Maika Makovski: Canciones para follar o para ir de compra

MAIKA MAKOVSKI

Es 8 de abril de 2011. Jueves. Madrid. Sala Sol. Aforo completo. Se hacen esperar. Un poco. Lo justo. Lo necesario, quizás. Salen. Los 4. Guitarra, batería y bajo. Básico. 3 hombres. Y ella. Maika toca la guitarra. Y los teclados en algunas. Y canta. Y podría hacerlo incluso hasta el mísmisimo final. De todo. Luces fuera. Fundido en negro. Luces rojas. Empieza la película.

Hay algo que perturba y atrae en la música de Maika Makovski. Hay algo oscuro y mágnetico en su voz. Hay algo de Tarantino en todo esto, en lo que evoca. En la Americana que suena. En el Oeste. Todos tenemos uno. Nuestro Idaho privado. Búscalo. En la belleza de lo sórdido.

“Cuando dije que podíamos ser amigos, quizá quería decir que podríamos desnudarnos y tumbarnos juntos un rato. ¿Qué podría decirse sobre eso?”. Dice ella. Dicen que los gatos cuando muerden lo hacen por cariño. “Esta canción la dedicamos a los cabrones y a las golfas”, dice ella. The bastard and the tramp. Sin ser ella nada de eso. Y todo el público sonríe. O se da por aludido. Perversión. Quizás sea la palabra. El concierto suena muy bien. Y eso es de agradecer. Desgranan su último disco, de nombre homónimo. Ritmos muy marcados. Zigzaguendo. Como la serpiente en su video. Su gran video. De Lava Love. Buena línea al bajo. “Como puede caber tanta maldad en una persona así”, dice ella de su guitarra. Lo dice sonriendo. Maliciosa.

Hay mucho de pasional en las canciones de Maika Makovski. De incontrolable. De amor prohibido. Infiel.Incluso. O escondido. Con un punto sucio, quizás. Y en directo ponen la misma entrega que merecen sus canciones. No hay artificios. Solo folk, americana. Algún ritmo rockabilly. Rock and Roll. Son sus ojos negros que brillan en la oscuridad. Morder es cariño. Y ella muerde. Hasta hacer marca. O que haya un hilillo pequeño. Una marca de sangre. Y luego suelta. Y sonríe. “Esta canción es para un hombre felizmente casado”, dice ella. Y sonríe. Maliciosa.

El grupo está comodo y a gusto. Y agradece el lleno de la sala. Y sudan. De destacar la canción que se marca sola Maika. Sola a guitarra. Desnuda la canción. Silencio en el público. Admiración, quizás. ¡Y dios cómo canta!. Aplausos. Caen Devil Tricks y Ruled by Mars. Dejando para el final Lava Love. Todo un himno.

No voy a hablar de comparaciones con PJ Harvey, ni de John Parish. Ni de que Maika Makovski se pueda convertir en la nueva musa de todo esto llamado indie. Ni de que seguramente la valorarán muy bien fuera de nuestras fronteras. Ni de su sangre, andaluza, macedonia, mallorquina y barcelonesa. Por que todo eso se queda a un lado. Si escuchas. No si oyes. Escucha a Maika Makovski. 8 de cada 10 médicos del corazón la prohiben. No lo hagas tú.

Bises. Hora y media de muy buen concierto, acudan pronto a uno. Déjense llevar al misterio, al morbo, a la perversión. Bienvenidos al lado oscuro.