CLOUD NOTHINGS – LIFE WITHOUT SOUND

Nuestra puntuación

7

8

Este 27 de enero nos llega el cuarto álbum (quinto contando Turning On) de Cloud Nothings, la banda creada hace ya ocho años por Dylan Baldi. A pesar de ello este Life Without Sound se siente como el tercero desde el punto de vista evolutivo, pues no fue hasta Attack On Memory (2012) cuando los de Cleveland dieron “el do de pecho”. Con una nueva formación en la que vuelven a tener dos guitarras, Cloud Nothings pasan un poco del post hardcore y el punk más fiero de sus anteriores trabajos, acercándose más a un sonido pop punk y de ascendencia power pop.

Tanto en Attack On Memory como en Here and Nowhere Else, Baldi retrató con concisión y acierto sus angustias existenciales, sus inquietudes rutinarias y su acceso a la madurez. Tras esta dinámica tan bien amoldada a su ruidoso y sucio sonido, parecía complicado representar con mayor calma y menos urgencia un estado más tranquilo y consciente (igualmente desangelado); y efectivamente lo ha sido. Life Without Sound es un álbum realmente maduro y serio, pero, aunque no pierde la inmediatez de los Cloud Nothings, sí que se deja por el camino un poco de su trascendencia. Los riffs y os giros siguen siendo atractivos y divertidos, pero su capacidad para quedársele a uno grabado se ve por lo general reducida. Salvo en el caso de algunos de los cortes que conforman el largo, como el fantástico single Modern Act, una de las canciones más pop y luminosas que han firmado los estadounidenses.

Para esta ocasión Dylan Baldi ha dejado de lado sus pensamientos más oscuros, o no les ha dado tanta relevancia, trayéndonos un disco más sentimental. Uno en el que lo que nos mueven son más las pasiones buenas que las malas, en el que el vocalista reclama amor, reclama seguir en paz con su vida, y lo hace sin aullar con desesperación, con mayor gentileza (aunque sigue habiendo momentos de violencia). Prueba de ello es por ejemplo Up To The Surface, que abre con un piano tan sencillo y melodioso que uno parece haberse equivocado de disco. Así es incluso cuando entra Baldi, y el corte se acerca más a las raíces de Green Day (para bien) que a las que pudieran mostrar anteriormente, nunca cerrándose en un clímax ruidoso y asfixiante.

Eso es este Life Without Sound, un disco que a pesar de mostrar de nuevo las entrañas de Baldi de manera fehaciente, esta vez se abre hacia afuera, con una pretensión de llegar y hacer disfrutar de forma mucho más constructiva. A las ya destacadas y coloridas Up To The Surface y Modern Act se une Enter Entirely y su genial estribillo. Es otra canción de una sencillez pasmosa, en la segunda estrofa se puede escuchar hasta una guitarra acústica (o limpia) y tiene un riff de lo más amable. Otra cosa a la que no invita este álbum en comparación con sus predecesores es al pogo. A pesar de estar bien secundado por una batería agitada y con grandes giros rítmicos, desde luego no va a exigir al público el mismo aplomo y el mismo reparto de palos que hacían falta en sus dos anteriores giras (lo asegura un asistente). Pero esto no quita que vaya a haber movimiento, pues el largo está repleto de energía y tiene movimientos vibrantes, simplemente en esta ocasión nos menea de forma más desenfadada.

Es importante no confundir esta suavización con relajación, pero tampoco hay que dejar de tener en cuenta que Cloud Nothings no suenan ni tan concisos, ni tan acertados, ni tan relevantes como en sus dos anteriores largos. Life Without Sound no es un descrédito ni mucho menos en su carrera, es un gran álbum que muestra como la banda de Baldi sigue avanzando y cambiando su forma con suavidad, con inteligencia. Igualmente es; de seguro, el peor trabajo de la trilogía de la banda desde que Baldi empezó a grabar en estudio.