ANTONY AND THE JOHNSONS – SWANLIGHTS

ANTONY AND THE JOHNSONS - SWANLIGHTSParece ser que la música actual ha abrazado la cultura del reciclado como si de una filosofía zen se tratara. Muchos son los que dedican sus mentes día y noche separando a los artistas en dos grupos: por un lado, aquellos que se repiten hasta la saciedad y, por otro, aquellos que se atreven a mutar en cada nueva entrega. Frente a este tic nervioso de algunos críticos, se agradecen personalidades como la de Antony Hegarty, que no tienen miedo a la hora explorar todos los matices que puede llegar a dar de sí un mismo espacio musical. Afincado en una ambigüedad que va desde el cabaretismo más oscuro hasta el jazz o el soul, Antony ha hecho de la fórmula voz+piano la pieza básica desde la que mirar sus composiciones. Pero sin renunciar en cada nueva entrega a hacer un poco más grande el sótano desde el que nos canta sus canciones.

Everything is new, Everything is new”. Comienza el disco. Si en anteriores álbumes, Antony se dejaba acompañar por artistas como Lou Reed o Rufus Wainwright, en esta ocasión la colaboración de lujo corre a cargo de la cantante islandesa Björk. Cambio de compañeros que también ha tenido su efecto en la manera de afrontar los temas por parte del británico. Si en el pasado era la vertiente más bohemia y oscura la que salía a relucir en los discos de la formación, ahora es el sonido más orgánico y lírico el que parece asomarse en cada uno de los giros que nos ofrece este Swanlights.

Para muestra, temas como el que da nombre al álbum o el titulado Salt Silver Oxygen. Dos temas entre los que, sin embargo, parece haber una distancia insalvable, una ambigüedad difícil de resolver. Es cierto. Quizás aquellos que se hayan acercado a otros trabajos de su discografía noten en este último LP una falta de unidad, un intento deliberado por explorar nuevos matices dentro del universo Antony & The Johnsons. Pequeños detalles que salen con cada nueva escucha y que justifican con creces este nuevo álbum.

Como siempre, el piano lleva la voz cantante, aunque en esta ocasión se deje acompañar por guitarras acústicas, vientos y hasta por sonidos orgánicos salidos de las entrañas de un sintetizador. Antony, en su papel de maestro de ceremonias, es capaz de hacerse cargo de esa riqueza de texturas sin perder de vista el sello de la formación: ese continuo intento por hacer más con menos. En ocasiones las palabras sobran, los textos de algunas canciones se reducen a un par de frases que se repiten hasta que la voz las deja exhaustas -nunca al revés-. “Thank you, thank you, thank you for your love” grita una y otra vez el single del disco. Mientras tanto, las manos afilan el piano, dejando que a cada paso Antony se deje seducir por su propia interpretación, pero sin caer en esa manía tan extendida entre ciertos músicos de terminar gustándose demasiado a sí mismo.

No obstante, es imposible no ver el torrente personal de Antony Hegarty plasmado en cada una de sus canciones. El intimismo aparece una y otra vez en sus composiciones, en sus textos sobre el amor, la familia o la religión. Siempre habrá ciertos artistas incapaces de sentarse frente a un instrumento sin sacar las entrañas en cada uno de sus gestos. Por suerte. Una manera de mirar la música que ha hecho de Antony & the Johnsons -al menos, desde ese genial I Am a Bird Now con el que muchos descubrimos a la banda- una de las formaciones con una personalidad más propia en el panorama musical. Y eso, en estos tiempos de falsas autenticidades, es siempre un punto a favor.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10