Vida Festival 2014 (Sábado): Exquisitez y distorsión frente a idolatría de masas y descaro electrónico y garagero

La jornada del sábado empezó por la mañana en otro de los recintos del festival, el Daurada Beach Club, donde tocaron Mweslee, The Free Fall Band, Clip! y Joana Serrat amenizando el calor de esas horas con el público distribuido entre sombras.

Por la tarde bien temprano nos acercamos al recinto principal de la Masia de’n Cabanyes con la intención de disfrutar de los primeros conciertos, celebrados en la zona de bosque, a resguardo del calor presente a esas horas. Empezamos viendo sobre el barco entre pinos del escenario El Vaixell a Lawrence Arabia en acústico como sustituto de Nuria Graham, que había cancelado la actuación pocos días antes por enfermedad. El cantante neozelandés ofreció un concierto casi improvisado por las circunstancias y correcto, aunque no consiguiera que echáramos de menos un poco más de soporte instrumental. En él, el cantante hizo conocer sus dulces y tranquilos temas como Apple Pie Bed o Travelling Shoes, dejándonos con un buen sabor de boca sin más.

De allí nos fuimos al escenario contiguo de La Cabana, situado también en el bosque y enmarcado con encinas, donde escuchamos un rato a los locales Copa Lotus y su pop inofensivo. Una propuesta que nos dejó bastante indiferentes, por lo que decidimos volver otra vez a El Vaixell para coger buen sitio para la siguiente actuación. Algo que fue imposible al ver todo lleno, símbolo de la gran expectación que crea Silvia Pérez Cruz junto a Raül Fernandez Miró (Refree).

Si allá donde van triunfan está claro que será por algo. Porque hasta la fecha no habíamos hecho más que escuchar maravillas de sus actuaciones. Algo que corroboramos al comprobar como a las pocas notas el extenso público, que se intuía mucho más numeroso que en la jornada anterior, regalaba un impresionante silencio. Sería que todos estábamos boquiabiertos con la espléndida voz e interpretación de Silvia y el imprescindible y sutil acompañamiento que le confería Raül a sus canciones de toda la vida. Esos clásicos de diversos orígenes que componen granada, su aclamado disco conjunto, que van desde un homenaje a Albert Pla hasta el precioso y sentido poema Compañero (Elegía A Ramón Sijé) de Miguel Hernández musicalizado previamente por Enrique Morente, canciones que nos conmocionaron a todos mientras sonaban de manera impoluta en ese precioso contexto. Hubo tiempo incluso para alguna fuera del disco como Tonada de luna llena de Simón Díaz. Canciones que a muchos de nosotros nunca nos hubieran llamado la atención de no habérselas escuchado a ellos, una propuesta musical delicada e imprescindible, todo un homenaje y una reivindicación de la música de toda la vida.

Tal y como sucedió el día anterior, tras la puesta de sol tocaba desplazarse al escenario principal para disfrutar de uno de los grandes reclamos del día, los grandes Yo La Tengo. Vale decir que debieron encontrarse en un contexto extraño, ya que las primeras filas quedaron copadas por los impacientes fans de Lana Del Rey que esperaban a su diva desde primeras horas de la tarde. Ello no impidió que fueran a lo suyo y mecieran el anochecer con su combinación del intimismo de canciones como Satellite con la distorsión con la que despacharon los finales de Before You Go y Ohm, dejando el momento festivo que corresponde a Mr. Tough y regalándonos algunos de los hits que esperábamos como Sugarcube o Autumn Sweater. Tan eclécticos e infalibles como siempre, Yo La Tengo son una de esas bandas con un repertorio tan amplio que les es imposible contentar a todo el mundo, pero aún así consiguieron que todos saliéramos satisfechos, embebidos en esa burbuja sonora que construyeron con maestría, con su habitual cambio de posiciones e instrumentos. Sin llegar al nivel de sus conciertos en sala cumplieron con creces su papel en el festival.

Mientras abandonábamos el escenario principal para dejar lugar a más fans de Lana Del Rey, cuya presencia y notoriedad constituyó uno de los protagonistas de la jornada, nos desplazamos al escenario Masia donde nos esperaba el festivo descaro electrónico y cómico de Hidrogenesse. Toda una fiesta armada con una simple tabla de sintetizadores que sirvieron de soporte a las divertidas melodías de Carlos Ballesteros que puso patas arriba el escenario y nos hizo bailar y reír al mismo tiempo, con canciones como El Artista o Disfraz De Tigre. Una fiesta que proporcionó el momento más divertido de todo el festival cuando dedicaron su No Hay Nada Más Triste Que Lo Tuyo a los fans de Lana Del Rey.

Llegó al fin la hora de la esperada actuación de la neoyorquina, y si muchos habíamos alucinado con el alud de fans adolescentes ataviadas con coronas de flores en la cabeza emulando la portada de Ultraviolence que circulaban por el festival, no cupimos de asombro al escuchar los gritos histéricos que le brindaron minutos antes de salir y a lo largo de todo el concierto. Como si de cualquier ídolo adolescente se tratara, Lana aprovechó tal recepción para regodearse a gusto y sentirse la diva que le hicieron sentir en todo momento. Quien escribe estas líneas no es muy fan de la cantante, pero hay que reconocer que estuvo acompañada por una excelente y profesional banda, que ella ejecutó con corrección sus temas (aun con sus limitaciones vocales, ya presentes en disco), incluso atreviéndose a cantar Old Money a pelo, y que sin duda hizo disfrutar de lo lindo a sus seguidores, que obtuvieron aquello que buscaban. Elegancia, agradecimiento (entre otras cosas, dedicó diez minutos a firmar autógrafos entre las primeras filas) y lugar para corear junto a la cantante canciones como Blue Jeans, Video Games o West Coast. Todo un fenómeno que, aunque a algunos nos cueste entender, se mostró tan patente en el festival que no pudimos negarlo.

Muchos eran los que abandonaron el recinto tras la actuación de Lana Del Rey, por lo que pudimos disfrutar del resto de actuaciones de la noche con la tranquilidad del día anterior. Era el turno de Austra en el escenario Masia, cuya propuesta electrónica no acabó de casar con la desafinada voz de la cantante, lo cual hizo que decidiéramos desplazarnos al escenario La Cabana llamados por la curiosidad de ver a los emergentes madrileños The Parrots.

Algo que fue todo un acierto vista la rave garagera que montaron entre árboles iluminados, lo cual confirió un contexto verdaderamente mágico, con la que nos invitaron a un baile desacomplejado con sabor añejo y descarado. Poco importó que sus letras fueran ininteligibles y no nos quedara muy claro en qué idioma cantaban, porque con la descarga de sus guitarras y su batería tuvimos más que suficiente para desmelenarnos y echarnos unos buenos bailes.

Unos bailes que nos dejaron exhaustos tras tantas horas en el festival, un cansancio que hizo mella dejándonos pocas fuerzas para afrontar la efectiva electrónica de Pional que llenó todo el recinto, invitando a todos los que quedaron al baile que más apetece a esas horas de la noche y sonando brillante y apta para todos los públicos, ya que incluso aquellos no muy dados en el género pudimos disfrutar de su propuesta. Abandonamos poco a poco el lugar no sin antes dar un último paseo por su bosque iluminado y sus sorpresas, fuente inagotable de fotos para Instagram y un complemento extra al encanto del festival.

Con toda la amalgama de sensaciones tan diversas que nos había proporcionado la jornada abandonamos el recinto del festival absolutamente satisfechos con la experiencia. Porque es de agradecer un festival de este calibre, no sólo por su cuidado cartel sinó también por su gran comodidad gracias a la proximidad de los escenarios, su mimo a los asistentes, su entorno bucólico con sus miles de detalles y una excelente organización que nos dejó a todos con ganas de repetir el año que viene, para el cual ya se pueden adquirir las entradas y ya han anunciado una exquisita confirmación, Andrew Bird. Sea bienvenido el Vida festival, al cual le deseamos una larga vida y, sobretodo, que conserve este mismo espíritu, más allá del aspecto musical. Ese espíritu que nos ha dejado a todos los asistentes totalmente enamorados y fascinados con el mismo y que ha contribuido a que nuestras vivencias del fin de semana se conviertan en algo inolvidable.