BOURBON – FANGO

Si partimos de la premisa de que un hombre sin pasado no tiene futuro, Bourbon no debería preocuparse por su carrera discográfica. En este mundo posmoderno tan obsesionado con la tecnología, los avances y la vanguardia, la música a veces se deja contagiar más de lo deseable y, con la coartada de la creatividad y la saludable búsqueda de la originalidad, acaba estrellándose en ejercicios gélidos y sintéticos. No es el caso, afortunadamente, de la banda gaditana que nos ocupa. En 2010 mostró las fauces con un EP muy interesante llamado Dónde Te Escondes Hermano, pero no fue hasta el año que acabamos de dejar atrás cuando nuestro país recibió la poderosa y necesaria dentellada. Las virtudes, la pasión, el bagaje y la memoria histórica han quedado confirmados. Si alguien está cansado de la oquedad de la mucha música intrascendente que difunden nuestros medios y anhela un LP que exude rock and roll clásico, que concilie influencias y homenajes con personalidad, que emocione, que penetre, que palpite, aquí tiene uno. Se llama Fango. Su título no es gratuito. Una vez que te expones a él con un mínimo de atención, es difícil sacudírtelo de la piel.

Un acercamiento superficial a este grupo provocará la tentación al oyente más perezoso o saturado de colgarles la etiqueta de enésima emulación de Black Sabbath, y aunque algo de eso hay, el reduccionismo se antoja absurdo. Los riffs y las atmósferas opresivas características de Tony Iommi marcan este álbum, como a tantos otros, pero la banda liderada por Raúl Guerrero tira de espejo retrovisor y presume de juego de piernas aportando otros matices, evidentes pero quizá no tan fácilmente detectables, más ajenos al tópico. Así, el aroma sureño y pantanoso y los virtuosos desarrollos de guitarra de Lynyrd Skynyrd o Allman Brothers sobrevuelan el paisaje. También, remontándonos un poco menos en el túnel del tiempo, pueden encontrarse ramalazos dramáticos y pasajes oscuros que evocan a Alice In Chains. Con estas directrices tal vez se plantee otra tentación, algo más justa y fiel que la anterior, y es bautizar a Bourbon como los Raging Slab españoles. Y nos aproximaríamos a la esencia. Pero aún queda trecho.

Porque, en última instancia, Bourbon no se limita a combinar ingredientes ajenos. Toman nota y quizá no inventen nada, pero también despliegan afán por trascender al homenaje, por imprimir carácter y frescura, por terminar imponiendo un sello y una voz. Suenan a todas las bandas apuntadas, pero, en última instancia, suenan a Bourbon. Ese recorrido, ese arreón final es lo que les distingue, lo que les convierte en banda a valorar y proteger. Y sus mejores argumentos, como debe ser, los ofrecen en forma de canciones. Casi todas con empaque, robustas y llenas de imaginación. Muy tendentes, en lo que es uno de sus principales aciertos, a alejarse de esquemas previsibles. No suenan tópicas y esquemáticas, a estos temas les encanta driblar, sorprender, romper cinturas. Y, sin duda, están extraordinariamente producidas. Hay trallazos de rock directo y pujante como La Charca Del Diablo, El Inquilino o El Día De La Redención, todas certeras y contagiosas. También son capaces de desplegar delicadeza y lirismo en el instrumental corte homónimo o en el quejumbroso tema final, No Llegarás.

Pero es sin duda en los medios tiempos, en las apuestas más complejas y elaboradas, donde Fango alcanza su mayor vuelo. En exquisiteces como Johnny Ha Vuelto Al Barrio, Algo Me Dice Que No o Por Si Vuelves. O, especialmente, en Solo, la canción más imponente y memorable del álbum, la que concentra todas las virtudes de Bourbon con absoluta precisión. Arranca con el toque creativo de la flauta de Pedro Seco. Prosigue con los certeros baquetazos de Álvaro Guerrero, una inquietante línea de bajo dibujada por Juanma Gonzálvez y un riff depresivo acompañando los lamentos de Raúl, el vocalista. Un brillante solo, mediado el metraje, eleva y sublima la composición hasta el disloque final, donde la banda se desboca y asoma otro de los grandes atributos de la formación, sus fascinantes duelos de guitarras a cargo de Vicente Gonzálvez y el propio cantante. Un absoluto recital. Una de las canciones más impactantes que vieron la luz en 2013. E incluso en temas de perfil más bajo como El Condenado pueden encontrarse momentos más que disfrutables. Fango, un disco muy esmerado, prolijo en detalles, que crece a cada escucha. Un disco condenado. A sobrevivir.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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