BEACH HOUSE – TEEN DREAM

BEACH HOUSE - TEEN DREAMVoy a comenzar esta reseña confesando, muy a mi pesar, que he descubierto a este grupo de forma tardía. Pero “nunca es tarde si la dicha es buena”, que dice el sabio refrán. A pesar de que asistí al festival Primavera Sound 2010, debí tener una razón de peso, demasiado buena además, para no escogerlos a ellos y ver a otra banda que tocara a la misma hora porque si no es para matarme. Y ahora, claro, me arrepiento de no haber visto a Beach House en directo.

Daños irreparables aparte y para quienes, como yo, van tarde o han estado un poco despistados este año, sepan que se han perdido una de las bandas más interesantes de este 2010 que nos deja. Dúo de nombre sugerente y apacible, como apacible, sosegado, placido, placentero incluso, delicado, suave y cálido, como un buen día soleado en la casa de la playa, es también su sonido que no tiene desperdicio alguno, señores.

Banda formada en Baltimore en 2005 por la pareja Alex Scally y la francesa Victoria Legrand, no sabemos si lo son también fuera de los escenarios, lo que alimenta el misterio que rodea al dúo, que cuenta en su carrera, aparte de este álbum publicado este mismo año y titulado Teen Dream y con el que consolidan su sonido, con otras dos joyas. Su anterior álbum Devotion (2008), y su primer disco y carta de presentación del grupo que responde a su mismo nombre (2006). Un disco cada dos años es la media de álbumes publicados por los de Baltimore, que no está nada mal. Y con resultados cada vez más interesantes, lo que demuestra que no se andan con tonterías y están por lo que hay que estar.

El disco que publicaban este 2010 bajo el poderoso sello Sub Pop fue cocinado en una antigua iglesia, igual esto también tiene algo que ver con el resultado íntimo y final de su trabajo. Este sugerente Teen Dream, cercano al pop-electrónico o al pop-folk preciosista como lo han bautizado algunos, nos invita a soñar desde la portada, donde se intuye una cebra a suaves trazos, como suave es todo su contenido también. Diez temas totalmente hipnóticos, místicos incluso, a la par que sumamente elegantes es lo que podemos encontrar en este sueño adolescente. Empezando por Zebra, el tema que abre el álbum. Ideal para hacerlo, pues las delicadas notas de un piano nos invitan a entrar en este perfecto ambiente de magia y ensoñación que sólo los de Baltimore saben hacer. Y la voz grave, pero nada estridente, de Victoria no tarda en hacer acto de presencia para acunarnos, para darnos la mano y acompañarnos a dar un paseo por la orilla de esta playa en calma.

Unas melodías que nos hacen sentir a gusto desde las primeras notas, que nos dan la bienvenida a casa, a su casa y que nos invitan a ponernos cómodos porque no nos vamos a marchar hasta el final de esta elegante velada que la pareja nos ha preparado con glamouroso cuidado. Nos vamos a quedar allí, hasta la última nota, hasta el último acorde, hasta la última silaba de la última palabra, hasta reencontrarnos con el silencio.

Y llega el segundo tema Silver Soul de atmósfera exótica, con canto de pájaros incluidos que acompañan a la voz inconfundible de Victoria, grave, gruesa pero suave, susurrante y rasgada en alguna ocasión, que se mueve en un espectro solo comparable a la gran Cat Power, a la poderosa Florence Welch, líder de Florence + The Machine o la mítica Nico, pero a la vez inigualable y salvando las distancias. Voz que se ha convertido en la seña de identidad del grupo y que parece mentira que quepa en el cuerpo delicado y grácil de la señorita Legrand. Frágil y dulce en apariencia pero inmensa en voz y porte en el escenario, según apuntan testigos presenciales, que no ha hecho más que crecer después de la colaboración con Grizzly Bear hasta convertirse en una figura de culto según los entendidos en la materia.

El tercero de los temas, Norway, resulta ser uno de los más enérgicos. La percusión abre paso a los casi susurros de la vocalista aderezados con melodías que parece que vayan a quebrarse en cualquier momento. Distorsiones que no llegan a ser eso, que se mantienen en un línea fina de cordura que no se rompen en ningún momento en una canción que parece que vaya a hacerlo a cada instante.

Y de Noruega paseamos hasta un delicioso parque con Walk In The Park acompañados por el ritmo de un órgano y de la mano, de nuevo, de Victoria, que es como la voz de nuestra consciencia, que nos habla del amor y nos ayuda a reflexionar sobre sus consecuencias. Un tema dulce a pesar del regusto amargo de su contenido. Un tema melancólico, impregnado de tristeza y adornado con una pizca de rabia que tiene como resultado final una canción esperanzadora, a pesar de todo.

Y a través de melodías que se arrastran lentamente tema tras tema, aunque no se hacen para nada pesadas, llegamos al que para mí es una de las mejores canciones del disco. Used to Be te atrapa desde el primer momento, te enamora a primera escucha. Se trata de un tema donde la presencia del piano es destacable. Un piano que se va entrelazando de nuevo con la voz inmensa y poderosa de la francesa. Juntos van tejiendo una melodía optimista sólo interrumpida por suaves toques de percusión que suenan distantes y un tanto tímidos y que ayudan, a su vez, a crear la banda sonora perfecta para hablar de un amor pasado y recordado con cierta melancolía.

También atrapa y mucho, lo ha hecho por unos días sin darme tregua, la canción que le sigue Lover of Mine, de atmósfera claramente protagonizada por un tándem de órganos y percusiones que crean de nuevo un paisaje absolutamente asombroso.

Y así, como si nos contaran el ciclo vital de una historia de amor que termina y renace a base de ritmos y melodías seductoras y inspiradoras, llegamos al nuevo amor casi en el anochecer del disco con Better Times, al que le sigue 10 Mile Stereo, que comienza con lo que podrían ser los latidos de un corazón ilusionado de nuevo por un renacer, al que acompaña la música inconfundible de este grupo que a estas alturas del disco, si no les conocías ya te han robado el tuyo.

Los de Baltimore se despiden de nosotros en esta ocasión con Real Love, un tema apasionado  marca de la casa, pausado, tranquilo, lánguido, casi flemático, pero muy agradable. Y el adiós suena a ritmo de Take Care, que nos saca con sumo cuidado de la fase REM en la que nos encontramos. Y que casi podría ser como la postdata de una carta a un buen amigo, a un antiguo amor, a un amante secreto al que le hemos escrito, pero lo han hecho ellos por nosotros, de su puño y voz, y han sido capaces, a su paso, de sacar a la luz cientos de sentimientos ocultos a golpe de canción.

Y así como las olas que vienen y van, las melodías de Beach House nos mecen en la playa cercana a esa casa donde nos alojamos gracias a su compañía. Dejaos llevar por la marea de sus agradables melodías, aunque sea tarde, como yo misma he hecho. No os arrepentiréis. Os atraparán y cada vez os harán sentir mejor. Igual ésta resulta ser la mejor banda sonora para poner el broche final a este año que se nos escurre ya entre los dedos.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8.5/10

Escrito por
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