Reptile Youth, una explosión de energía en Madrid

Reptile Youth Madrid

3 de abril de 2014
Sala Joy Eslava (Madrid)

Comentaba con cierta sorna Mads Damsgaard Kristiansen, vocalista del grupo danés, que este pasado jueves se estrenaba en salas españolas, que mientras el resto del grupo ensayaba en la céntrica Joy Eslava, él salió a tomar el aire a las calles madrileñas. Lo gracioso de la anécdota fue que un hombre se le acercó y le dejó una moneda y una biblia en la mano: “se pensaba que yo era un mendigo”, comentaba Mads entre las risas del público. 

Haciendo honor a su nombre, la juventud madrileña se reunió en la pequeña sala, donde, aún medio vacía, recibieron a Kitai, una banda de la capital con gran perspectiva de futuro tras participar en la edición de 2012 de WOLFEST.

Con la peculiar voz de su cantante y sus poses que evocaban a un Ian Curtis previo a un ataque epiléptico, abrieron con Booom!, su último single, ruidosa declaración de intenciones ante un escaso público (la sala no se llenaría hasta la aparición de los de Copenhague sobre el escenario, a eso de las nueve y media), nos dio una pista sobre su estilo, claro contraste a Reptile Youth.

Las potentes guitarras de Superior nublaron la inteligible letra y fueron animando al personal, que fue viniéndose arriba tras Solo, pues comenzaba Luz Artificial, quizá su tema más popular, y la confirmación necesaria de su talento enbrutecido. Recordaron que pronto empezarán gira por territorio nacional, antes de despedirse con  Melodrama, entre los aplausos de un público que había ido creciendo y se mantenía expectante ante la aparición de los protagonistas de la noche sobre el escenario.

Los daneses aparecieron ante una ovación popular, sin embargo, el carismático frontman no hizo acto de presencia hasta que el primer tema no hubo comenzado.

Escondido bajo una sudadera con capucha y sin parar de moverse frenéticamente por todo el espacio, Mads enloqueció mientras interpretaba Rivers That Run For a Sea That Is Gone, tema que da nombre a su último disco y que despertó hasta a los más estáticos. Quienes no hubieran podido verles en festivales como la última edición del Dcode Fest en Madrid tuvieron la noche del jueves la oportunidad de disfrutar de estos nuevos temas, como en el caso de All Of The Noise, con una perfecta conjunción acústica tanto vocal como instrumental, un sonido perfecto que siguió por la senda marcada por este último trabajo. El siguiente tema elegido fue Structures, que, aun con menos fuerza que los anteriores, demostró que esta banda no deja un respiro para el baile, por mucho que el ritmo se calme. Volviendo a sus orígenes con Dead End, escuchamos el gran trabajo de sintetizadores que acompañaba a un sonido instrumental un tanto tenebroso y oscuro.

Más protagonismo para este último disco, de la mano de We’re All In Here, Where You End I Begin y el single presentación JJ, esperado por muchos, como es entendible. Este último, impregnado de influencias britpop noventeras, es la muestra del eclecticismo que un grupo puede aunar en tan solo dos álbumes de estudio, y evocar desde la psicodelia más extravagante a la electrónica más accesible y bailable o al rock alternativo de fácil escucha.

Colours y Above marcaron la mitad del concierto, donde también hubo momentos para la práctica de castellano por parte de Esben Valløe, bajista y segunda mitad del dúo.

Entre un crowdsurfing y otro, Mads desataba la locura; ayudando al batería con la percusión, hizo bailar y saltar como locos a todo su público con Two Hearts, un tema potente con base rock y futuro quemapistas en todo garito indie que se precie. Prácticamente solapándolo con Heart Blood Beat, lo que significó un regreso al álbum debut, casi inexistente en este breve concierto a excepción de un par de temas, por fin dejaron un momento para el descanso, que no llegó a durar ni un par de segundos (“lo bueno si breve, dos veces bueno”, cierto en este caso), el tiempo suficiente para que cogiéramos una bocanada de aire con que llenar nuestros pulmones y nos preparáramos para el plato fuerte, un Speeddance aliñado con un Mads sin camiseta surfeando entre el público por tercera vez en poco más de una hora.

Es inevitable vivir al máximo un concierto si sus protagonistas se encuentran tan a gusto, ya sea encima de un escenario o entre su público dejándose toquetear por sus fervientes admiradores.

 

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