BRIGHT EYES – THE PEOPLE’S KEY

BRIGHY EYES - THE PEOPLE'S KEYEn algún momento de nuestra vida, todo el mundo ha escuchado una frase, propia de manual de autoayuda, aunque no por ello menos falta de razón: nunca juzgues a los demás por la primera impresión (y ahora se nos pasará a todos por la cabeza esas historias de “la primera vez que te conocí me pareciste muy [email protected], y a día de hoy, ¡he confirmado mis sospechas!”. Ay, las amistades…). Como consejo para las relaciones personales está muy bien. Como consejo para las “relaciones musicales”, ya no tanto. Explicación: cuando tú pones un disco por primera vez, normalmente hay tres o cuatro canciones que te enganchan, en mayor o menor medida, pero que han sobresalido por encima de las demás. Si esto no pasa, alerta, porque hay un 95% de posibilidades de que nos encontremos ante un cd que no tiene gran cosa que ofrecer.

Alguno pensaréis que es un planteamiento un tanto radical, y que hay discos que van cogiendo forma a medida que les das nuevas oportunidades. Es verdad, hay discos que cogen cuerpo tras unas cuantas escuchas. Pero ese cuerpo nace a raíz de un esqueleto construido a base de varios temas con los que conectas desde el primer instante, aún sin estar prestando mucha atención a lo que estás escuchando. No significa que sean las mejores canciones del disco, pero te han gustado a la primera, no a fuerza de machacar hasta el extremo cada canción.

La cosa ya se convierte en algo realmente preocupante cuando esto pasa, no con una banda debutante, ni con un grupo calificado como “regular”, sino con alguien como Bright Eyes, que lleva desde el 94 dando guerra y consiguiendo críticas muy positivas con su trabajo, y que en su nuevo largo, The People’s Key, se pega un castañazo con todas las de la ley.

En el disco, compuesto de 10 canciones, la sorpresa y la innovación brillan por su ausencia: es un disco plano, sin grandes temas para la posteridad y que suena demasiado a tradicional. ¿Esto quiere decir que el disco es malo? Pues en realidad no, porque las canciones no provocan rechazo en ningún momento (excepto ese terrible inicio de Firewall, que dan ganas de pasar la canción con sólo escuchar las primeras palabras), pero es que no destacan, no tienen brillo, no atrapan. De primeras, el álbum te deja con un sabor a indiferencia absoluto. Y en este punto, uno se debe preguntar si merece la pena darle otra oportunidad a una obra así y, frente a un tipo como Conor Oberst, es difícil decir que no. Le damos de nuevo al play.

Ahora las cosas parecen tener otro color. En esta segunda toma de contacto, el chip cambia y ya prestas mayor atención a las canciones una a una, porque a veces cuesta reconocer que un disco no pueda tener nada destacable. Y aquí ya es cuando te llevas una mejor impresión de The People’s Key. Shell Games y Jejune Stars parece tener algo más de gracia, Triple Spiral suena a canción para llevar siempre en el reproductor de música y la melancolía que destila Ladder Song llega a emocionar. El resto de las canciones suenan a relleno. La rabia es que la mejor canción, One For You, One For Me, sea la última de un largo que, aunque agradable de escuchar, no ofrece gran cosa, y que huele a disco que pasará sin pena ni gloria por las manos de todo el mundo.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 5.5 / 10

Escrito por
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