DELTA SPIRIT – DELTA SPIRIT

Desde que Wilco asestó el golpe de gracia al llamado alternative-country son muchos los que han hecho las maletas en busca de territorios más soleados. Les ocurrió hace poco a los Felice Brothers. También a Dr. Dog. Incluso a The Decemberists (a pesar de su último giro de vuelta a las raíces). Delta Spirit, quinteto de San Diego, han sido los últimos en unirse a este particular desfile. Tras rozar el sobresaliente en History From Below, el manido terreno de la roots music se ponía cuesta arriba para estos californianos. La solución pasaba por reinventarse o caer en el cliché.

Ni una cosa ni la otra. En su tercer álbum, de nombre homónimo, encontramos los retazos bluegrass (Empty House), los estribillos pegazidos (Tear It Up) y hasta las baladas melosas (Home) que habían marcado buena parte de sus anteriores trabajos. Todo está aquí, listo para ser escuchado como si se tratara de un nuevo intento por parte de Matt Vasquez y los suyos de volver a dar en la misma diana. Sin embargo, lejos de permanecer en las tinieblas de temas como Salt In The Wound o Devil’s Know The Dead, se lanzan al pop grandilocuente, al rock de estadio, a la producción de trazos gruesos.

En el camino se dejan su lado más sucio y destartalado (parece que el hecho de compartir experiencias con John McCauley de Deer Tick no ha hecho mella en Vasquez). También el más épico y resultón (ni rastro de algo parecido a Ballad Of Vitality). Las fuerzas de Delta Spirit se centran ahora en fabricar canciones redondas, hits. Un intento del que salen airosos en la primera mitad del disco, pero que terminan lamentando en la parte final.

Me explico. Money Saves es R&B frenético, macarra, pero patoso en las formas. Time Bomb e Into The Darkness se antojan demasiado dulces. Y Otherside bien podría haber acabado en el terreno de los descartes. Por suerte, ahí está la calidez de Home o el nervio rock de Idaho, a la que se suman California y Tear It Up, dos golpes brillantes, listos para triunfar tanto en la radio como sobre un escenario.

El conjunto, aunque irregular, termina mostrando a las claras la intención de Delta Spirit. El hecho de que hayan bautizado este tercer trabajo con el nombre de la formación no deja lugar a dudas. Esto es lo que siempre quisieron hacer. Demasiado encorsetados en la etiqueta de la Americana music les ha bastado un lustro para dejar de lado su herencia más campestre y polvorienta. Por desgracia, también el alma y el soul, la intimidad del folk. Ahora se lanzan a la gran autopista del indie-rock. Habrá que esperar para ver como se desenvuelven en las aguas turbulentas de la música con mayúsculas. De momento, se han quedado a medias.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10