Toy, demasiado jóvenes para el declive

1 de marzo de 2017.
Sala Sidecar (Barcelona).

 

Al anunciar Toy esta gira en salas de pequeño formato, pensamos… que bien que podamos ver a esta banda en una sala de este aforo, cómoda y pequeña. Realmente son estos conciertos los que nos gusta ir, evitando el hecho de ver a esta banda en un festival, como suele ser lo habitual dentro de nuestras burbuja particular de festivales nacionales.

Toy es una banda inglesa que, como ya estamos acostumbrados, la prensa de su país encumbra, y le dan el halo de que van a comerse el mundo, los dioses Pitchfork y NME cantaron sus reseñas con fantásticas críticas, y eso hace que el mundo pose rápidamente sus ojos en esta formación. El hype parece ser que no ha durado mucho, y de manera muy acertada el promotor local ha programado esta banda en salas de aforos pequeños.

Finalmente, la experiencia de ver a esta formación en la Sidecar no se tornó en una cita interesante, de hecho todo lo contrario. Una pena. El sonido que la banda desplegó no ayudo para nada a sus canciones, con esa mezcla de rock psicodélico con toques shoegaze y postpunk, que hizo que el famoso wall of sound acabara siendo una pantalla de separación entre público y banda.
Sus temas, siempre in crescendo y buscando una catarsis sonora pero sin matices, lo que otorgó una linealidad en el concierto y una imposibilidad de emocionar y conectar con el público.

Fue una de esas veladas en que marchas de la sala pensando en lo mal que está la industria musical global, que a veces parece que está del revés. Una velada presumiblemente interesante en una sala clásica se torna en un evento frustrante. Nos encontramos una banda que, o bien con pocas ganas de currarse el concierto, o con una grave incapacidad para llevar el sonido de sus discos a un directo con un mínimo de solvencia.
Posiblemente tenemos algunas bandas patrias que se mueven en el terreno de la psicodelia con influencias británicas, mucho más solventes de lo que Toy fueron ayer, pero claro, estas bandas no aparecen en Pitchfork ni en NME con valoraciones de 8 o superior, y el público ávido del siguiente dios británico no les hace el mismo caso.
En este caso UK nos ha dado gato por liebre, han encumbrado a una formación que no se desenvolvió como una banda profesional en una sala pequeña. No todos son Arctic Monkeys, no todos sobrellevan la curva de aprendizaje como banda de la misma manera. Flaco favor les han hecho a estos jóvenes…