Beach Fossils – Somersault

Nuestra puntuación

8

Llegan los Beach Fossils con Somersault, que en inglés significa: salto mortal. Un salto, más bien vital, en este caso, que tomó cuatro años de espera, con cambio de sello discográfico incluido: ahora pertenecen a Bayonet el sello de Dustin Payseur y su esposa, que cuenta entre sus artistas a Frankie Cosmos y Warehouse.

Antes del lanzamiento oficial salieron como singles, 5 temas y 3 vídeos, con estéticas que remiten al vhs y los noventa, planteando una recorrida por las calles de Brooklyn, honrando a la mística de la ciudad y sus artistas callejeros. La promoción del disco tuvo además una edición especial de tablas de skate.

Lo visual apunta a lo callejero y desprolijo, sin embargo, los neoyorquinos vuelven con un disco elegante y cuidado en los detalles. Sin profusión de recursos y sin confundir simpleza con simplificación, nos presentan voces claras con armonías interesantes, cuerdas y otros instrumentos de lo clásico combinados con sencillas bases de bajos gordos y baterías limpias, no tanto eco y rasgueo nervioso. Calma, que no está quieto, sólo se mueve distinto.

El disco abre con This year, un track con reminiscencias a 1979 de los Smashing Pumpkins, seguro favorito de todos nosotros y que trae además, las primeras cuerdas clásicas que se repiten a lo largo del álbum con acertada participación. Tangerine, canción dulce y etérea, que nos levantará el ánimo en algún que otro día gris. St. Ivy, es un homenaje justo al Harrison de Something, con una atmósfera impregnada de nostalgia setentosa.

Rise interrumpe como una “balada hip hop de saxo”, no se lo esperaban, pero encaja, elementos improbables, sí, pero no imposibles. Down the line, es tal vez, la más emparentada con canciones anteriores,como Sleep Apnea, por si alguno andaba medio desorientado con lo que estaba escuchando.

Nos vamos acercando al final con Be nothing, una canción quieta que en el medio se interrumpe con unas guitarras en cascada, que vuelven a caer hacia el final para encontrarnos como al comienzo y recobrar el aliento. That’s all for now, último tema y promesa, con ese halo de ensoñación presente en todo el disco, que parece hablar de un verano pasado, pero que volverá.

Se nota una maduración en la banda, un progreso en pos de una nueva forma de experimentar, sello nuevo, vida nueva, tal vez la libertad de ser sus propios jefes les permitió desenvolver esas ideas. Contando con dos discos exitosos en su haber, que les permitieron cosechar cientos de fanáticos y llegar hasta latinoamérica, vuelven con once canciones de corta duración que nos hacen preguntarnos, asombrados, cómo hicieron para meter todo eso sin que suene a un embrollo sin sentido, demostrando una creatividad para manejar armonías y recursos que no se si quedaba tan manifiesta en los discos anteriores. Todo suena a Beach Fossils, pero mejor.