V de Valarés, con ‘b’ de brillante (en lo musical)

“Vendrás por la música, volverás por el lugar” es el lema que corona el Festival V de Valarés, cuya undécima edición se celebró los días 18 y 19 de agosto junto a la Praia de Valarés (con ‘v’ en gallego, con ‘b’ en castellano) en plena Costa da Morte junto al pueblo coruñés de Ponteceso. Una oferta musical y de ocio que a lo largo de sus once años de vida se ha ganado ya una buena posición en el panorama festivalero de pequeño formato en nuestro país.

La música, este año, pintaba bien. El festival parece ir creciendo en notoriedad, y esto es algo que se nota no sólo en el precio de las entradas, sino también en los nombres que llegan a su cartel. El lugar, sin embargo, no pintaba tan bien.

Pocas semanas antes del evento, la organización anunciaba el cambio de emplazamiento del camping por motivos medioambientales, que pasaba a ubicarse en un magnífico pinar a pie de playa, pasaba ahora a una finca en cuesta, sin sombra garantizada y recién desbrozada, algo a lo que se sumaron la ausencia de supervisión en el mismo, la escasez de aseos portátiles y restricciones de duchas.

El parking, además, debido a su tortuosa ubicación, llevó a la formación de colas de acceso que entorpecían la entrada al recinto y al camping de algunos asistentes. Ese fue mi caso, perdiéndome por desgracia las actuaciones de Bifannah y Disciplina Atlántico para llegar con minutos de retraso al  bolazo de Pablo Und Destruktion.

De voces y sentimientos a flor de piel

A las nueve y media del viernes comenzaba el asturiano para inundar de personalidad un descampado que aún se llenaba poco a poco mientras el cielo de Valarés desprendía sus últimas luces. Guitarra en mano, Pablo hizo poesía y gala de vozarrón, con esa forma de monólogo cantado que tiene y le distingue.

El asturiano presentó ante el Océano Atlántico ese nuevo y personal álbum lanzado bajo el nombre de Predación el pasado mes de Mayo. Así, Pablo Und Destruktion se dejó las entrañas y la voz en presentarnos temas como Puro y Ligero, Herejes, El Enemigo Está Dentro o la última –canción popular asturiana– A La Mar fui Por Naranjas. Entre ellos, pequeños interludios hacia el público y también temas de anteriores trabajos como Por Cada Rayo o Limonov, desde asturias al infierno.

Temas sentidos y sinceros, dispuestos a mover conciencias e interpretados con un sonido apabullante, como fue el caso de ese Busero Español tan reflexivo, crudo y bello al mismo tiempo. Juegos de palabras perfectos para presentar a quienes siguieron a Pablo, los reyes pop del trabalengua en español: los catalanes y cabezas de cartel Love of Lesbian.

“A punto estuvimos de cancelar nuestra actuación aquí”, abría un apesadumbrado Santi Balmes refiriéndose a los atentados que atormentaran Cataluña el día anterior, para luego confesar que no pudieron resistirse a tocar en uno de los sitios más bonitos en que habían tocado nunca. En memoria de lo ocurrido y apostando por el amor, la paz y la unión, decidieron curar las penas “haciendo lo que más les gusta” para lo que tocaron un emotivo Allí donde solíamos gritar, y las referencias a los sucesos se repartieron a lo largo de la actuación.

Con las emociones a flor de piel, los chicos de Love of Lesbian se marcaron un concierto muy de ‘remember’, con un setlist en que predominó lo añejo frente a ese Poeta Halley – del que sonaron Incapacidad Moral Transitoria, Bajo el volcán y Planeador– lanzado hace un año y que ya habían presentado en Galicia, en citas como el FIV de Villalba. Sin embargo, cuando tocó las del Poeta balmes lo hizo como dios manda, con capa y sombrero puestos.

Hubo hueco para corear míticos temas como Club de Fans de John Boy –que Balmes brevemente versionó como si fuera una melodía medieval-, y también recuperar canciones más sentidas como 1999 o Incendios de Nieve. Breves momentos de éxtasis seguidos de pausas y baladas reflexivas. Aplausos, saltos, bailes, abrazos, lágrimas, silencios, solos y coros se fueron sucediendo para preparar el tercer plato de la noche, La Habitación Roja, quienes estuvieron a las alturas y siguieron aumentando el nivel.

De estos artistas me atemorizaba el sonido, puesto que hacía pocas semanas les había visto, con disgusto, en el facebook live del Arenal Sound donde parecían sonar mucho peor de lo que me esperaba. Por suerte, el set del VdeValarés sonó de lujo y logró sacar lo mejor del público gallego.

Un concierto rico en temas suaves (L’Albufera, La Moneda En El Aire o Segunda Oportunidad) , también rico en guitarras eléctricas, y en el que los de Valencia se guardaron las canciones más populares para el final, consiguiendo una respuesta apoteósica del público en temas como Ayer o Nuestro Momento, no sin pasar por alto un maravilloso Indestructibles que los valencianos dedicaban a la ciudad de Barcelona.

Para cerrar las actuaciones de la primera jornada, dos grupos de menor trayectoria pero igual calado: la más que correcta nota punk de los White Bats y la rebeldía del grupo de rock gallego-madrileño Captains, cuya cantante Fee Riga lo dio todo no, lo siguiente, cerrando el escenario desde el suelo, botella de vino en mano y haciendo gala de un vozarrón que sirvió de guinda al pastel que comenzara horas atrás con la música punzante de Pablo Und Destruktion.

Sábado galáctico

La jornada del sábado llegaba con expectación de cara al concierto de los segundos cabezas del cartel, Los Planetas, y a una de las pocas bandas internacionales del festival, los argentinos Él Mató A Un Policía Motorizado. Además, el festival amanecía con la cancelación de dos de sus actuaciones. Por un lado, The New Raemon & McEnroe, que serían sustituidos por la voz de Morgan, quien dejó claro que ha venido para quedarse ante un público boquiabierto, muchos de los cuales, como yo, no la habríamos visto en directo, quizás ni escuchado su último disco North, hasta ese mismo momento. La segunda ausencia de la jornada llegaría mucho más tarde con la baja de DJ Coco que sería suplida por DJ Smart, uno de los DJs del Ochoymedio Club de Madrid.

La mañana del sábado se desarrolló en el Espacio Mahou, recinto gratuíto y abierto a todo el público, a pie de playa, por el que se pasaron bandas de diversos géneros para dar pequeños conciertos por debajo de la hora de duración. De entre ellos, a destacar el brillante sonido folk en gallego de Os Amigos Dos Músicos, con LP recién estrenado y desbordando una gran empatía y cercanía hacia un público sumido en una atmósfera relajada. “Esta canción fue escrita por la abuela de Dani, el de la camiseta de los Clash”, introducían anecdóticamente A Cociña de Celeiro, entrañable pieza sobre la competición entre las vistas de una cocina de Lugo y una de la localidad, también lucense, de Celeiro.

Teclados, ukeleles, distintos tipos de percusión, guitarra acústica y eléctrica… se sucedieron en temas como Todo Medre u Os Pantasmas e hicieron de la intervención de Os Amigos un momento memorable del festival que me llevó, al día siguiente, a explorar su Bandcamp, seguirles en redes sociales y anotar sus próximas fechas de conciertos.

Por el Espacio Mahou pasaron también otros grupos novizos en el panorama nacional y gallego como The Cove, ganadores del concurso de la marca patrocinadora del festival Kaiku Caffe Latte –que, por cierto, regalaba infinitos, deliciosos y energizantes cafés a todas horas por todo el recinto-, el surf instrumental de Phantom Dragsters, u otros grupos como Stoyka o The Dirty Browns.

Los conciertos de la tarde los inauguraban los catalanes Cala Vento, con un concierto energizante y cargado de buen rollo y humildad. Con un recinto aún modestamente lleno de jóvenes, no tan jóvenes y familias abriendo la primera cerveza, dispuestos a pasar la tarde, resonaron las canciones más recientes del dúo catalán –Isla Desierta, 6 000 000 Millas-, de Fruto Panorama, combinadas también con apuestas de trabajos anteriores como Abril. Un rollo muy indie rock nacional que volvería, dos actuaciones más tarde, con los juveniles Airbag.

Y del indie-rock nacional pasamos al rock suave argentino. Tras un juego de luces y humo espectacular se escondió la actuación y el rostro –pues el humo convertía a los artistas en siluetas- de Él Mató A Un Policía Motorizado. Si bien los integrantes de la banda no interactuaron mucho con el público, pecando quizás de introvertidos, compensaron esta introversión con un sonido galáctico, rico en melodías eléctricas y en letras agridulces –“sé que es lo peor, pero esta es la mejor versión de mi”, cantan en El Mundo Extraño–.

El sonido parecía desajustado en los primeros temas, en que la voz del cantante se perdía por momentos entre la riqueza sonora y tuvo que pedir a los técnicos, por señas, que le subieran el nivel.

Él Mató llevó al V un sonido rock suave que no tardó en poner los pelos de punta con canciones antiguas como Mujeres Bellas y Fuertes, Nuevos Discos o Chica Escorpio, pero dejando también hueco para presentar su último álbum La Sintesis O’Konor y logrando sacar un coreo y cierto bailoteo del público en temas como La Noche Eterna o El Mundo Extraño.

Pero el plato fuerte de la jornada, probablemente responsable de la mayor afluencia de gente y del aumento de la media de edad respecto al día anterior, llegó con los granadinos Los Planetas para marcarse un bolazo de dos horas de duración. Un set quizás raro para esta banda en el que escasearon sus temas más conocidos o movidos –se salva, quizás, Un Buen Día– y que comenzaba con Islamabad, tema de gran pulsión social y muy adecuado para los tiempos que corren.

Los Planetas lograron así extender esa atmósfera suave que había sido bautizada por El Mató a un Policía Motorizado. El carisma de Jota, arropado por el increíble voltaje sonoro de su banda, consiguió inundar el recinto del V que, por primera vez en todo el festival, estaba prácticamente a reventar. Entre otras, sonaron Corrientes Circulares en El Tiempo, Hierro y Niquel Deberes y privilegios, en un set muy sentido que consiguió ensimismar a la mayoría de los allí presentes.

Tras dos horas de Los Planetas, los dos últimos grupos de la noche venían dispuestos a romper con esa tónica calma que se parecía haber apoderado del público y ofrecer un poco de marcha a los cuerpos allí presentes. En primer lugar llegó el punk de Los Punsetes para presentar su reciente Viva Viva Viva mediante una puesta en escena realmente impactante –nunca los había visto en directo- en que, como es tradición para la banda, Ariadna (ataviada con ropajes muy llamativos) permanece inmóvil mientras canta la letra de los temas con una precisión y sonido apabullante, mientras el resto de integrantes practican el shoegaze a su alrededor. Increíbles estos madrileños que, de la mano de Tus Amigos, Me Gusta Que Me Pegues o ese novedoso Viva consiguieron sacar el lado rebelde del público y levantar el ánimo y los pies del suelo.

Y para acabar el día por lo alto, una apuesta regional. Los ourensanos Terbutalina llegaban al escenario grande del VdeValarés directos desde el festival de música ska Revenidas, en Vilanova de Arousa, para ofrecer una explosión de sonido a ese “pijerío” que, como socarronamente afirmaba la formación, se arremolinaba en el V a diferencia del público del festival anterior.

Terbutalina ofreció la inyección de adrenalina necesaria para cerrar esa segunda jornada del festival, animando a los asistentes a bailar en pogo varias veces e interpretando himnos ya de la banda como ese mítico Compostela. Y de postre, llegó del Ochoymedio el DJ Smart, en sustitución a DJ Coco, para seguir pinchando hitazos indie y clausurar el V en su undécima edición, una edición marcada por una apuesta por nombres nacionales.

Y si bien el festival fue satisfactorio en lo musical, no debemos olvidar ese “volverás por el lugar” que, precisamente, incide en que una gran parte de la vivencia festivalera reside en el entorno. Acinamiento en un pinar, ausencia de control de acceso al mismo, caminos de tierra sin cuidar, poca iluminación en el camping, la prohibición de usar jabón en las duchas o el poco cuidado de los aseos son factores que contribuyeron a afear la experiencia de un festival que podría haber sido de diez.

La organización ya se ha disculpado en su cuenta de Facebook por este caos organizativo y yo, ya que es mi segundo año de Valarés, les daré mi voto de confianza y espero que sepan aprender de los errores y puedan rescatar esa esencia de festival pequeño, cómodo, pintoresco y, como una vez más ha probado ser, musicalmente exquisito.