The Jayhawks, perfección racional

Foto: Marta Fort.

 

14 de julio de 2014.
Sala Apolo (Barcelona).

 

Que rápido nos vamos a olvidar de lo que se supone tener un pianista en una banda. Pianista. Que no teclista. Éste último tiene otra función, la de dar cierta atmosfera a las canciones o engrandecer el coro de un tema.

Hablo de pianista, y en el caso de hoy en femenino. De Karen Grotberg que se pasa todo el show dando un concierto aparte con su instrumento, añadiendo empaque a unas canciones perfectas. De seguro que si desenchufáramos al resto de la banda, la pianista podría tocar todas las canciones por sí sola.

Lo de hablar de la pianista es como hacer la figura poética de la parte por el todo. Ya que es un claro ejemplo de la gran banda americana que son The Jayhawks. Y es que lo que nos dio la velada de ayer fue un ejemplo de lo que significa una banda de músicos, y no sólo hablamos de Gary Louris, frontman y por lo tanto, recipiente de todas las miradas, sino de todo el resto. Pocas bandas se pueden permitir el lujo de poseer dos excelentes guitarristas, que se turnan los papeles de guitarra rítmica y solista, y que incluso cantan los dos. Lo mismo pasa con Tim O’Reagan, batería que cantó dos temas, y sinceramente, ya les gustaría a algunos tener ese don para cantar como lo hizo.

El show de ayer en la Apolo fue como un juego de busca las 7 diferencias. Estamos acostumbrados a bandas jóvenes enmarcadas dentro del indie, más habituadas a unas composiciones con más o menos complejidad, y que sacan temas que son puñetazos, que entran rápido y te hacen bailar o cantar; el peso del himno, el tocar la fibra en menos de un minuto antes de que nos cansemos y pasemos a otra canción. Consumo rápido.
Por otro lado, los Jayhawks van por un camino totalmente opuesto: Largas composiciones que van entrando lentamente en la cabeza del oyente, casi que nos cuentan una pequeña historia pero sin olvidar su introducción, nudo y desenlace; no hay prisa. Podrían estar tocando horas y horas. Los americanos buscan crear un poso dentro de nuestro cerebro, poco a poco, como una gota malaya.

En fin, lo de ayer fue un lujo. Al menos a nivel musical, su directo es apabullante y seguramente haría sonrojar al 90% de las bandas que hoy en día están de moda sólo con uno o dos discos de estudio.
Quizás pagaron el precio de la ejecución perfecta. Hasta los tres últimos temas de la primera parte del concierto, antes de la pausa, la banda fue tocando un tema tras otro, sin mucha comunicación entre ellos, demasiado pendientes de sus instrumentos y monitores. Fue entonces, cuando metieron mano a sus temas más emblemáticos (Save It For A Rainy day, sonó a gloria) cuando se relajaron y apareció la complicidad y la sensación de conjunción, de banda. La sinergia.

Da la sensación que la formación se debe a sus canciones, confía en ellas y deja su alma allí, con ellas, mientras los músicos, racionales buscan el mejor medio para que suenen sus composiciones de la mejor manera. Así, los fans salieron en un limbo de la sala, seguramente sin ganas de volver a pisar el asfalto que había fuera, los que no lo somos tanto, somos conscientes de la grandeza musical pero quizás nos faltó algo de transmisión por parte de la banda, y con algo menos de contención seguro que nos habrían ganado el corazón por lo que nos queda por vivir.