Alt J – Relaxer

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Nuestra puntuación

7

6

Como fenómeno global, Alt J saltaron a la fama rápida y fríamente. An Awesome Wave además de ganar el Mercury Prize en 2012, les catapultó antes de lo previsto a hacer nuevas y nuevas tiradas de su debut, además de a girar por todo el mundo, y en sólo dos años terminar encabezando nada menos que el Primavera Sound (decisión bastante dudosa, Gabi). La sorpresa, el amalgamamiento, y los sonidos familiares pero sugerentes eran las armas de un primer disco que entraba con una facilidad pasmosa, y que en nuestro país recibió una aclamación antológica. No pasaría lo mismo con This Is All Yours, un disco que parecía precipitado (dos años en hacerlo, incluida la gira, mientras que el debut les llevó cuatro), y que salió en el mismo año en el que la banda pasaba a ser un trío tras la marcha de Gwil Sainsbury.

Tras aquel disco que más que otra cosa sonaba a una imitación chapucera del sonido que presentaron en su debut, nos llega ahora Relaxer, con un renovado espíritu de homogeneidad y barriendo algunos tics que caracterizaban a la banda de Leeds. Primeramente, desaparecen los interludios y se acaba la oferta excesiva de fuegos artificiales. Alt J quieren ir al grano con tan sólo 8 cortes en los que recogen ideas del country, el rock con arreglos clásicos, y lo pasan todo por una batidora con un filtro vintage y los sintetizadores de tu Game Boy Color. Lo bueno: este disco es infinitamente más conciso que su predecesor. Lo malo: no puede ser que una banda tan laureada, con un público tan extenso y con los medios y la cobertura que recibe, siga sin tener un sonido propio y lo esté localizando en su tercer largo.

De lo que sí que no han terminado de emanciparse, sin duda, es de sus referencias que entre lo pedante y la adulación de los clásicos no hacen otra cosa que confundir al oyente. Como más (esperamos) involuntario está el extraordinario parecido entre el riff de 3WW y el de The End de The Doors. Pero obviando que la música del siglo XXI es repetición, y reiteración, y que sólo se puede aspirar a refinar sonoridades y que blablablá… El dato no pasa desapercibido a pesar de ser uno de los temas más sugerentes y completos que han firmado los británicos. El segundo homenaje claro es a The Animals en una “cover”, o un replanteamiento al huso de House Of The Rising Sun, descafeinada y alejada a más no poder de la original, aunque con unas cuerdas orquestales que da gusto escucharlas, oigan. El tercero y último es al libro How Green Was My Valley de Richard Llewellyn, en también la última canción: Pleader. Desde luego si tuviera que quedarme con algo de este disco en clave oscura y sin mucho propósito, sería con la ascensión coral de este tema, que bueno: ni tan mal para unos tíos que hace 7 años no sabían ni tocar instrumentos (literalmente, no sabían, no eran músicos).

El resto del peso se lo reparten el ambiente western 64bit de canciones como Hit Me Like That Snare, o el single In Cold Blood. Personalmente no creo que ninguna de las dos funcione, salvo por esa guasona sensación de contagio que produce la voz nasal de Joe Newman cada vez que se sale de su rango y se pone a berrear o a susurrar en su defecto (“fuck you, I’ll do, what I wanna do”). Deadcrush TAMBIÉN huele a material ajeno y no se sale -por fortuna- del ambiente estepario 2D, aunque tiene un par de elementos (pacheos, sofoco) que la hacen más atractiva que el resto de las comentadas inmediatamente antes. Adeline apesta a Bloodfood (prueben a solaparlas, podrían hasta ser capas distintas de una misma canción), aunque esto no la hace mala, simplemente muestra que los de Leeds ni se han ido muy lejos ni han cambiado tanto a lo largo del tiempo. Pero lo que todavía Alt J parecen no haber entendido es como estructurar una canción de rock normal, de salón. Y no, no es porque sean excelentes músicos y se muevan al margen de los circuitos habituales, sólo hay que ver el público al que llegan y la repercusión que tienen.

Es por esto que hay que tener en cuenta todos los factores, desde que Alt J lanzasen su debut hace 5 años, hasta hoy. Hay que ser realistas y ver este Relaxer como lo que es; un disco con destellos, momentos realmente atractivos y comprensiblemente contagiosos, pero que no. No ofrece un producto ni exclusivo, ni novísimo, ni trascendente (fuera de los etéreos arreglos). La fama y la industria tienen envueltos en su manta a los tres británicos, que recibirán seguramente por este álbum aún más elogios que por su -desatinado- predecesor. Pero usted aún está a tiempo de no hablar de este disco en Twitter. Está a tiempo de hacer muchas cosas con su vida, y de dejar de intentar igualar a estos tipos a otra gente. Porque oiga; estos chicos tienen recursos, pero esto no es Ok Computer.