Puesta en marcha de ‘La frontera’, de Joaquín Pascual

Fecha: 11 de Abril de 2012

Lugar: Sala El Sol (Madrid)

Foto: Moisés Galán

Hay conciertos y directos, y estaba claro que la repercusión del de Joaquín Pascual, hoy, no es la de épocas como la de Mercromina o la de Surfin´ Bichos –que tampoco fueron masivos-. Tampoco es Fernando Alfaro, sino más bien la planta que crece a la sombra del gran árbol. Y hay que exigir honestidad. Yo soy de la opinión de que la amplitud de miras es imprescindible para sobrevivir, así que cuaderno en mano y con cámara buena nos fuimos al Sol para disfrutar de las canciones de este pilar, para mí desde hoy imprescindible, de la escena musical nacional.

Sillones para sentarse, acompañado de una banda con dos chicos y dos chicas salió Joaquín Pascual con Ritmo caliente, la primera en sonar –“tú y yo, sabemos que esto es nuestro, y no es de nadie más”-. El final en progresión de este primera toma de contacto me adentraba en la tranquilidad y la oportunidad de saborear ese momento que, tras un día frenético, se dilataba en el tiempo.

Tras el primer tema de La frontera, sonó Tres vidas, otra de las canciones de paso lento y letra corta, pero de letra desgarradora. Pulso tomado. Los protagonistas puso la guinda de esta triada-presentación de un último trabajo que ya no consagra al artista como letrista e intérprete, sino que lo confirma y asienta. La frontera es para mí un disco con gran entidad, algo que lo distingue de las sensaciones provocadas por cada canción y lo hace independiente.

Con la perspectiva llegamos a la número 7 del último disco, editado en CD y LP. Ahora me doy cuenta de que el recorrido 1-3-5-7 responde a cierta lógica. Este ritmo queda roto en La reacción, canción que Joaquín interpreta con su guitarra eléctrica junto a un miembro especial de la banda: su hija; una desnudez que todo lo abarca; no es necesario más. Esta interpretación, igual que la del disco, recuerda a un desierto de Almería, a las bandas sonoras de las películas de Sergio Leone y a las escenas del principio de la trilogía Nocilla, ese producto un tanto burdo que llegó a invadirlo todo.

Sin esta digresión no hubiéramos llegado a la última canción de La frontera. Cosas bonitas, con campeones del mundo dando traspiés por la zona. Entre el público vemos a Abraham Boba, Antonna –que no se pierde una y podría citar más de cuatro- y a Pau RocaLa habitación roja DJ-. No suelo citarlos cuando los veo en los conciertos ajenos, pero esta vez me ha dado por ahí: casi cinco minutos de imágenes sugeridas en esta canción con violín rodeado de amigos y en una especie de hogar musical.

Es momento ahora de El ritmo de los acontecimientos –disco de 2010- con Disfrutando de lo lindo, otra canción desnuda más, seguida de la presentación de la banda. Superbanda en realidad con Ana Galletero al bajo McCartney, coros y violín, Rafael Estrela –también de Tórtel, de los que se espera disco en breve- y José María Castillo. A la guitarra, Ángela Pascua, hija de Joaquín. Escuchamos Viejo cascarrabias, una de las canciones que más me gustan de La frontera.

Todos los días tengo un accidente inaugura una fase rítmica, seguida por la contundencia de La unión y la fuerza, dos temas potentes en el extremo del pop.

De paseo es una canción que el albaceteño dedica a su fallecido perro, originalmente llamado Warhol. Después Carreteras secundarias, siempre dedicada a la virgen de la localidad en cuestión, aquí la Almudena. Un hombre como los demás es la alegría del ritmo, que anima un tema triste. La primera retirada se produce con Nos miramos a los ojos, “la canción más divertida” de Joaquín Pascual.

Sólo te pedí un cigarro abre un bis de tres canciones, seguida de Ella me atropelló y un clásico de Mercromina, Evolution. “Nos despedimos con una canción más vieja que muchos de los que estáis aquí”.

  • Moisés

    Un gran concierto en buena compañís

  • El Sol

    Que guapa la bajista.