Varry Brava saca todo el flow y pone a bailar a Madrid en un arranque de gira épico

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Daban las nueve de la noche cuando las luces empezaron a apagarse. El público empezaba a agitarse, impaciente y expectante porque sabían que lo que iban a vivir ese sábado 18 de febrero iba a ser, cuanto menos, especial. Varry Brava abría su gira Safari Emocional, y Madrid llevaba meses esperándoles con ganas.

Así, entre tinieblas, los primeros en enfrentarse a una Joy Eslava llena hasta la bandera fueron Aaron y Vicente. Mientras uno tomaba posiciones tras el teclado, el otro se colgaba la guitarra, para acto seguido hacer sonar los primeros acordes de NingunoDos –tema que abre su último trabajo-, al tiempo que la voz de Óscar se colaba desde detrás del escenario. Poco a poco fueron encendiéndose algunos focos, y los gritos de unos fans enfervorizados daban la bienvenida al líder de la banda, que aparecía por uno de los laterales.

En esta ocasión no estaban solos sobre el escenario. Los murcianos pasaron de tres a cinco, acompañados de una batería y una guitarra más, a los que más adelante se les unirían también varios instrumentos de viento, como trompetas y saxo. Y es que aquella era “la noche”, y Varry Brava tenía un objetivo que cumplir: que aquella fiesta permaneciera en la memoria de los allí presentes por mucho tiempo. Y que nadie dejara de bailar durante la hora y media que duró el concierto, claro.

Y no les costó mucho conseguirlo. La euforia y las ganas de adentrarse en este Safari Emocional de los que abarrotaban Joy Eslava estuvo presente mucho antes de que empezara a sonar la música, e iba in crescendo tema tras tema. Tras NingunoDos llegó Fiesta –de Arriva, su segundo álbum-, con el que se desató la locura, incluso encima del escenario. Y es que además de las gargantas desgañitándose de los que disfrutaban desde abajo, Óscar, Aaron y Vicente tampoco podían contenerse. Y no era para menos, a sus pies (y también sobre sus cabezas) alrededor de 800 personas coreaban todas y cada una de sus canciones.

“TODO ESTO ES MUCHO MEJOR DE LO QUE IMAGINÁBAMOS”

Una emoción que se hizo evidente en las palabras de Óscar, quien al poco de empezar reconoció que todo lo que estaba pasando era “mucho mejor” de lo que habían imaginado. “Hemos preparado todo esto para que lo paséis de puta madre y para que cuando nos volvamos a ver digáis: yo estuve allí el 18 de febrero”.  Y tal vez fueron esas palabras, o lo mucho que habíamos estado esperando esa noche, o la entrega de un público que lo dio todo de principio a fin, no lo sé, pero consiguió trasladarnos esa ilusión y ponernos la piel de gallina a algunos de los que desde arriba estábamos siendo partícipes de este brutal arranque de gira.

Tras este momento en el que nos pusimos todos un poco moñas, volvía a caldearse el ambiente con Sonia y Selena, Playa, Amantes, y Oh, oui oui. Continuaron con Flow, con la que quisieron hacer un guiño a todos aquellos que en algún momento les habían “comido la oreja”. Y no faltó Calor, un tema de esos que gustan y se disfrutan -incluido en su primer disco Demasié-.

Canción a canción se iban superando las expectativas. El buen rollo y la fiesta que desprenden los Varry Brava se contagiaba entre todos los que habían ido a verles. Incluso algunos entre el público también se habían mimetizado con los llamativos estilismo de los murcianos, que esta vez resultaron algo más moderados. No había colores chillones ni gorras, pero no perdían su “rollo”. Y es que sus looks son ya parte del show. Zapatillas con luces de colores, gafas de LED por las que circulaban palabras, pantalones de pata ancha, vaqueros con estampados o mallas rojas de leopardo. Y no podía faltar el sombrero de explorador que Óscar se colocó para guiarnos por ese safari en el que nos hicieron vivir una experiencia sobrenatural.

Trazaron un setlist que no permitía bajar el ritmo y en el que se entremezclaban a la perfección los temas del pasado con los del último trabajo, y con el que nos transportaron, en varias ocasiones, a los años ochenta con Disco, Miedo o No te conozco, canciones de sus primeros discos que encajaban a la perfección con otras más actuales como Momentos o Chicas. Pero si hay una que no puede faltar en un directo de Varry Brava es, evidentemente, No gires (aunque he de reconocer que esta canción se me antojaba perfecta para el final, para un colofón de fiesta por todo lo alto). El líder del grupo quiso dedicárnosla a todos los que la esperábamos impacientes. “Vamos a hacer un tema que ha pasado a ser más vuestro que nuestro”. Y fue aquí cuando, al ritmo de ese pegadizo “pa pa parara pa para rarara pa pa rara”, se cayó Joy Eslava.

Pero lo bueno también se acaba. Se iba acercando el final, y nadie quería moverse de allí. Entonces llegaron los bises con cuatro canciones que pondrían el broche a este 18 de febrero. Aquel era el momento idóneo para reducir velocidades, bajar un poco el ritmo y sacar el lado más tierno con Callada, una de las baladas de su último disco. Pero la calma duró solo unos minutos, porque acto seguido nos volvieron a hacer sentir en mitad de una pista de baile con Club y con ese toque electro de Fantasmas, para terminar advirtiéndonos, al ritmo de Radioactivo, que bailar con ellos es peligroso. Y es que Varry Brava crea adicción. Te hacen entrar en una espiral de positivismo y felicidad de la que no quieres salir. Son, en resumen, la fiesta en mayúsculas.

Y así, tras hora y media de concierto se bajaba el telón de Joy Eslava con algunos deseos cumplidos, pues los murcianos ya avisaron que querían que la gente “sintiera ganas de bailar, disfrutara y saliera de sus conciertos con queriendo repetir” –tal y como nos contaron durante su entrevista-, y pasaron el examen con nota. Algo que quedó demostrado también en la calle, donde todavía muchos seguían tarareando sus canciones, contagiados de ese ‘buenrollismo varrybravero’. Y ahora sí, ya podemos decir “¡yo estuve allí!”, en una noche de febrero en Madrid en la que terminó haciendo mucho, mucho calor.

Foto: Diego Garnés / El Backstage Magazine