Morrissey en la Razzmatazz; salpicadas de sudor

Morrissey y la sala Razzmatazz siempre han tenido una relación estrecha, no precisamente por las visitas del artista pero sí por las sesiones de clubs que se organizan en esta club. El británico siempre está presente, así como el legado de The Smiths, en noches temáticas o visitas de Johnny Marr y Andy Rourke en sus vertientes de dj. Así que era de justicia que algún día se pasase a tocar en directo, y evidentemente, es un lujo poder disfrutar de este artista en un club de 2.000 y pico personas, y verlo de cerca.

Tuvimos que esperar media hora a que apareciera. Espera que se hizo más amena con las proyecciones de videos musicales, cortes de películas clásicas e imágenes de las manifestaciones durante la era Thatcher. La Inglaterra de Morrissey aflora en estas imágenes, así como su iconografía cinematográfica tan asociada a las portadas de los singles de The Smiths; pero fue un corte de un directo de Charles Aznavour que resaltó sobre el resto, en él el cantante está solo con un telón detrás, llenando el escenario sólo con su presencia y su particular gesticulación.

Posiblemente así se ve Moz a SÍ mismo en su etapa en solitario; defendiendo su propuesta y siendo objetivo de todas las miradas.

Y salió la banda, toda ataviada de blanco y con tirantes, y él de oscuro.

Empezó fuerte con Suedehead, y eso nos hizo soñar que quizás esta vez tendríamos un grandes éxitos de su carrera. No fue así, pero empezó realmente bien, tocando los mejores cortes de sus últimos tres discos: World Peace Is None Of Your Business o Staircase At The University sonaron mejor en directo, y es que Morrissey se ha juntado con una buena banda que envuelve y mejora algunos de los temas de esta etapa que podríamos definir como la iniciada con You Are The Quarry (2004). Hay que destacar que los temas de este álbum son de los más celebrados por el público: The First Of The Gang To Die  o The World Is Full Of Crashing Bones fueron un reflejo de ello.

Cerró el concierto con Meat Is Murder y llegó el momento más aleccionador de Morrissey; atrás una dura proyección sobre las prácticas que la industria cárnica acomete sobre los animales. Cada uno que lo viva a su manera y que juzgue la idoneidad de la crudeza de las imágenes.

En el bis, Everyday Is Like Sunday cerró por todo lo alto, aunque más que un bis pareció una concesión hacia el fan, ya que fue la única canción que tocó en esta recta final.

Camiseta fuera y lanzada al público que enloqueció repartiendóse el tesoro. Fue y sigue siendo un referente generacional de la gente que tuvo la suerte de ver florecer a The Smiths y también de los que viven con la nostalgia de esos años no vividos.

De nuevo Morrissey nos visitó a su manera. Un buen show con algún altibajo de ritmo debido a los temas escogidos, pero sonando realmente bien y él en un buen estado de forma, y con el placer que es verlo de cerca en una sala como esta.

Seguiremos esperando ese día en que el bueno de Moz se relaje y nos haga un concierto con sus grandeS éxitos, propios. No hace falta pedir los de The Smiths, que ya los tocarán cuando se junten de nuevo.

Seguimos soñando.