The Jim Jones Revue, pólvora mojada

Fecha: 23 de noviembre de 2012

Lugar: Sala Arena (Madrid)

Puede que The Jim Jones Revue sea una de las bandas más atranadoras y viscerales que se puedan encontrar hoy en día en la música. A pesar de ello, estos cinco músicos de Londres siguen enfundándose sus trajes y tupés función tras función. La elegancia siempre por delante. Con una música que camina sobre el puente que une el piano arrollador de Jerry Lee Lewis y la energía salvaje de los Stooges, su líder podría pasar por el sobrino bastardo de Little Richard e Iggy Pop. Sangre, sudor y rock&roll que la formación inglesa sumistra en pildorazos de dos minutos y medio.

Un credo que se ha mantenido a lo largo de los dos primeros discos del grupo y que les ha permitido ganarse una buena comunidad de seguidores entre los buscadores de las viejas esencias del rock. Zapatillas de gamuza, camisas remangadas y patillas hasta el mentón mandaban en el atuendo de los cientos de personas que acudieron al concierto que la Jim Jones Revue dio en Madrid el pasado viernes. La excusa, presentar un tercer trabajo discográfico en el que el quinteto mantiene su apuesta por el rock agerrido y brioso, aunque escorándolo hacia territorios más pantonosos y pesados.

Una buena estrategia si tenemos en cuenta que hace un tiempo la banda perdió a uno de sus baluartes principales, Elliot Mortimer. Su sustituto a las teclas, Henry Herbert, destila juventud y fachada, pero sin lograr alcanzar las cotas de genialidad de su predecesor. Quizás por ello el grupo ha preferido dotar de mayor contenido a las guitarras, que en The Savage Heart toman el mando en gran parte del plástico. Where Da Money Go? y It’s Gotta Be About To Me son dos buenos ejemplos de lo que se pudo escuchar en la Sala Arena.

No obstante fueron Killin’ Spree y Shoot First, dos de las composiciones de su viejo repertorio, las que dieron el golpe de la noche. Más tarde se unirían 7 Time Around The Sun, con su espíritu de cabaret, y Burning Your House Down, corte que daba título a su segundo trabajo. Canciones que tiran de energía y de indicadores en rojo en la mesa de mezclas, territorios donde la banda se pasea comodamente.

El problema llega cuando su líder intenta emular al Nick Cave más herrumbroso en Chain Gang y Eagle Eye Ball. Es entonces, con la banda a medio gas, cuando las limitaciones del cantante salen a relucir. Si antaño la garganta de Jones escupía gárgaras de whisky y rock&roll, parece que en los últimos tiempos la mecha se ha apagado. Ahogada en los pantanos del sonido rocoso, su voz resulta errática. Tampoco canciones como In And Out Of Harm’s Way, carentes de pólvora, ayudan.

Por suerte, la banda decidió, convenientemente, que en la última parte de su concierto mandara el ritmo y la fiesta. Elemental, Dishonest John y High Horse sirvieron para calentar la pista en un baile final que provocó unos cuantos sofocos. Ni por esas. Después de hora y media de show, los tupés y las camisas que llenaban la sala seguían intactos. Algo inaudito para estos hooligans del rock&roll.