Segunda jornada del Primavera Club

Alex Cameron
foto: Dani Canto

Es difícil relacionar el concepto “super-grupo” con un festival como el Primavera Club, en el que se apuesta por nuevos talentos que llevan poco rodaje (por lo menos a nivel internacional). Sin embargo, Minor Victories consiguió deslumbrar al público de la Apolo sin perder esa esencia de grupo nuevo que acabas de descubrir y al que querrás seguir los pasos los próximos años. Con miembros de Mogwai, Slowdive y Editors, la banda ejecutó uno de los directos más energéticos que se recuerdan en el festival. De principio a fin un muro de sonido cargado de líneas de guitarra, sintetizadores, y unas bases forjadas a golpe de bajo y batería subieron el voltaje de la sala hasta los extremos. El post-rock de Minor Victories se convirtió en épica en varias ocasiones, sobre todo hacia el final de la actuación, en la que llevaron los decibelios a otra dimensión. Sonó contundente Rachel Goswell, aunque quizás su voz hubiese requerido un mayor protagonismo en la mezcla de sonido.

Otro de los nombres de la jornada fue Alex Cameron. La [2] de Apolo se quedó minúscula para recibir al nuevo crooner de Sydney y al saxofonista Roy Molloy. Sabíamos que Cameron era un auténtico showman sobre las tablas (todo lo que Alex Turner querría ser), pero no nos esperábamos sus discursos y sus hilarantes descripciones de sus letras entre tema y tema. Pero el humor y la pose no deben despistarnos: sus canciones se construyen sobre unas bases muy elaboradas que aportan elegancia y cierta oscuridad a su música. Con su traje de terciopelo y su micrófono dorado, Alex Cameron ha sido sin duda la revelación más extravagante y gratificante del festival. No es de extrañar su amistad con Mac Demarco. Dios los cría y Pitchfork los une.

De terciopelo también se plantaron en la [2] de Apolo los holandeses PAUW y su arsenal de psicodelia. Las comparaciones con Tame Impala y Temples son inevitables: voces agudas rozando el falsete y órganos que acompañan a guitarras cargadas de flanger. Pero los holandeses van un paso más allá y aportan en ciertos momentos de su directo descargas de rock guitarrero totalmente electrificares. Tienen presencia sobre el escenario y saben cómo hacer que el público siga agitando la cabeza.

Horas antes en la misma sala actuaron Retirada!, una de las promesas del nuevo rock catalán. Pese a ser una banda formada por dos miembros, Albert y Cuervo sonaron como un auténtico ejército arrollador gracias a melodías de guitarra que se superponían unas a otras gracias a un buen manejo de los loops. Nos quitamos el sombrero ante ese épico final con ambos miembros aporreando (muy coordinados) la batería mientras la guitarra con el piloto automático distorsionaba todo el sonido.

No fallaron tampoco los otros grandes nombres de la jornada. El escocés C Duncan hizo sonar su electrónica-pop con un sonido muy cuidado y acompañado por una banda que no cometió ningún error durante su actuación. Más cercana al público estuvo la neoyorquina-ecuatoriana Maria Usbeck. La cantante presentó su álbum Amparo y contagió al público con su electrónica melódica y sonidos exportados de diversas culturas latinoamericanas (llegó a cantar en lengua quechua). Remarcable también la apertura de la jornada a cargo de Aucell Cantaire y su delicado folk mallorquín.

Programación matinal y gratuita

La organización del Primavera ha manifestado en más de una ocasión su intención de estrechar los lazos entre la música y la ciudad de Barcelona. Para esta edición del Primavera Club, la organización programó algunos de sus conciertos en el Centre Cultural Albareda, un espacio público a pocos minutos de Apolo. Conciertos en horario matutino y de entrada gratuita.

Allí nos acercamos para escuchar a Lu Rois y a Søren Juul. La joven pianista de Sabadell tomó el escenario para compartir con los espectadores historias sobre la vida y la esperanza. Con una técnica envidiable y una voz cargada de personalidad y sentimientos, Lu Rois supo enmudecer a los asientes para conducirlos por los pasajes de su folk intimista.

El danés Søren Juul llegó acompañado de un bajista y un baterista con los que trazó el pop melancólico que ha hecho que algunos medios lo llamen el Bon Iver danés. Quizás la comparación no sea muy precisa, pero Søren Juul supo crear atmósferas que podrían usarse como bandas sonoras para paisajes naturales. Él mismo explicó que el océano es una fuente de inspiración para él. Su voz sonó dubitativa al principio pero poco a poco fue ganando confianza y supo terminar el concierto rebosando personalidad.