The Hives: el directo elevado a la enésima potencia

Fecha: 1 de diciembre de 2012

Lugar: Sala La Riviera (Madrid)

The Hives: el directo elevado a la enésima potencia. Y es que eso es lo que llevan haciendo estos suecos desde hace casi dos décadas. Mediante canciones rápidas, directas y contundentes, disparan sin piedad en hora y media de concierto, para dejar sin aliento al personal allí presente.

Con apenas diez minutos de retraso se presentaron de punta en blanco para abrir con Come On!, canción de su último trabajo Lex Hives. Porque a eso vinieron, a presentar nuevo trabajo después de cinco años de sequía. Pero hubo tiempo para repasar toda la historia de los suecos, y hacer guiños al pasado con Abra Cadaver, Walk Idiot Walk o No Pun Intended, siendo éste último corte una oda al salvajismo más directo. Garage-rock en estado puro.

Ese pasado que han intentado recuperar en su último largo, con bastante acierto, pero que no termina de enamorar como antaño. Por ello se encargan de recordarlo en cada directo, de animar entre canción y canción, y de desprender energía explosiva, saltos y rabia en cada nota. Cuando el publico de la noche madrileña terminó de entender el mensaje, la comunión fue total y el ambiente se caldeó en la sala La Riviera hasta puntos que parecía extraño pensar en el frio que afuera reinaba. Inlcuso hubo tiempo para que un espontáneo pidiera, cartel mediante, subir a tocar el bajo en Hate To Say I Told You So y de paso nos ofreciera uno de los momentos más vibrantes de la noche con un resultado óptimo. Así son ellos. Cercanos, duros, directos, salvajes. Dioses del rock que permiten a los mortales mezclarse para disfrutar de truenos llenos de fuerza en cada canción, y elevarse a sí mismos como los hijos del rock del siglo XXI.

Entre los puntos álgidos estuvieron Die Alright, Main Offender y Won’t Be Long, convertidos ya en clásicos. Las nuevas canciones fueron acogidas con desigual fortuna como My Time Is Coming o I Want More. Sin embargo Take Back The Toys o Patrolling Days, corte que cerró la velada, fueron hasta cierto punto mesiánicas. Y es que es muy difícil seguir soltando adrenalina cuando ya te encuentras vacío de ella por culpa de un terremoto musical como el que se vivió en Madrid, epicentro de una rabia musical incontrolable.

En el turno de los bises sonó la obligada Go Right Ahead, y Tick Tick Boom, ofreció un demoledor y rompedor final. Solamente los suecos son capaces de tener esa facilidad de hacer de lo extraordinario una rutina. Sin fuerzas para más, la sala se vació con la sensación de haber presenciado pasar un huracán de proporciones inimaginables y sin embargo seguir creyendo que es lo normal cuando uno se llama The Hives.