Royal Blood en La Riviera: “veni, vidi, vici”

Aunque iba a ser un bolo en la Sala Lemon, que luego se trasladó a la Sala Shoko y Sala But, finalmente fue La Riviera la que se convirtió en anfiteatroTambién iba a ser un concierto el 21 de noviembre, pero los guerreros de Birmingham tuvieron que posponer por enfermedad hasta el 1 de abril. Con tanta espera y tanto cambio, algunos desconfiados todavía no ponían la mano en el fuego por ver a Royal Blood en directo esa noche: “a ver si va a ser una broma del April’s Fools…”, se comentaba.

Al fin se cumplieron las plegarias de muchos, tanto de los que los veían por primera vez en Madrid como los que repitieron tras su actuación en el DCODE 2014. Pero primero había que soltar a los leones, unos Bad Breeding que sonaron como una embestida sobre el escenario. Una puesta en escena intensa pero agotadora, propuesta dura de noise rock que sorprendió al público, aunque ni para bien ni para mal. La actuación fue bastante psicótica, llena de sacudidas por parte de los miembros del grupo, con un cantante que parecía fuera de control y que saltó del escenario al suelo sin conseguir volver a subir a las tablas durante, aproximadamente, la mitad de su concierto. Sea como fuere, martillearon la sala potentemente con cada tema y nos trasladaron a la bestialidad de algunos shows ingleses.

Mientras nos recuperábamos de la violencia de Bad Breeding vimos caer la tela que descubría la brillante batería de Ben Thatcher ante un sold-out que no tuvo tiempo de impacientarse: con puntualidad británica el dúo de gladiadores atravesó el escenario y se colocó en sus puestos. Tuvimos una escasa hora de espectáculo en la que pudimos escuchar en vivo su debut homónimo al completo y alguna cara-b como Hole, que fue la encargada de abrir la noche para Royal Blood. El material en estudio suena enérgico, con fuerza pero sugerente, y en directo no podía ser menos. Tanto Mike Kerr como el batería reproducen impecablemente los temas sobre el escenario con la misma potencia y tono cautivador. Kerr desde el lateral izquierdo seduce al público con las arrolladoras e incitantes Come On Over, Figure It Out y Better Strangers, casi convirtiendo su bajo, su gran arma, en guitarra. Corto en movimientos -rara vez se separó del micrófono -, no quiso explotar el espacio que le separaba de su compañero, pero atacó bien desde su posición. Tuvieron a las miradas divididas entre ambos extremos, aunque poca era la resistencia ante la voz atrayente del bajista. El otro lado del terreno de combate lo reina Thatcher, y eso sí que es una buena armadura. Tras su coraza de platillos y percusión el batería no blandió un gesto bajo el yelmo de su gorra, pero sí sus baquetas de una manera implacable, propinando cada impacto con seguridad y al mismo tiempo como por impulso. La concentración no sólo fue la mejor defensiva de la actuación en general, sino también de las dos mitades en particular.

En el foso otra lucha entre los presentes con pogos a ritmo de You Can Be So Cruel o Little Monster. Pero los propios Royal Blood no quisieron hacer protagonistas al público: se dirigieron al colectivo para saludar con las palabras justas y para despedirse, con soberbia y los brazos en alto, subidos a las barras de bar a cada lado de la sala para ser alcanzados por cada par de ojos.

Interpretación perfeccionista que se saldó con una Ten Tonne Skeleton asestada con firmeza, y que tuvo como remate a Loose Change y Out Of The Black. El dúo británico tiene una ofensiva basada en la contundencia y la intensidad, y conquistaron Madrid de un sólo golpe maestro y certero. Llegaron, vieron, vencieron.