BROADCAST – BERBERIAN SOUND STUDIO

La primera vez que escuché este disco me pareció imposible que fuera obra de la misma banda que en su día publicara álbumes tan extraordinarios como Haha Sound o el impresionante The Sound Made by People. Como en las series de sobremesa de Antena 3, todo parecido con la realidad era pura coincidencia, ya que no tenía nada que ver con lo que acostumbraban a publicar ni, por supuesto, con lo que me esperaba en un primer momento. El cambio fue radical, ¿para bien? Lamento decir que en absoluto.

 

Los dos integrantes que quedaron del Broadcast de los primeros tiempos, Trish Keenan y James Cargill, estuvieron trabajando en esta banda sonora hasta que la primera murió de neumonía en 2011, antes de concluir el disco, por lo que James se vio obligado a terminarlo con grabaciones previas de la voz de la cantante.

 

Algunos de los temas en este Berberian Sound Studio, el quinto trabajo sin contar las dos compilaciones, guardan una ligerísima similitud con aquellos sonidos retro tan personales y enigmáticos con toques de psicodelia que recuerdan a las mejores canciones de Lee Hazlewood y Nancy Sinatra (especialmente la soterrada Some Velvet Morning) que se mezclaban con unos tenues toques de indie electrónicos que me cautivaron desde el mismísimo momento en que los oí, porque lo mío con Broadcast fue amor a primera escucha.

 

A pesar de tratarse de la banda sonora para una cinta de terror homónima de carácter independiente sobre un ingeniero de sonido que se vuelve loco mientras trabaja en una película de miedo, los cortes decepcionan bastante. Tan solo The Equestrian Vortex, The North Down Dimension y su réplica The Gallops recuerdan lo que antaño fue este gran grupo. El resto de temas, plagados de repeticiones; el tan manido órgano de Treatise o de Burnt at the Stake, al que se recurre en todas y cada una de las películas de este género para recrear un ambiente tétrico; las incomprensibles y carentes de todo fuste Saducismus Trimphatus y A Goblin; los gritos enloquecidos de algunas canciones (por así llamarlas) como Mark of the Devil o The Fifth Claw; los monólogos susurrados en italiano de temas como Malleus Maleficarum, Monica’s Burial, They’re Here, They’reUnder Us, o Poultry in Mind; las estridencias casi insoportables de Found Scaled, Found Drowned; y la falta de protagonismo de la voz de Trish Keenan hacen de éste un disco decepcionante.

 

Hasta el momento, la evolución de este grupo, que ha cambiado de alineación en varias ocasiones, había continuado una progresión homogénea donde se había mantenido en unas más que aceptables altas cotas en lo que a calidad se refiere. Sin embargo, este álbum se sale de todo lo hasta ahora conocido. Como despedida, me apena enormemente decir que este trabajo supone una mancha en su expediente y deja un amargo sabor a derrota. Sin embargo, siempre podremos seguir disfrutando de su anterior legado. Trish y los suyos han hecho, hasta el momento, un espectacular trabajo, quedémonos con eso.