Sharon Jones & TDK: El duende del swing

SHARON JONES

El swing tiene un duende diabólico en su interior. Siempre lo he creído y hoy lo he podido contemplar con mis propios ojos. El nivel de desinhibición que consigue este género musical pone en duda cualquier racionalismo posible. Se trata de magia negra. No temas, no hay hechizo malo posible cuando te protegen las fuerzas del averno.

Hacía tiempo que no veíamos a nuestro viejo amigo Satanás por la capital, pero algo de su esencia se dejó entrever en La Riviera a través de una verdadera energía negra que cautivaba sin pestañear con su sonrisa y sus movimientos espasmódicos eternos. Te contamos a continuación nuestra fabulosa experiencia en esta misa negra en la que el swing se nos quedó incrustado en el alma. Aún seguimos en shock y buscando en la guía a un buen exorcista que nos haga pensar en otra cosa que no sea en el directo de Sharon Jones y su fabulosa banda, los Dap Kings.

Antes del ritual que mis ojos iban a presenciar me recuerdo muy animado contemplando a una de esas bandas que no desgastan su carisma por mucho que den la tabarra en esta, su ciudad. Los Coronas tiraron de oficio para completar una de las actuaciones más interesantes que he visto en un telonero durante este año próximo a finiquitarse. Su conexión con el público y su místico sonido del sur convirtieron la espera en un placer. Se fueron con una bonita reflexión sobre la vida y el arte pero no nos advirtieron de lo que estaba por venir. Tras retirar los bártulos de la banda madrileña de escena viajamos en un aura densa hacia aquellos maravillosos setenta musicales que tanto espacio han ocupado en nuestros sueños. La banda de Sharon sale con ganas y sus coristas montan un show tan cómplice y perfecto que deja en evidencia el pacto de los Dap Kings con el diablo de la música. Todo un show alternativo sin la presencia de la protagonista de la función. De las tinieblas salen dos saxofonistas, un trompeta, un batería, dos guitarristas, un bajo y un excelente percusionista. Con semejante ejército, el demonio nos ha cautivado sin llegar a aparecer en escena.

SHARON JONES

El ritual comienza con la irrupción de una minúscula y entrañable señora de casi 60 años. Su voz nos invoca a la adoración del Soul más purista. Retreat! abre la velada y deja en evidencia que no será un directo convencional. Toca moverse sin parar. Los bailes enchufan a una Riviera cuya mente vuela hipnotizada al son del diabólico sonido conocido como Soul. Irresistible. La discoteca recibe una dosis tan elevada de ambrosía musical que no queda más remedio que ponerse a chasquear los dedos y mover la cadera al estilo de Chicago. Ya no estamos en Madrid, esto es una fiesta pagana y así son las cosas por allí. Los bailes de Sharon fusionan a Mick Jagger, James Brown y Tina Turner. La sirena, el helicóptero, el monkey, el pollo… Solo falta un beat que nos escriba un artículo para no salir de ese viaje por la música más americana.

La increíble fuerza sobrehumana de Sharon provoca un directo sin cortes entre canción y canción. Todo el live es un derroche de energía de una artista enorme que además tiene la suerte de contar con unos músicos exquisitos. Los soniquetes funk que salen de esas guitarras destrozan las únicas resistencias de la sala al desmadre total. Tras varios temas como If you call o He said I can, el vudú bondadoso de Sharon hace de las suyas. La cercanía entre público y artistas se materializa cuando al citar a su lado a un tipo de las primeras filas con una camiseta de los Arizona Baby. La cosa resulta y los meneos y los besos del encendido fan provocan un desfile popular de alienación ciega a nuestra nueva fe: el swing. El diablo sigue haciendo de las suyas encarnándose de nuevo en Sharon, que se dedica a sacar al escenario un muestrario de la variada belleza femenina de la ciudad. Todas bailan con la musa del Soul sobre las tablas al tiempo que todos nos divertimos debajo de ellas. Sharon sabe convertir un suspiro en algo especial. Descalza o con tacones no deja de moverse impulsada por quién sabe qué fuerza interior imperturbable.

Comenzamos a tener agujetas después de darlo todo en unos compases donde recordaremos la magia de escuchar en directo un mito como I heard it thorough the gravepine. Nuevo enfoque más pasional al concierto. La musa lanza un alegato por su raza y por el legado de quienes, como ella, han luchado a través del arte por conservar su identidad y obtener merecidos derechos. Madrid es totalmente negro a estas alturas del live y cae rendido al talento de Sharon que nos deleita ahora con Get up, get out, probablemente el tema más deliciosamente diabólico de la noche. Difícil no divertirse ni enloquecer con ese torrente magnético enfrente tuyo. El sonido de seda de la banda no puede tener un acabado más perfecto ni acariciar mis oídos de manera más dulce. Algo así debe ser cosa del demonio, pienso para mí mientras a mi lado todo el mundo sufre espasmódicos movimientos incrontrolables que les conducen hacia el escenario donde se ha creado ya un altar al baile.

Making Up and Breaking Up (And Making Up and Breaking Up Over Again) suena exquisita y no anticipa un final que cada vez parece más cercano. Tras comprobar que 100 days, 100 nights suena aún mejor en vivo nos encontramos con el broche de oro al espectáculo. Una homilía cuyo final se produce con una veintena de mujeres bonitas acompañando a Sharon mientras entona Stranger to my Hapiness. Sharon se despide de Madrid con una sonrisa y una promesa de volver. Sus devotos monaguillos estaremos esperando su misa negra en la que adoraremos de nuevo al duende negro del Swing. Esperemos que nos de tiempo para recuperarnos de las casi dos horas de baile frenético que hemos disfrutado hoy. No todos tenemos un pacto con el averno para bailar sin parar durante días. Vuelve pronto a Madrid, Sharon, tu oscura luz no se apagará en tu ausencia.