Bully – Losing

Nuestra puntuación

7

8

Hace un par de años Bully, comandados por la desgarrada voz de Alicia Bognanno, editaban junto a Columbia Records su aclamado debut Feels Like. Viniendo de Nahville, tierra más acostumbrada a la música country, sorprendía su frenético punk repleto de melodías pegadizas con un cierto deje grunge y noise. Con tales registros era inevitable que el sello por excelencia del grunge, Sub Pop, los firmara en algún momento. De este modo, con la cuna de Nirvana detrás, han lanzado este octubre su reválida, que sirve para consolidar su sonido. No esperen nada nuevo, simplemente déjense llevar por el jovial, punzante y directo repertorio del que se compone Losing.

Cero arreglos sintéticos en la propuesta del cuarteto, dejando claro su camino, enmarcado claramente a las guitarras violentas y distorsionadas, combinándolas con riffs coreables y de lo más rítmicos. Destacan, además de Bognanno, otros dos componentes del grupo; tanto el bajo, cercano al stoner, de Reece Lazarus, como la divertida y precisa percusión del baterista Stewart Copeland (no, no es el de The Police).

Momentos de rabia, en los que dan ganas de ponerse a chillar a la par que lo hace Bognanno, se entrelazan con pequeñas jam instrumentales, en las que las guitarras muerden sin cesar. Efervescentes pildorazos con unas letras de protesta contra el momento social y político, pero también biográficas, en las que Bognanno se hace notar poniendo mucha garra y sentimiento.

El disco comienza con el vibrante primer adelanto, la impoluta y enérgica Feel The Same. Pura adrenalina para comenzar a sumergirse en la media hora larga e incesante que dura la referencia. Muestran la dejadez típica del grunge en la ruidosa Kills To Be Resistant, justo antes de adentrarse en campos más oscuros con Running, donde Bognanno enseña también su registro vocal más dulce, demostrando sus dotes como cantante; a la par que se desgañita, haciendo gala de su versión más riot girl.

Si algo se le puede reprochar a la pujante formación es la poca experimentación del contenido. En una época en que parece complicado no buscar nuevos horizontes, Bully repiten una y otra vez, con acierto, los mismos elementos. Algo que, por momentos, puede llegar a llevar al oyente a pensar que se trata del mismo tema constantemente. Aun así, es difícil no engancharse a la poderosa intensidad que desprenden los estadounidenses, dejando momentos de épica distorsión guitarrera (Seeing It), rompedores punteos repletos de ritmo (Blame) o atrapándote en sus descaradas melodías (Spiral). Canciones con las que es inevitable que no se te escape una sonrisilla tonta.

Entre el repertorio sobresalen además Focused, dónde muestran un tono mucho más pausado diferenciándose del resto del tracklist; Either Way, la joyita del disco con un ritmo vertiginoso; y Hate And Control, que cierra el álbum con una explosiva combustión desértica. Por todo esto, sumado a su fichaje por Sub Pop, Bully ponen la directa y no deberían tener problemas para consolidarse en la escena guitarrera internacional.