Liturgia y Kraut, la fábula mística de Reserva Espiritual de Occidente (REO)

“… cuando la fé se vuelve combate y pregunta, cuando el orden tradicional se desmorona y se abren mil otros lugares para restaurar la comunicación espiritual”. Luces fuera. Sala llena. Silencio. Un silencio brutal. La gente pegada al escenario de la Sala Nasti. Reverbera en la negritud un loop secuenciado. Entre ruido y atmósfera. No hay luz. Svali lo resquebraja con su voz. Su enorme voz. Solo la voz. Sin luz. Todos callados. La miran, sin ver, absortos, quietos, con los ojos abiertos y las pupilas dilatadas.

“Ardiendo por el amor de Otro , el sujeto (a menudo femenino) dice su deseo de un imposible encuentro a través de las sorpresas y violencias de un relato de éxtasis, de gracias y de heridas”.  Reserva Espiritual de Occidente (REO) presenta su trabajo La noche blanca  y nosotros callamos. Asentimos, como mucho. Expectantes. Atónitos. Callados. En silencio. Silencio litúrgico, sacro, respetuoso, que no se rompe ni entre canción y canción. Opus primera. Hay cierta tensión, en el ambiente, en las capas, en la atmósfera, en el aire se respira elevación, sublevación…admiración. “La manera de decir le importa más que lo dicho, y su palabra se hace poema, diálogo y fábula. Asociados a las imágenes perturbadoras del loco, el idiota, el niño, la mujer o el peregrino” (textos en cursiva de La Fábula mísitica: Siglos XVI-XVII, Michel de Certeau).

Hay miedo y perturbación, física. Que se mete en el cuerpo y cierra la glotis. Vista interiormente la laringe es ancha en su parte superior e inferior y presenta en su parte media una porción estrecha llamada: glotis. REO aprieta y laxa la glotis.

Hay percusiones marciales, religiosas, de semana santa marcando el paso, hay distorsión, secuenciadores analógicos y sintetizadores, riffs de guitarra, trompetas del más allá, tambores de guerra y planchas metálicas. Experimentación.  Hay morbo y brillo en los ojos. Tensión. Hasta la quinta canción seguida el público respeta la obra y no aplaude. Aplaudimos. Sin parar. El grupo se refuerza en su propuesta. Impasible.

Svali, la voz (que subyuga) y bombos, Wences Lamas (guitarra), Rubén Rodrigo a las trompetas celestiales, y la aportación lügeriana de Fernando Rujas (percusión, bombos) y Mario Zamora (sintetizadores) transportan la liturgia, lo sacro a otro lugar, un sitio frágil en el que no acabas de sentirte cómodo, pero al que el morbo te induce a ir, una y otra vez, a no dejar de mirar, a adorar. Hay un componente fílmico muy importante en su música y en su presentación. Formas cuidadas. Luces cuidadas. Ropajes  homogéneos. Blanco y negro. Con el REO cosido en Rojo. Svali de dominatrix sacra. Y el grupo rasgando, distorsionando la tensión.

Entre la herejía y la ortodoxia, las constelaciones místicas, la distorsión secuenciada, las trompetas celestiales y el morbo desorbitado. No dejen de escucharlos.