SCR, simpatía por el rock&roll

“Perdonad que afine”. Hacía media hora que SCR se había plantado sobre el escenario de la sala El Sol, y su vocalista, Eduardo Molina, apenas había tenido tiempo de coger aire, mucho menos de atender las demandas de su endiablada guitarra. De ahí la disculpa para tomarse un respiro que sonó a tregua en mitad de la batalla. También para el público, que durante la media hora anterior había sido asediado por una descarga de rock de alto octonaje, cortado en canciones de tres minutos. Puede que aquel sonido, marcado por esos riffs calenturientos, fuera de sobra conocido por muchos de los que ocupaban la sala. Sin embargo, hacía tiempo que no sonaba de manera tan fresca e incontestable.

Quizás la historia de la formación tenga mucho que ver con esto. Fajados en diversas formaciones de la capital, Eduardo Molina (Idealipsticks), José Alberto Solís (Última Experiencia) y Ekain Elorza (Dinero) se juntaron hace un año para dar rienda suelta a su afición por el rock de herencia setentera. Un encuentro fugaz que se saldaría con un primer disco (grabado en apenas un día junto a Juan de Dios Martín) y un par de conciertos que corrieron como la pólvora por los foros de los amantes del riff y las guitarras saturadas de la capital madrileña. Por desgracia el eco se perdió y aquella frescura inicial desapareció por culpa de los compromisos que los tres músicos tenían con sus respectivas bandas.

Quizás por ello el segundo golpe parecía el más difícil. Hace unos meses los tres miembros de SCR aprovecharon un hueco en sus agendas para grabar Sado, su segunda colección de canciones. De nuevo apenas necesitaron un día para registrarla, no fuera a ser que se perdieran las buenas costumbres. El disco, editado en estos días, vuelve a insistir en las mismas coordenadas de su predecesor. Esto es, riffs pegajosos, bases potentes y aires que recuerdan a los White Stripes menos complacientes. Una manera de decir que, lo que en ese primer destello de 2014 podía achacarse a la frescura de la primera cita, hace tiempo que dejó de ser un simple golpe de suerte.

La banda mantiene esa química infecciosa, no sólo cuando recupera las ráfagas de su primer disco, sino cuando presenta sus nuevas canciones. En Madrid hubo tiempo para ambas cosas. Cinco Cuerdas sonó pesada, con ese ritmo sinuoso y pegadizo. La Vieja permitió a Eduardo Molina demostrar sus habilidades con la slide guitar (algo que ya habíamos comprobado al comienzo de la noche, aunque con desigual resultado). Y Sal A La Calle afiló la lengua del vocalista en esa canción que la banda dedicó a los políticos actuales.

Más pausada, una de las nuevas composiciones de la formación demostró su amor por el blues de carretera. Una desviación que, lejos de sonar a capricho, parece atravesar muchas de sus canciones. De hecho, ahí radica parte del éxito de su fórmula. Con un pie en el rock de decibelios, la base rítmica formada por José Alberto Solís y Ekain Elorza tiene mucho de negritud y funk. Tanto que a nadie sorprendió que, en un momento de la noche, el vocalista de SCR escupiera palabras como si aquello se tratara de una pelea de gallos. Por suerte la cosa no pasó a mayores y el rock, sin adjetivos, con pegada, terminaría ganando la batalla con canciones como Dinero o Hipnosis. Un rock que invita a bailar a ratos, pero sobre todo a sudar. Un rock sin rehenes, que suena a fiesta y a celebración de lo simple y efectivo. Rock&roll a fin de cuentas.

Escrito por
Más de Javi F.

Paul McCartney en el Jubileo de la Reina de la Inglaterra

Lo del Jubileo de la Reina de Inglaterra fue una fiesta en...
Leer más