Los Ganglios en Apolo: Apoteosis del LOL

Los Ganglios Apolo - Crazyminds.es

Increíble como, a través del boca oreja y de la viralización de sus vídeos y demás parvadas audiovisuales, este trío extremeño-barcelonés ha conseguido pasar de tocar en salas pequeñas y ante cuatro frikis a dar el salto y llenar una de las salas de medio aforo de referencia de Barcelona, el Apolo. Y lo que les queda. El salto de calidad se dió hace un par de años, a raíz de la publicación de su tercer disco, Lubricante, cuyos videoclips de Babieca Hiede, Infocreación, Calvario, y tantos otros, acabaron viralizándose y convirtiéndoles en fenómeno de culto y en el gran secreto a voces del electropunk-cumbia-porc o lo que sea de la escena española. Su último trabajo, Segunda Escucha, sigue ahondando e investigando en el costumbrismo sórdido y en el punk electrónico (en el sentido de hacer lo que les da la gana con su música, no el meramente estilístico) y era la excusa para verles actuar en el Apolo en compañía de otro genio loco que comparte ciertas coordenadas humorístico musicales con Los Ganglios, el Gran Puzzle Cózmico)

Y así, la conjunción de ambos elementos el sábado 14 de enero en el Apolo motivó oleadas de lol y de cachondeo que acabó en casi dos horas de baile y risas continuado. Pese a algunos problemas técnicos que hicieron que las bases y los sonidos pregrabados a veces no se dispararan, el bakalao electropunk clash plagado de letras absurdas y humor descacharrante e inesperado de El Gran Puzzle Cózmico, el one man band del zaragozano afincado en Castellón nos fue llevando hacia el desenfreno bailongo y vacilón con temas como A Ver si Vienen Estos, Mi Perro es del Pryca, versiones del Arriva, Arriva Non Ti Preocupare, o El Maiquel y El Tutankamon.

Tras dejarnos con muchas ganas de más, fue turno a las 21.30 para que Los Ganglios dejaran botando todo el Apolo desde el primer tema. En escasa hora y media de concierto, el trío al que se sumó Edu Pou, batería de Za! lo que permitió mayor libertad de movimientos a Xose Tétano, nos dio una lección de punk, cumbia, rock electrónico y letras divertidas y alocadas a no poder más. Empezar un concierto con El Héroe de la Transición y Mimetic Motherfucker ya nos dejó claro, de todos modos, que aquí también se premiaba al fan más hardcore, pero tras estas dos críticas a la clase política española, nos deleitaron con uno de sus hits más cachondos, la cumbia homenaje a Jacques Cousteau y a Félix Rodríguez de la Fuente que puso a toda la sala a bailar siguiendo la coreografía del videoclip proyectado en la pantalla que llevaban para tal menester. Poco a poco nos dejaron caer uno a otro algunos de sus temas más virales y reconocidos por todos como Hay, o LOL uno de sus primeros éxitos, Calvario, esa oda a los viejunos que con 30 ya no salen y se dedican a comentar de forma esnóbica mientras su vida social se limita a encuentros nostálgicos comentando lo penosos que eran en sus tiempos, esa divertida dupla que forman, Al Final y Amelie Poulain en el que al final, por culpa de la película francesa, no se folla. Pero también hubo espacio para algunos de los temas de su Segunda Escucha como Galletas y Cereales, GVR, Vivencias Propias y S.A.N.Z con el Chamorro de la Tienda de Discos Ultra-Local haciendo crowdsurfing entre el público. El concierto se aproximó hacia el final con Babieca Hiede y el coro del Decamerón de Pasolini a cargo de Rafa Filete y Color de Rosa, puro éxtasis bailongo que dio paso al éxtasis final con el Subiduki.

En definitiva, Los Ganglios se han confirmado ya, como uno de los mejores grupos de culto de todo el país, capaces de transformar los temas del disco al directo de manera atrevida y que, pese a lo que pueda parecer, los hace subir muchos enteros como músicos, sobre todo con la versatilidad de Edu Pou a la batería, capaz de hacer que los temas sean mucho más orgánicos y más fácil de trasladar al punk o a otros estilos menos electrónicos. Así, escuchamos versiones mucho más guitarreras y ruidosas de lo acostumbrado en sus disco lo que llevo a que desde que empezara el concierto la sala se convirtiera en un pogo continuo, con todo el respetable botando y con una sonrisa de felicidad en el rostro dispuesto a seguir la fiesta y el buen rollo durante toda la noche.