ANDREW BIRD – HANDS OF GLORY

El cantautor norteamericano Andrew Bird, que además tiene titulo de silbador profesional, ha demostrado que no puede estarse quieto y saca a la luz este nuevo trabajo, Hands Of Glory, tan sólo ocho meses después de su Break It Yourself. Eso sí, sigue moviendo las cuerdas hacia lo que tan bien sabe hacer: folk, melodías agradables y cálidas, perfectas para un día de invierno. No nos engañemos: no va a hacer nada nuevo porque bien le ha funcionado la fórmula que viene utilizando hasta ahora. Así que con paso tranquilo y asumiendo los mínimos riesgos, Bird nos regala este último trabajo que hará las delicias de cualquier amante de los ritmos discretos y aplacibles, que no requieren ningún esfuerzo para los oídos más allá del dejarse llevar por su acogedora propuesta.

En efecto, en cada una de estas ocho canciones que componen el disco, nos encontramos como si estuviéramos frente a la estufa en el salón de nuestra casa. Quizá sea el uso del violín, que le da un toque sofisticado a la par que amable, quizá la voz del propio Andrew que suena endemoniadamente cómoda y asentada en lo que hace, como si llevara toda una vida cantando. Puede que en esta espontaneidad y confianza influyera el hecho de que el disco fue grabado por completo en el granero de la casa del cantautor. En cualquier caso, se te hará corto y no solo porque el disco esté pensado para que no dure demasiado. Un disco oscuro por momentos, con ritmos que tiran para el country en ocasiones, pero nunca hecho al azar y siempre delicado en su forma y en su fondo.

Podemos dar cuenta de los aires más western en canciones como When That Helicopter Comes, con una línea distorsionada y apagada en lo instrumental, pero que no pierde en ningún momento el gancho, muy al contrario; al final resulta una mezcla de lo más acertada que se mueve entre lo sugerente y lo pacífico. If I Needed You también nos deja mucho de este poso añejo y amargo, resultando una nostálgica y desoladora composición donde destaca una línea de violín muy conseguida. Something Biblical se me antoja como mi favorita con esos irresistibles arreglos de cuerdas y una vacilante pero deliciosa melodía. Three White Horses, canción que abre el disco, resume lo que viene a ser este último trabajo de Andrew: Una canción que se mueve entre el folk más elegante y oscuro y la emoción más desatada. Spirograph resulta un tema sosegado pero con un cambio de ritmo que abre el telón a un estribillo encantador, que muestra la versatilidad vocal que puede alcanzar nuestro artista. Railroad Bill, con un toque más country bailable, es la única que puede desentonar un poco dentro del disco, pues pone la nota menos oscura y decadente, pero siempre se agradece cierto toque diferente. La nota mitológica la pone Orpheo, que también resulta el tema más oscuro del disco, aún así inspira belleza tal y como en el mito el personaje en el mito enamoraba a quién lo escuchaba tocando la lira. La única canción prácticamente instrumental, Beyond the Valley of the Three White Horses nos cierra este último trabajo con notas melancólicas dejando el peso fuerte en el violín, que embriaga por su exquisito y arrullador sonido.

En resumen, podemos decir que es un disco que alcanza el notable, pero que tampoco da mucho más de sí. Un sonido folk muy acabado donde se nota que se mueve como pez en el agua, aunque por otra parte resulta un estilo ya muy manido en el actual panorama musical. No nos quejamos, Andrew, bien hecho.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10