BLACK MOUNTAIN – IV

Black Mountain IV- Crazyminds.es

Nuestra puntuación

9

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS

El quinto trabajo de los de Vancouver (si tenemos en cuenta la banda sonora de Year Zero) nos devuelve a la banda más kraut y psych y menos rockera y stoner. Una rémora que parecen haberse sacudido ya, a raíz de la mencionada banda sonora, y que los permite evolucionar hacia unos ambientes y unas atmósferas de retrofuturismo asimilándolos a unos Zombi con guitarras o a unos Eloy en los que estuviese Florian de Kraftwerk. La portada misma ya indica, con sus referencias a las de Hypgnosis para Pink Floyd, y a los elementos retrofuturistas, las coordenadas en las que nos vamos a mover

Seguramente, las hordas de fans más indies, los comparen más con Spacemen 3 por aquello del toque lisérgico y psicoactivo, pero no se engañen, Black Mountain tienen más de Monster Magnet o Hawkwind que de la psicodelia indie imbuida en ácidos discotequeros. Pese a que la presencia omnipresente y al mismo nivel que las guitarras de los sintetizadores analógicos pueda parecer que el punto rockero ha desaparecido, las estructuras siguen siendo blueseras, del mismo modo que Pink Floyd no era más que una banda de blues.

El riff de guitarra de Mothers of the Sun nos dice que la banda sigue rockeando, que el espíritu de Black Sabbath sigue residiendo en ellos, pero entonces se preguntan. ¿Qué pasaría si Zola Jesus partiera de estas bases para dar rienda suelta a su electrónica oscura y la integráramos a nuestra seña de identidad como banda? Esta vuelta de tuerca ideológica en la música del grupo es la que va a acabar definiendo el contexto musical en el que se mueve este IV, alejándose así del tópico en el que se les cataloga, es decir, una potente banda de stoner doom.

Es fácil entonces, una vez asimilada esta vertiente, el comprender que Black Sabbath sobrevive en espíritu (Black Mountain son una banda de rock no nos olvidemos de eso) pero no en sonido y, así se deja paso a baterías a lo Neu!, se permite que el fuzz se esconda bajo sintetizadores que generan torbellinos cíclicos de psicodelia barreteada, se consigue que que el riff no sea el elemento sobre el que se articula la construcción de las canciones sino que la atmósfera es la pieza clave que da empaque y entereza a todas y cada una de las 10 canciones del disco.

El hecho de que Amber Webber sea la que lleva la voz cantante en muchos de los temas, refleja mucho más esta apuesta por el trip y por la ambientación. Su voz etérea y mucho más plena de matices es ideal para llevar a la banda a esos estados trance hipnóticos que reflejan temas como Mothers of The Sun o Florian Saucer Machine (un homenaje a Florian Schneider de los Kraftwerk y que suena a sus primeras grabaciones, a Can o a Eloy por los cuatro costados). Pero también es capaz de adentrarse en los terrenos de la psicodelia californiana ejemplificada por Jefferson Airplane o Love en un tema como Line Them All Up, que suena a viaje a 1967, flores en el pelo y noche de setas, pero que sorprende por una melodía que pasa a sonorizarse como si una canción del Odyssey de The Zombies se tratase.

Cuando Stephen MacBean se ocupa de la voz los temas se acercan más a Barret y a los Pink Floyd de la primera etapa post sydeana, los del Meddle, Ummaguma o Atom Heart Mother, su voz se arrastra en temas como You Can Dream, con melodías que salen a base de la repetición cíclica de conceptos y de sintetizadores circulares. Pero como Webber, MacBean también sabe dejar espacios que no resultan tan obvios y que se acercan a la psicodelia rock de los ya citados Eloy, como es esa preciosa balada titulada Cemetery Breeding, que tiene un punto siniestro y oscuro que acaba inquietándonos y que recuerda mucho al tema The Sun Song de los germanos.

Pero no se abandona ahí la influencia krautiana de este disco (Over and Over) The Chain es puro krautrock, equiparable a los propios Eloy, pero también a unos Goblin mucho más eléctricos o a cualquiera de las bandas que desde 1971 a 1980 estuvieron fusionando sintetizadores analógicos guitarras y experiencias lisérgico-espaciales como Ashra Temple, Amon Düül II, los primeros Tangerine Dream, Triumvirat o el Banco del Mutuo Socorso. Tal vez Crucify Me sea el tema que más influencias actuales tenga sonando a indie rock, pese a que el solo de teclados nos devuelva de nuevo a los 70, pero las armonías vocales entre Webber y Macbean suenan actuales e incluso a bandas de americana y folk rock norteamericano,  jugando a esa hibridación de géneros tan posmoderna y tan interesante cuando está bien hecha.

Pese a que acabar con un tema de 9 minutos un álbum predominantemente espacial e hipnótico no deja de ser algo tópico y tremendamente genérico, lo cierto es que, Space to Bakersfield es el resumen de todos los diferentes aspectos sonoros del disco. Además le añade una influencia que tal vez a pocos se les haya ocurrido al escuchar el disco: Maggot Brain de Funkadelic y la guitarra de Eddie Hazel, cuya manera de tocar sobrevuela las sonoridades de las cuerdas de este tema y de todo el disco. Y es que Funkadelic son la gran banda olvidada de la psicodelia.

IV es, sin duda, el mejor disco de Black Mountain para el que esto suscribe. Perfecta fusión de todas las influencias que llevan, desde el stoner al kraut, desde la psicodelia al space rock y a configurar a una banda como Black Mountain, que demuestran que su momento álgido de creatividad ha llegado. Y esperemos que no se les acabe.

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