PRIMAVERA SOUND 2010

Tan completo, tantas cosas, tan intenso, que cuesta describirlo sin que esto se convierta en una diatriba de halagos hacia el festival, pero vamos a intentarlo empezando por las quejas, lo malo, lo que no me ha gustado, para acabar con lo estupendo, mucho más abundante y así irnos con buen sabor de boca. Y sin olvidar que es mi primer Primavera Sound, y espero que no el último.

La pulsera, horrorosa, colas interminables para salir y a veces para entrar, la cerveza, cara, los baños, escasillos, dependiendo de la hora y el lugar y lo de llevar una tarjeta a la vez que la pulsera para entrar, incómodo. Por otra parte, al haber tantos tocando simultáneamente, (¡siete escenarios, siete!), me he perdido o he visto a medias a algunos a los que me hubiera gustado disfrutar más. Y la realización de los que transmitían por las pantallas del escenario principal (grandes y estupendas) no era demasiado buena; eché de menos ver con más frecuencia a Kim Deal, a Joey Santiago y a Christopher Lowe.

Siguiendo con el puro tema musical, que es lo que nos interesa:

Wilco: sosos, sonido distorsionado al principio, bajo excesivo y mal ecualizado, aunque luego fue mejorando, tal vez demasiado instrumento mal regulado. Reconozco su valor musical, pero nunca han sido santo de mi devoción, aunque esperaba más de ellos.

The Charlatans: No sonaban mal, pero repetitivos y no te daban ganas de seguir allí.

Tortoise: Empezaron descompasados y extraños (¿o hacía demasiado tiempo que no los escuchaba?), pero acabaron mejor.

Actuaciones que me perdí o que vi a medias, algunas en otra ocasión, ¡cachís, todo no puede ser!

Beach House: con una oreja en sus canciones, el resto del cuerpo cenando, y la otra en Wire. El cuerpo desdoblado en tres se rebeló, ¡decía que ya estaba bien de tanto estrés!, pero lo que mis oídos decían es que ambos estuvieron de maravilla, sonaban, bien, bien. The Big Pink, también oídos de refilón, buen directo, aunque después de saber lo que van diciendo y haciendo por ahí, dudo que se comportaran decentemente con su público.

Spoon: nada del otro mundo, pero tampoco fue ningún desastre.

Marc Almond: Marco Almendra le llamaba yo en mi época, claro, de instituto a casa, ¿qué demonios hacía allí? Para mí, poco comprensible (para otros, este “pega menos que a un cristo dos pistolones” eran los Pet Shop Boys), pero llevaba buenos músicos.

Fuck Buttons: No es que estuvieran mal, pero su carácter experimental me cansó un poco. No hay que dejar de valorar lo innovadores que son.

Orbital: Esto era de los últimos a última hora y se ve que ni el cuerpo ni las neuronas aguantaban ya tanta tralla. Contundentes y para no dejar de bailar y entrar en trance, por lo repetitivo de sus canciones.

Y ahora los buenos, buenos, los que me dejaron con la boca abierta y me permitieron irme de allí contenta de la vida.

Grizzly Bear: He de confesar que su estilo me parece ligeramente soso, algunas de sus canciones me encantan, pero todo un disco me puede dar sueño. Aún así, su calidad musical es innegable y su actuación en directo irreprochable, yo diría que sin fallos apreciables, perfectos. Todos tocaban varios instrumentos y no siempre cantaba el mismo. Músicos en estado puro.

Pet Shop Boys: Vale, no pegaban demasiado, pero el espectáculo que llevaban era muy divertido, completo, simpáticos y para bailar mucho. No estuvieron tan animados como la vez anterior que les vi en el FIB, pero desde luego, muy entretenidos de ver, escenario currado, bailarines a juego y majos, majos. Eso sí, mucho pregrabado ¡hasta Dusty Springfield, que en paz descanse, cantó!

Pavement: Maravillosos, espectaculares, con ganas de comerse el mundo, tocando de todas las maneras; la guitarra con el suelo, ahora cantas tú, ahora yo, concierto memorable, y eso que yo no era gran fan, pero me han convertido, fue mi bienvenida al fanatismo Pavement, sí señor.

Low: En el auditorio, fantástico lugar que sonaba prodigiosamente, peculiares como ellos solos; dos instrumentos y medio (ella toca la batería sin bombo ni charles y de pie, guitarra y bajo), dos voces asombrosamente bien coordinadas e imposibles de desafinar (lástima que a ella no se le dé más volumen en sus grabaciones), tocando todo su disco The Great Destroyer de pe a pa, tipo de concierto que sólo he visto en el Primavera y que me parece de lo más interesante.

Pixies: Definitivamente, los amos del festival. El concierto donde más gente había, donde más involucrados estábamos, donde más bailamos, lo bien que sonaban, el repertorio de maravilla (es cierto que eché de menos alguna, pero esto suele pasar cuando eres fan y refan de toda la discografía de alguien). Y ya puestos, me quité aquella espinita de cuando tocaron en el FIB, una valla se cayó y aparecieron esos carteles “don’t panic” que aún te dan más panic, cuando se retiraron del escenario, para salir luego ralentizados, supongo que con miedo a que la gente se excitara tanto. Bien, espinita expulsada, conciertazo tremendo, siguen siendo y serán de mis favoritos. Es verdad que mayorcitos, gorditos y con dioptrías, pero no han perdido un ápice de su fuerza al tocar sus temas, qué bien han envejecido. Y Kim Deal de lo más simpática. Una gozada.

Y sólo faltan los que eché de menos: me comentaron que ApseGary NumanJapandroids estuvieron muy bien, y me hubiera gustado ver a The New PornographersShellac, The XX y la actuación infantil deManos de Topo, pero como aún no tengo el don de la ubicuidad (solicitada está, pero no hay manera) no pudo ser.

Festival muy completo, pero cansado. Encantada de haber estado allí. A destacar el civismo del público, casi todos los asistentes van a escuchar y disfrutar la música, no a emborracharse, disfrazarse y estar de juerga toque quien toque. Por supuesto que eso no significa sosez y aburrimiento, juerguecilla hay, pero lo más, lo más, es la música, no hacer el tonto. Algún carrito con bebé se vio por allí, es la edad, supongo. Esos irán solos dentro de unos años, espero. Muchas ganas de volver de nuevo, cuerpo recuperándose, sentidos extasiados y totalmente satisfechos.