Lambchop en Madrid: alivio de luto

Fecha: 1 de Abril de 2012

Lugar:
Sala Joy Eslava (Madrid)

Hace tiempo aprendimos que la música no solo sirve para ser escuchada. También para bailar y para divertirse. Aunque a ratos incluso nos provoque alguna que otra lágrima. Los Beatles la utilizaron para hacerse más conocidos que Jesucristo. Y hasta alguno se ha atrevido a emplearla para algo tan profano como contar sus aventuras de cama.

A Kurt Wagner, líder de Lambchop, la música le ha servido últimamente para rendir duelo por un amigo. Su último disco, titulado Mr. M, ha sido su particular manera de decir adiós a Vic Chesnutt, compositor que nos dejó hace poco más de dos años. Un tributo sin dramatismos ni tragedias. Como su música, Lambchop no necesita alzar el tono para encontrarse de frente con la verdad. Camina lentamente. Canciones como If Not I’ll Just Die o Gone Tomorrow dan testimonio de que Kurt Wagner, a pesar de sus años y sus piernas cansadas, sigue manteniendo intacto el duende, el swing, el genio. Con él, un giro, una ligera mirada, son suficientes para provocar la sonrisa, el aplauso del público. Su labor de artesano parece tener terreno abonado en el reino de las cosas pequeñas, de donde extrae la belleza de sus composiciones.

A pesar de todo, resulta complicado hablar de sencillez cuando se trata de una banda como Lambchop. Y es que, hace años, en sus conciertos se llegaban a contar más de una decena de músicos sobre el escenario. Con el tiempo, Kurt Wagner, patrón de esta extraña tribu, ha sabido poner sus esfuerzos en tratar de simplificar los rigores de su empresa, hasta lograr que media docena de compañeros (además del propio Wagner) sean suficientes para dar un concierto como el que anoche ofreció en la sala Joy Eslava.

La tropa, reducida esta vez, muestra a las claras el rumbo que ha tomado su música, cada vez más cercana al folk y al jazz minimalista (Kind Of Love y The Good Life fueron un buen ejemplo). También al swing (Betty’s Overture). Emulando a la figura del crooner por antonomasia, el cantante ha querido recuperar el sonido de las viejas producciones de Sinatra. Curioso viniendo de un tipo ataviado con su inseparable gorra de béisbol y que permanece sentado la hora y media que dura el concierto. Pero así es Kurt Wagner, un músico con un don especial a la hora de suministrar emociones con esa voz tímida, quebrada, pero sobre todo elegante.

Al igual que su viejo amigo Chesnutt, el líder de Lambchop es capaz de exorcizar sus propios demonios con sus letras. La ironía, el amor y la vena costumbrista se dan cita en este universo wagneriano al que llevan acercándose una pequeña legión de oyentes desde hace un par de décadas. Canciones como Never My Love, 2B2 o Mr. Met han sido las últimas en sumarse. Todas ellas sonaron anoche. Todas ellas pertenecientes a Mr. M, álbum que marcó buena parte del repertorio del concierto y que provocó la disculpa por parte de Wagner.

Ausentes en el guión grandes clásicos de la banda como Up With The People o Give It (de la que sólo sonó un fragmento a modo de introducción), el compositor era consciente de que la selección podía llegar a convertirse en un reto para el espectador. Sin embargo, el público, especialmente respetuoso, supo apreciar el intento por parte del artista de cumplir con lo que había venido a hacer: aliviar el luto de su amigo. Anoche era la noche de Mr. Met, como apodaban al melancólico Vic Chesnutt.

También la del cierre de la gira europea de la banda. Quizás por ello la velada se saldó con una ovación en toda regla, capaz de emocionar a un tipo como Kurt Wagner, no muy dado a los elogios. Sin embargo, lo de ayer se lo merecía. Pocas veces se despide a un amigo con tanta alegría. Con Lambchop la vida sigue, que no es poco.

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