Villamanuela Sábado: Moon Duo, Micachu and The Shapes y Fuck Punk

Tras la intensa y descompensada primera jornada del Villamanuela, llegó el segundo y más importante asalto, el sábado con mucho buen nombre y sold out. Con una ligera lluvia y el aire cargado se nos presentaba este día 10, con ligeros temores hacia la acumulación de gente y la chachara generalizada que venía dominando los conciertos del viernes.

La jornada comenzó de nuevo en el Teatro Barceló de la mano de Moon Duo. Los estadounidenses presentaron parte de su álbum más reciente, Shadow of the Sun, y poco más, pues en una hora de set tocaron siete canciones, con unos desarrollos en forma de bucle y con variaciones en la guitarra que convertían su entretenido y tranquilo sonido psicodélico en un viaje bastante más intenso de lo normal. Aunque obviamente en estas profundas y extensas melodías uno podía perderse y únicamente dedicarse a bailar y disfrutar de la sofisticación de la banda, también es cierto que era fácil desconcentrarse, debido de nuevo al horario y a un público hablador en las últimas filas que no presagiaba nada bueno para el resto de conciertos. Incluso así, las primeras filas se portaron de forma ejemplar (parece mentira que tengamos que destacarlo) y bailaron y se dejaron mover bastante por las ondas sonoras. Sin salirse del molde ni entregarse brutalmente, Moon Duo cerraron un set tremendamente entretenido y bien llevado.

A continuación nos esperaban Micachu and the Shapes en la sala Taboo, con su incalificable sonido art-pop, punk, lo-fi, experimental y esa actitud dejada e indiferente que les convertían, a pesar de no tener el sí definitivo de la crítica, en una de las opciones más atractivas para el público. El set lo defendían como trío, con Mica Levi a la guitarra y voz, Raisa Khan a los teclados y los samplers, con una programación de lo más cutre, y Marc Pell a la batería, con una pasión que daba gusto verle y de la que era complicado no contagiarse. La naturalidad y el talento se unieron para hacer del set de los británicos una mezcla heterogénea de un gran número de grupos que podemos ver en la actualidad, como Tune Yards, WHY?, Jamie T, Animal Collective o Mac DeMarco. Cada canción que sonaba era más melódica que la anterior, y la banda tiene esa química entre los miembros que hace que notes cómo disfrutan de su música. El set de 45 minutos se pasó volado, y aunque el público seguía siendo bastante irrespetuoso, la espaciosidad y disposición de la sala favorecieron que esto no supusiese un factor determinante.

Para aderezar la noche nos metimos en una Siroco mucho más accesible que en días anteriores, con el objetivo de disfrutar del dúo Demdike Stare, que para nuestro desconcierto era sólo uno, bien acompañado de unos visuales de lo más perturbadores. En esta ocasión no hubo tanto sonido extremadamente experimental o “creepy”, siendo en gran medida el protagonista el baile, que provocó una divertida y alocada escena durante unos buenos minutos que duró la segunda mitad del set. Pero no por esto dejamos de escuchar sonidos vanguardistas, referencias tribales y grandes y penetrantes capas de voces y sintetizadores incalificables, que hicieron en todo momento del show algo único y especial, simplemente Demdike Stare pusieron en nuestros oídos cierto estado de consciencia que más tarde se confirmaría, el de una electrónica tremendamente oscura y visceral, pero bailable y accesible.

Con el colectivo Fuck Punk, conformado por los británicos Ossia, Vessel, y Giant Swan se confirmó lo que venía haciéndose presente, sólo por la forma de trabajar que tienen los de Bristol se hace evidente que aquí hay algo especial. El escenario quedó despejado y se dio la posibilidad al público de subirse, para ver mejor al cuarteto, que se colocó inmediatamente debajo con una mesa de unos 3 metros repleta de programadores, sintetizadores, pedales, y todo tipo de aparatos electrónicos que provocaban un respeto bastante grande. La sección introductoria le tocó a Ossia, con un set bastante difuso y de muy pocos graves en sus primeros 20 minutos, primero mezclando jazz y finalmente acabando tocando el mismo el piano sobre bases minimalistas. La segunda parte de su set fue adquiriendo poco a poco fuerza, haciendo bailar ya a gran parte de los presentes, mientras sus compañeros se movían con cierto éxtasis entre los inesperados giros de su vasta producción. Como al parecer el sonido no estaba siendo suficientemente duro ni potente para que todo el mundo guardase silencio, tuvieron que entrar en escena con una progresión bastante entretenida Giant Swan. El dúo no aparecía muy resaltado en lo que hemos podido leer sobre Fuck Punk, pero ayer reventaron la sala. Con un micrófono creaban loops distorsionados que sonaban cada vez más montados unos sobre otros, cuando a esto comenzaron a añadirle capas ambientales y finalmente unos beats salvajes, el público ya estaba totalmente entregado.

Las caras de euforia y de familiaridad entre todos y todas resultaban un claro ejemplo de lo que allí estaba sucediendo. Se estaba bailando un ruido tan potente y convulsivo que el ambiente no daba lugar ni siquiera a la duda, los técnicos de sonido daban brincos y mientras, Giant Swan le metían a todo este sonido una guitarra que iban deformando con todos sus juguetitos. Abruptamente acabaron un set que apenas duró 40 minutos, que se hicieron brevísimos, a pesar del pánico a la sordera que uno pudiese sufrir. Pero después de esto llegaba Vessel, que ya estuvo en Madrid en enero y en el Sonar este año, y que no dio más que 5 minutos de tregua para quitarse la camiseta, los zapatos (dejando por cierto un olor bastante intenso) y empezar a trabajar con sonidos irreproducibles y bases industriales convirtiendo definitivamente la Siroco en una absoluta bacanal que se movía por y para los tipos que habían venido de Bristol para enseñarnos cómo se van a hacer las cosas. Pocas cosas reconocibles sonaron durante ese tiempo aparte de una versión prolongadísima de Red Sex, cuando obviamente se alzaron los alaridos de la gente, que parecía estar recibiendo al mismísimo Aphex Twin. Cerraron los cuatro juntos en una sesión bastante aleatoria con mucho aire a Fuck Buttons, pero con un nervio sonoro y de intensidad mucho más potente, bastante antes de lo esperado, pero seguramente con las 3 horas y media que tuvimos fue más que suficiente.

Con esta sencillez, los cuatro raritos de Bristol nos presentaron algo parecido a lo que hicieron sus paisanos Massive Attack, una reinvención de la IDM (en su caso del Hip Hop hacia el Trip Hop) con un toque aún más oscurista que el que ya posee el género en si, una opción tal vez muy cabreada, sucia, maloliente y rabiosa, pero de una belleza inapelable. Con esto cerramos la noche del sábado en el Villamanuela, con muchas mejores sensaciones que el viernes en todos los aspectos, incluso en el musical, lo cual parecía complicado.