NIRVANA – MTV UNPLUGGED IN NEW YORK (1993)

NIRVANA - UNPLUGGED IN NEW YORK

Si alguien me preguntara –cosa improbable- qué es para mí el grunge le respondería que la chaqueta raída que Kurt Cobain lució en el MTV Unplugged in New York del año 1993. Esa chaquetilla –¿de angorina?-  define un universo musical, estético y filosófico que se prolongó una década, la de los 90, cuando las guitarras resurgieron como respuesta a la invasión de la electrónica  y la denominada cultura de club. A 20 años ya del fallecimiento del propietario de esa icónica prenda –el 8 de abril de 1994 fue encontrado después de pegarse un tiro-, la fuerza del mito crece al margen de su obra musical. Su viuda Courtney Love anuncia documental, película y musical de Broadway para los próximos tiempos mientras se acerca inexorable el 25 aniversario de Nevermind, uno de los discos más influyentes de la historia del pop y cuya aparición en 1991 rompió moldes, marcó a una generación (sí, hombre, la ‘X’) y permitió a la industria discográfica darse la que quizá fue su última gran bacanal empaquetando y vendiendo entretenimiento considerado por tirios y troyanos alternativo: el epicentro fue Nirvana, sí, atrayendo seguidores de los caladeros heavys de Guns N’ Roses o Metallica pero también del espectro más –ejem- alternativo e intelectual de R.E.M., Pixies o Sonic Youth. Incluso hay quien coloca referencias folkies y el nombre de Neil Young como salvoconducto al grunge por la vía clásica y no seré yo quien discuta eso.

La factoría grunge produjo nombres inolvidables como Pearl Jam, Smashing Pumpkins o Soundgarden y abrió puertas a subgéneros como el punk californiano (Green Day, Offspring), el nu-metal (Rage Against The Machine, Linkin Park, Limp Bizkit) o el stoner (Queens of The Stone Age, Monster Magnet). Con el grunge valía todo -principalmente si se acreditaba procedencia de Seattle y se vestía de forma zarrapastrosa-. Fue un fenómeno de millones de copias vendidas de grandes discos y discos horrendos que se llevó por delante a Kurt Cobain –un hombre con serios problemas mentales y aquejado de politoxicomanía- y que amenaza con volver de tanto en cuando pero a niveles más bien superficiales:  los actuales barbudos con camisas de leñador podrían ser un destilado grunge aunque su música no sea tan airada (Bon Iver, Kurt Vile, ¿Fleet Foxes?…)

¿Puede repetirse un fenómeno similar? No. Como diría McLuhan, el medio es la música, ya no es el mensaje. Los Kurt Cobain del mundo ya no tienen una MTV que los mime e introduzca de rondón en millones de hogares bienpensantes que se regalen discos por Navidad. Pero Beavis y Butthead –calvos y fondones ya- siempre podrán echar mano del pulcro MTV Unplugged in New York como no harán ya con el resto de la discografía ‘nirvanera’, adjetivo que por estas tierras se empleaba para rebajar el soufflé del grunge.

El acústico de Nirvana se realizó el 18 de noviembre de 1993 en los estudios Sony de Nueva York y se llevó el Grammy al mejor álbum de música alternativa, un muy justo premio porque es un discazo. Salió al mercado medio año después del suicidio de Cobain y supuso un emocionante epitafio del grupo para los seguidores que tenían dificultades para digerir el áspero In Utero, una obra con un fondo muy deprimente y una forma mucho más árida que el bombástico Nevermind. Aquel concierto acústico supuso el cénit artístico de un trío –Krist Novoselic y Dave Grohl supieron ser fieles escuderos de su jefe Cobain- que parecía condenado a la disolución: el líder y cantante vivía sumergido en la heroína y el alcohol y algún intento de suicidio trascendió públicamente en fechas posteriores.

Smells Like Teen Spirit era una canción proscrita en el repertorio de Nirvana, hastiados del éxito superlativo conseguido gracias a ella machaconamente repetida en la MTV mañana, tarde y noche. Por eso, el grupo quiso marcar sus propias reglas y dejó de lado el concepto que guiaba los Unplugged, grupos trasladando con acústicas su repertorio de grandes éxitos. Eso no iba a pasar con el trío de Seattle: un tercio de los temas eran versiones y se evitaron los ‘hits’ más obvios del grupo salvo una única excepción, Come As You Are. Además, en vez de contar con los artistas invitados pactados por la cadena (Eddie Vedder y Tori Amos), fueron acompañados por miembros de Meat Puppets del repertorio de los cuales interpretaron tres temas (Plateau, Oh, Me y Lake of Fire). La versión de David Bowie (The Man Who Sold The World) y de Lead Belley (Where Did You Sleep Last Night?) son seguramente los momentos más redondos de un concierto que se grabó del tirón, algo poco habitual de estas sesiones de la MTV.

Está claro que la irrupción del Unplugged de Nirvana en el mercado con el cuerpo de Cobain todavía caliente no benefició la consideración artística que merecía a la hora de valorarlo como un nuevo disco de Nirvana cuando, de hecho, prácticamente era justamente eso, un material nuevo pues el formato acústico sacaba a pasear la brillantez pop de las composiciones de Kurt Cobain. No obstante, es lógico que un escalofrío recorriera a los compradores del disco cuando el cantante atacaba en el tema inicial (About a Girl) el verso “I swear I don’t have a gun” (“Juro que no tengo una pistola”)… También es muy hiriente la interpretación final del tema de Lead Belley, según comenta el propio Cobain, su artista preferido de todos los tiempos. La mezcla de timidez y extraño sentido del humor que luce Cobain durante el directo con frases agridulces como “mi manager me tiene dicho que tengo que sonreír más” reflejan una tensión en el ambiente del concierto atrapado gracias a que lo grabaron de un tirón –incluso el cantante se permite algún aguijonazo a su batería- y es inevitable atribuirle un aire funerario. Y, por supuesto, en la misa de difuntos no hay ‘bises’ que valgan.

Cobain, antes de apretar el gatillo contra sí mismo, dejó escrito que es mejor quemarse que apagarse lentamente. Seguramente, su Nevermind fue un gran fogonazo pero no es nada despreciable el calorcito que emana el MTV Unplugged, disco que estos días estoy convencido que sonará mucho en los reproductores de aquellos que echen la vista atrás o quieran explorar el material ‘nirvanero’.

 

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