Rinocerose + Josep: La escena lunar

RINOCEROSE

Nos comentaba Josep poco antes de su concierto debut en Madrid que no se terminaba de creer eso de las escenas musicales. Siete horas después pude comprobar que la verdadera escena musical son ciclos, como los de la luna. Con sus caprichos y sus desmanes, los ciclos de la música pasan de creciente a menguante y en algunos casos llega a brillar la luna llena.

Josep es un claro cuarto creciente de la música con la energía suficiente como para imponerse a un injusto bajo aforo. Los grandes músicos demuestran su categoría ante aforos de mierda antes que ante grandes multitudes. Sin duda, su descaro es una buena noticia para el pop nacional y una gran reivindicación de lo bueno que sale de Catalunya. Rodeado de fabulosos músicos, el también líder de Stand Up Against Heart Crime es Mick Jagger si hubiese nacido en el Mediterráneo cuarenta después.

El talento interpretativo se mide en esto de la música en la capacidad de organizar un show elegante pero cómplice y lo suficientemente provocativo como para quede ese aroma irresistible a me la suda se impregne en nuestro subconsciente. Otro de los motivos por los que Josep transmite ese poder escénico se debe a su gran fortuna por contar con dos compañeros musicales del nivel de Raver Jewish o su fiel batería Arnau Obiols. Pocas veces el papelón es para el cabeza de cartel en lugar de para el telonero. 

Rinocerose no lo tenía fácil tras el espectáculo del bueno de Josep. Y nuestras sospechas se despejaron rápidamente. Las arrugas y la pérdida de frescura coronan la escena. Un tanto acartonados les cuesta entrar en calor aunque se abren hueco a través de temazos directos al hipotálamo. Poco a poco, aquello va tomando cuerpo y la temperatura de la sala rompe los decibelios de la noche. Hay cuarto menguante pero la luna promete emociones fuertes.

Al margen de dos nuevos temas como Angels & Demons o Medicine, el público comienza a saltar con perlas noventeras como Inacceptable, Bloodsport o Machine Poue Les Oreilles. El paseo de guitarras de Jean Philippe resulta fascinante. La belleza de su decena de exclusivas seis cuerdas sólo es eclipsaba por la mítica Patou Carrié, que exhibe una curiosa mezcla de cuero negro y timidez. Suena Le Mobilier y la Joy Eslava explota, literalmente. Ruge como La Bombonera y los minutos que dura el himno justifican la entrada. Nadie se queda quieto y se instaura una locura colectiva que parece fruto de un milagro lisérgico.

Otra virtud que sabe explotar Rinocerose es el carisma de sus dos magníficos vocalistas. Bnan y Jessie Chaton para poner la guinda a canciones tan divertidas como Bitch, Cubicle o Fucky Funky Music. La gente sonríe, la música suena exquisita y los cantantes entregados a la causa dan lo mejor de sí. Una espontánea decide abusar de la hospitalidad francesa dando un colorido muy cañí al espectáculo. La simpatía de la banda permitió eso y nos regaló unos bises largos y bien diseñados con Cubicle cantado a dúo por los dos vocalistas de Rinocerose como plato fuerte.

Tras casi tres horas de buena música volví a casa con la sensación de sentirme muy afortunado por haber podido contemplar las fases de la luna en el interior de un fastuoso edificio de Madrid. El cuarto creciente de Josep, el menguante del arranque de Rinocerose y su posterior luna llena que brilló más intensa que cualquier otra triste noche en esta ciudad. Rinocerose es siempre sinónimo de diversión y talento.

 

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