-pop se hacen más bailables, como Mata Hari (el segundo single) una “musa cruel” pero un éxito rotundo, un tema que como dice su letra, es ” Dulce veneno de pulso creciente”. Y cada vez que la escucho “Caigo de nuevo en sus redes”. El tercer single, Una Noche Más, con toda seguridad, es uno de los temas más pegadizos de Cero. No podían faltar los medios tiempos sólidos y contundentes, esos tan rockeros, como Jaque mate. 

El nombre del disco es un guiño a sus letras, que hablan de renovación y superación, de volver a empezar de cero. De hecho, así da la bienvenida el álbum, con Año Cero, otra de las canciones introducidas por efectos de sintetizador y que van creando misticismo. Ese es el caso también de Monstruos y Alimañas, un tema para firmar la paz con los fantasmas del pasado. Y así el álbum va llegando a su final cada vez más melódico, a través de canciones como Tan Real, Armas sin Filo y El Día del Cambio. El alargamiento de las entonaciones vocales, una mayor suavidad a las guitarras y unos brillantes sintetizadores van transformando el sonido tema tras tema. Hasta llegar a la luminosidad total de Omega, un viaje espacial (intercomunicaciones incluidas) para despedir el álbum de manera muy épica.

Dinero demuestran una madurez creativa y un auténtico carácter rockero. Con Cero nos ofrecen rock de alta tensión pero con exquisitos matices, llegan con muchas canciones nacidas para revolucionar conciertos y festivales. Así lo presentan ellos: “Se podría resumir en el perfecto maridaje de la épica de los mejores The Killers junto con la majestuosidad guitarrera de Foo Fighters“. Y yo no encuentro motivo para discutir esa definición. Simplemente añadir que han logrado aportar una evolución y una frescura tan complicadas de conseguir, como necesarias para el rock duro, un género muy clásico, en ocasiones falto de renovación. Dinero ha empezado de Cero para dar un paso adelante.