The New Raemon y McEnroe llevaron los truenos a Madrid

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Llevaba toda la mañana diluviando, pero, irónicamente, paró por la tarde. Así recibía Madrid al tándem formado por The New Raemon y McEnroe, que presentaron el viernes 27 en el Circo Price de Madrid su primer trabajo conjunto, Lluvia y Truenos.

Unos minutos pasadas las 20:30 Fira Fem saltaban a escena para abrir el espectáculo con Diosas Mujeres en un teatro casi vacío como consecuencia de esa puntualidad tan característica española, que impidió también disfrutar en condiciones de los teloneros a los pocos presentes. Entre el ruido del goteo constante de personas entrando, sonaron potentes los temas de Vida Nueva, el último disco del dúo formado por los madrileños Óscar de la Fuente y Manuel Cachero. Curiosa decisión comenzar con un sonido electrónico que tan poco tiene que ver con la melancolía del plato principal de la noche. Entre un escaso y desconcertado público, Fira Fem acabaron su breve espectáculo con la bailable Cine Azteca.

Poco tiempo después subían al escenario Ramón Rodríguez y Ricardo Lezón, acompañados de una banda formada por otros cinco músicos que supuso el acompañamiento perfecto, mención especial para el incombustible percusionista que es Marc Clos. Mientras que la voz de McEnroe portaba su característica gorra, sorprendía ver al músico de The New Raemon vistiendo una cazadora vaquera y no su habitual americana. Arrancaron con Lluvia y Truenos, el tema homónimo que abre el LP. Y, así, sin tregua y en riguroso orden, tocaron el álbum al completo. Montañas sonó profunda y se escucharon murmurados coros entre la audiencia, La Carta inundó el Price -el Fisher Price según Rodríguez- con la potente voz de Lezón, mientras que Mala Sombra supuso una dosis de energía. A continuación se sucedieron Fantasía heroica y Barcos, que dieron paso a “la canción más alegre del disco” en palabras del artista catalán, Cuadratura del círculo. Y es que Ramón Rodríguez adoptó el papel de frontman, amenizando las pausas para afinar de su compañero (que tuvo algunos problemas con su instrumento) con su peculiar sentido del humor. Como él mismo reconoció, ambos estaban nerviosos, por eso convirtió esa inquietud en verborrea y bromeó explicando que deberían haber llamado el disco “Putas y barcos”, ya que siempre que tocan en una ciudad llueve el mismo día.

Después sonó Gracia, una de las piezas mejor recibidas por el público, que aplaudió extasiado al acabar. Luego fue el turno de Espantapájaros, esa canción que Ramón dedicó “al mayor hijo de puta” que ha conocido, lo que llevó a algunas personas del patio de butacas a gritar instintivamente “¡Rajoy!”. Con Por fin los ciervos se creó una atmósfera íntima que se extendió a Pódznychev. Pata terminar, Ricardo Lezón explicó que iban a tocar Cristo de los faroles, un tema que compuso pensando en hacer una canción de amor normal, pero que acabó siendo lo más raro que había escrito nunca.

Tras esto, Ramón Rodríguez aclaró que iban a tocar más, pero sin hacer “la tontería esa” de salir para volver a entrar, algo que tampoco pone en práctica en sus conciertos en solitario. La espectacular Rugen las flores abrió los bises, seguida por Caballos y Palmeras y la arrebatadora Lo Bello y lo Bestia. Tímidas palmas arrancan con Campos Magnéticos, que sonó mucho más bailable y potente sobre el escenario. Ya solo quedaba una terminar, momento que aprovecharon para presentarse y dar las gracias. Entonces comenzó La Palma, que con sus últimos acordes arrancó los aplausos y vítores de los allí presentes.

La tristeza que rezuma Lluvia y truenos en estudio es innegable, pero en directo ese sentimiento deja paso a la belleza y se convierte en todo un espectáculo lleno de matices. No todo los días se puede de disfrutar de dos músicos de la talla de Ramón Rodríguez y Ricardo Lezón, que saben complementarse y combinar sus talentos para crear una tormenta musical que atrapa a todo aquel que la oye.