Triángulo de Amor Bizarro y Knalpot, en Joy Eslava después de ArCo

Triángulo de Amor Bizarro

Fecha: 17 de Febrero 2012

Lugar: Sala Joy Eslava (Madrid)

Con la invitación que ArCo (Feria Internacional de Arte Contemporáneo) ha hecho a Países Bajos en la edición que acaba de clausurar, y como complemento a este programa de actividades, también hubo hueco para la música. Fruto de este intercambio de la percepción artística entre ambos países se celebraron en la sala Joy Eslava de Madrid unos conciertos-escaparate con lo mejor de la vanguardia holandesa y una muestra selecta y representativa de la nuestra.

El viernes, dentro de este ciclo de conciertos enmascarados bajo el nombre de Enjoy After ArCo, tocaron Knalpot y Triángulo de Amor Bizarro. Tras los brutales directos –de los que se acompaña repaso y reflexión- estuvieron pinchando Juha Dj y Jota y Florent de Los Planetas – Planetas Dj. El sábado, la jornada estaba reservada a los hispanoargentinos Cápsula, a los españoles Lüger y a los holandeses Machinefabriek. El postre lo puso una selección musical, suponemos que de lujo, a cargo de Tomás Fernando Flores, responsable del programa de música electrónica y de vanguardia Siglo XXI de Radio 3. Por cuestiones “de agenda” (por supuesto), sólo pudimos ir el viernes.

La sofisticación de los experimentales Knalpot sentó unas buenas bases para un directo más que correcto de los gallegos Triángulo de Amor Bizarro. Tan solo dos componentes saben poner banda sonora a momentos de una tarde-noche en el centro de Madrid. Sonaron, todas ellas instrumentales, canciones como Casio Halbzeit, Stainless o la pegadiza 15. Con temas así: largos, imprevisibles, cuidados y de película, nos hicieron vibrar percusionista y bajista. El segundo usaba también sintetizador, y ambos aparecieron con una visera de dimensiones desproporcionadas y un look de lo más casual. Con todo ello, y debido entre otras cosas al uso de unas cadenas de eslabones enormes para hacer sonar la caja de la batería, no quiero destacar su no-puesta en escena, ya que de este apartado se encargaron, principalmente, sus canciones sin voz. Con dos discos en el mercado, Serious Outtakes y Sauce, son una de las promesas de la nueva música de su país. El ambiente iba calentándose; si bien es verdad que habían comenzado con un poco de frío (vale, empezaba a las ocho y media de la tarde) a las diez menos cuarto ya estaba bastante caldeado. Al público le empezó a gustar la propuesta de Knalpot, asentados en Holanda, país en el que nos íbamos poco a poco centrando. Tras varias canciones, el tema 15 no dejaba de sonar en la cabeza del que escribe. Recomiendo que la escuchéis una vez y ya veréis cómo se multiplica. Podéis comenzar aquí. Acabaron el recital y dejaron al respetable con ganas de más, fuerzas que pocos se reservaron para el siguiente concierto.

Porque quien menos dio a Triángulo de Amor Bizarro fue un público que rozó el aburrimiento. Vale que los Triángulo no son para una hora sin copas y/o cafeína. También pasa que el entorno no era el adecuado. A pesar de ello a los gallegos parece no afectarles lo de alrededor. “Somos Triángulo de Amor Bizarro y nos gusta que nos metan el dedo por el culo”. Pues tampoco empezaron así. A su tradicional frase de presentación siguió algún que otro elogio al arte marginal, un guiño a la contracultura y “a tocar, coño”. Rodrigo, Isa y compañía salieron adelante con Muchos blancos en todos los mapas, retrospectiva adolescente y decadente que nada tiene que ver con el comienzo incendiario de “una vez que te acostumbras, hay algo mágico en que te rompan las piernas” de un Mal como ejemplo de mala voluntad que solía abrir sus directos. Dejando de un lado la nostalgia y la añoranza, diré que es difícil entender a los Bizarro si uno no conoce las letras de las canciones (buenísimas palabras), como difícil es superar su sonido. Así, si no te sabías lo que reza La maldad de las especies protegidas, podías entender Kinder en vez de Lince, pero no pasaba nada. Con El radar al servicio de los magos llegamos a un tercer momento memorable: había alguien que empezaba a moverse. Poguear es un verbo que no existe para la Rae, que viene del punk y que consiste en golpearse con los compañeros de fila; cuanto más cerca del escenario y del grupo, más violento. Yo creí que venía de los Pogues, banda ango-irlandesa  de culto, alcohol y culto al alcohol, pero aunque el verbo que describe la acción les viene al pelo, parece ser que no. Pocos pogueaban. Yo miraba porque bailar el pogo hubiera sido, si se quiere, ridículo.

La primera revisión al disco debut de los gallegos llegó con El himno de la bala, justo antes del momento (ese que siempre es igual) en el que los Triángulo invocan con su particular güija sonora a los fantasmas de la Velvet Underground para tocar dos canciones, casi siempre seguidas, que van muy en su onda: Estrella azul de España (a la que en esta ocasión siguió un “a incendiar el ministerio si os gusta incendiar”) y Super Castlevania IV, particular homenaje al mundo de la hipermedia (“yo pienso en echarme colonia, ella me pregunta ¿jugamos al Monopoly?”). Tras el vestigio dedicado a Cale, Reed y el resto de la Velvet, sonó Año Santo, y tras ella un tiempo para material nuevo (los Triángulo sacaron su último disco hace ya dos años). Un tema dedicado al pop español, o al gallego (por lo cercano a las piezas de, por ejemplo, Aerolíneas Federales) que podremos escuchar y que pinta como primer impulso para su nueva (y esperemos que pronta) entrega. Hueco para otras dos inéditas: una que dice “me va bien así” y otra que de nuevo nos lleva del “río al mar”.

Después de estas tres incursiones a lo ignoto, volvimos a vibrar con De la monarquía a la criptocracia, sintonía de ese programa de radio que nunca hice, y la más coreada: El fantasma de la transición. Tras ella otro hit; Amigos del género humano sonó a un volumen brutal. Hubo tiempo para dos más: otra nueva que habla de palabras-frases-letra y el final marcado por El crimen: cómo ocurre, cómo remediarlo. Al final nos quedamos con ganas de más, y me da la sensación de que ellos también…pero los tres cuartos de un aforo poco insistente ya estaba pensando en la música de Juha DJ, o en ir a beber algo y, quizá, volver para la pinchada de Planetas desde tres segundos antes que el telón empezara a bajar en el viejo teatro.