BAND OF HORSES – MIRAGE ROCK

En ocasiones las largas esperas generan grandes expectativas. Band of Horses tenían una gran responsabilidad, sobre todo después de presentar Infinite Arms, disco que de un modo u otro frenaba la intensidad de los dos anteriores. A la hora de sentarse a la mesa y debatir sobre Mirage Rock la democracia y las aportaciones personales de cada miembro primaron, salta a la vista, sobre la calidad y la redondez. Se trata de un trabajo, curiosamente, impersonal y falto de identidad, en donde las comparaciones con otras bandas se hacen latentes. Parece como si el grifo de la genialidad se quedase seco, dando paso a un intermitente y delicado goteo tras los borbotones iniciales de sus primeros tiempos.

El single de presentación, Knock Knock, prepara para algo que nunca viene. Las guitarras sin descanso, la voz constante siempre arriba e incluso un gran videoclip no representan la realidad de un álbum insípido e intrascendente que nos deja fríos. En muy pocas ocasiones se dejan entrever esos acordes característicos que les hacen distintos, aunque algo parecido a esa esencia se deja escuchar en Feud, o en la genial Dumpster World, la canción protesta del largo.

Si bien es cierto que el disco gana con cada nueva reproducción, es inevitable pensar, salvando las abismales distancias, en The Jayhawks o incluso en Neil Young y Crosby, Still & Nash cuando suenan How To Life, Slow Cruel Hands Of Time o Everything’s Gonna Be Undone, con un tinte claramente pop, de radio de mediados de los 70, que para nada corresponde a la presuntuosidad del estilo rock que dicta el título del trabajo. Gustan y convencen más con cada escucha, con un sonido que tendrá una buena vejez en el tiempo. La vergüenza o la nota innecesaria viene con A Little Biblical, que representaría mejor una película de comedia romántica adolescente, de institutos y hermandades universitarias, que un disco de una banda de rock americano. Electric Music y Heartbreark On The 101 sólo sirven de relleno, finalizando algo de lo que no podemos sentirnos orgullosos. En contraposición, Shut-In Tourist y la magnífica Long Vows, las dos grandes salvadoras. Ambas, fieles a las raíces sureñas y auténticas, hacen que no perdamos la fe, con coros, aires y vientos tranquilos que en algún momento nos erizan el vello de la nuca.

Regresan más como potros desvalidos que como aquellos caballos salvajes que emprendieron el camino trotando con fuerza. Las cualidades y aptitudes las tienen, pero ahora le ceden el paso a las visibles carencias y debilidades.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 5/10

  • Alicia

    De acuerdo con tu buena crítica. Permitámosles tropezar, esperemos que vuelvan a levantarse como buenos caballos salvajes.

  • zc

    Coincido, una pena, un enorme paso atrás. Echamos de menos sus melodías y sus preciosos arreglos y filigranas