Mucho y Chucho en el Let’s Festival: A Chucho le faltó Mucho

Chucho Let's Festival - Crazyminds.es
Ft Jorge de Arlanza

El pasado 11 de marzo se dieron cita presente y pasado de la escena musical española en uno de los dobles carteles a los que nos tiene acostumbrados el Let’s Festival. Mucho, que están acabando ya la gira de su fabuloso Pidiendo en las Puertas del Infierno y Fernando Alfaro al frente de nuevo de Chucho que han vuelto al candelero con su nuevo Los Años Luz tras 12 años de espera discográfica.

Y lo cierto es que la conjunción de pasado y presente (o futuro), de estas dos enormes bandas, ha dejado de manifiesto la importancia de la actitud, de tener las ganas de comerse el escenario, de crear ambientes, de tenerlo todo por ganar y de lanzarse al escenario como si cada noche fuera la última. Una banda la tuvo y la otra no. Y eso no hizo más que poner de manifiesto las enormes diferencias escénicas entre unos y otros, lo que a la larga sirvió para que uno de mis acompañantes me diera la clave para titular a esta crónica: A Chucho le faltó Mucho. Porque por lo visto el pasado sábado en la SalaMandra de L’Hospitalet sólo la banda de Martí Perarnau, que además presentaba guitarrista nuevo, estuvo por la labor de realizar un concierto que tuviera a los no muchos asistentes, la verdad, disfrutando y viendo a una banda que crece con cada actuación.

MUCHO Lets' Festival - Crazyminds.es

Ft. Jorge de Arlanza

Mucho, finalmente ha encontrado su sonido. Su perfecta fusión de teclados y elementos electrónicos junto con una guitarra y un bajo que saben encontrar su espacio, haciendo crecer de manera monumental canciones como Fue, Las Puertas del Infierno, Los Amantes no Olvidan o La Velocidad (que suena cada vez más a los Pink Floyd de 1973) o aumentando la intensidad emocional de Perro Negro, SL y hacernos bailar como demonios con Las Nuevas Ruinas. Además, Perarnau ha crecido mucho como frontman, sabiendo salir de su búnker tras los teclados para deleitarnos con sus extraños pasos de baile, caer de rodillas dejándose llevar por un falsete imposible o sabiendo dejar espacio a sus compañeros de banda para que sobresalgan con sus instrumentos. Porque es, en la aparente sencillez de los temas de Mucho, donde se ve realmente lo bien trabajados que están, tanto en la construcción como en la ejecución, lo que les lleva a poder mutar en algo diferente una vez se trasladan al directo, apostando por ritmos más bailongos o más ambientales según se vaya viendo el humor y las ganas del público en la sala. Y lo cierto es que hubo muchas ganas de bailar y de aplaudir y de corear las canciones. El concierto nos dejó a tope, sudados y bailados y con ganas de ver a una de las bandas míticas del indie de nuestro país y líderados por uno de los personajes definitivos de la escena. Chucho.

Chucho Let's Festival - Crazyminds.es

Ft. Jorge de Arlanza

Y a partir de ahí vino la bajona. Pese a que el esperado retorno de la banda, Los Años Luz, tiene temas muy consistentes como Esto es un Error o Flores Sobre el Estiercol, Oso Bipolar o Cosas Hermosas, acompañado junto a los grandes éxitos, ya inmortales como El Detonador,  Perruzo o Un Angel Turbio y que el retorno tras la gira de reunión de 2013, lo que hace que llevaran tiempo sin girar, nos tenía a muchos ansiosos por poder verlos en directo. Pero,  al final , tras ver sólo tres canciones, ya nos dimos cuenta de que este iba a ser un concierto de barra y cerveza y de adoptar una postura etic en vez de emic.

Un sonido plano, sin matices, mal ecualizado y con un volumen muy bajo para lo que es una banda que hace bandera de las guitarras fuertes y afiladas, además de una actitud no sé si apática o ausente, por parte de Alfaro, que balbuceaba las palabras de presentación de cada tema, tras acabar el anterior, a mí me sacó del ambiente en el que me había dejado Mucho. Sí, ya sé que las dos bandas buscan objetivos diferentes, pero es que la diferencia entre unos y otros fue tan avasalladora que ahora entiendo lo que sintieron los asistentes al concierto en el que Van Halen hicieron de teloneros de Black Sabbath en 1978. Los temas sonaban tremendamente desganados, sosos, sin fuerza y, lo que es peor, sin matizar y sin aportar nada. Por poner un ejemplo, El Detonador, que es un temazo con un sonido de teclados y guitarras muy ricos, sonó flojo, plano y a un nivel indigno. Apenas los cuatro fans acérrimos de la banda,que estaban en primera fila, seguían intentando vibrar con el recuerdo de las canciones que corearon en su juventud mientras se enamoraban o salían de fiesta. Así, el retorno de Chucho en directo, al menos en esta ocasión, nos dejó con una sensación muy agria y, hasta cierto punto, triste al ver la incapacidad de sacar adelante temas emblemáticos, que sobreviven por el recuerdo y unos temas nuevos que viven mucho mejor en el disco que en directo.