DEERHOOF – BREAKUP SONG

Caóticos, experimentales, estrafalarios… éstos y otros adjetivos igual de chulos son los que, con tanto empeño, se han labrado Deerhoof durante toda su carrera. Y ya son años.

Breakup song es el título de la última bofetada sonora en formato express (apenas media horilla dura) que nos despacha la prolífica banda de San Francisco a través del sello ATP Recordings. Un disco descrito por ellos mismos como “Música de fiesta enérgica y ruidosa”.

Ya en el primer corte, que da título al álbum, Deerhoof nos presentan lo que nos van a servir durante toda la duración del disco: un combo de baterías saturadas y guitarras hasta las manillas de fuzz junto a la voz naif de Satomi Matsuzaki que le da ese toque entre infantil y paranoide que tanto gusta en su Japón natal. Ya sabéis, ataques epilépticos y todo eso.

Si hay una cosa en la que Deerhoof son maestros es en jugar al despiste y “regatear” al oyente. Prueba de ello es el segundo tema There’s that grin: cuando el oído se acomoda al flow bailongo de los primeros compases los de San Francisco de dan un giro a la canción y cambian completamente de tercio. La verdad es que personalmente me quito el sombrero por que no es nada fácil pegar estos “tajos” tan a lo bestia durante once temas sin que uno tenga que echar mano del paracetamol o sin abandonar el barco antes de tiempo.

El disco sigue rayando a un muy buen nivel en los siguientes temas, la batucada frenética Bad kids to the front da mucho pánico y en Zero seconds pause funciona a la perfección el contraste del bajo mugriento con ese luminoso sinte noventero.

Después del aluvión de los primeros cuatro temas llega la calma, y no parece que les siente demasiado bien. En la parte central del disco Deerhoof suenan menos inspirados y algo romos. En piezas como Mothball the fleet o The trouble with Candyhands parece que a la banda se le hace un poco cuesta arriba adaptarse a los clásicos tres minutos o al canon de estrofa-estribillo (a lo que podríamos considerar como una canción “normal” vamos), en especial a Matsusaki que da síntomas de apatía cuando, debido a la estructura de la canción, el peso de esta debería recaer sobre la voz.

Por suerte, tras este breve receso, Deerhooof vuelven al ataque con temas más animados como Mario’s flaming whiskers III, con final housero incluído (¡toma ya!) o la rockera We do parties, ideal para menearse al son de las ráfagas de esa guitarra cruda y distorsionada que lleva siendo igual de efectiva desde tiempos de los Kinks.

El disco se despide con Fete d’adieu, evidente título para una canción de cierre. La melodía amable del que posiblemente sea el tema más accesible del disco realmente suena a último baile de este particular guateque.

En definitiva un disco hecho para divertir, y una banda a la que aplaudir. Deerhoof, haciendo lo que les da la gana desde 1994.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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