La vuelta de Kaiser Chiefs a Madrid

Este 14 de febrero fue el día elegido para que Kaiser Chiefs tocaran en Madrid, un concierto esperado a tenor de que desde mediados de enero todo estaba vendido (las entradas se pusieron a la venta en diciembre). Fuera la nostalgia o las ganas de ver en directo a esta banda, la gente parecía estar dispuesta a disfrutar de este, por ahora, único concierto en Madrid. Las colas y las conversaciones de fuera lo atestiguaban.

Sin embargo, el concierto no empezó hasta las 21, un largo rato de espera desde que las puertas abrieron cerca de las 19:30, que ocasionó que el grupo fuera fríamente acogido cuando comenzó con una nueva canción de su próximo disco, The Factory Gates. Todo cambió cuando su siguiente canción fue Never Miss a Beat, la canción que realmente hizo que el público comenzara a conectar con el grupo.

Así, se fueron sucediendo otros grandes éxitos de la banda, Everything Is Average Nowadays y Everyday  I Love You Less and Less, que fueron cantadas por una sala que parecía dispuesta a darlo todo. Pero el grupo, con un excelente Ricky Wilson a la cabeza, no quería que la gente se fuera sin escuchar sus nuevas canciones, así que Wilson pidió al publico que se animara con sus nuevas composiciones. Unos temas que, aunque el público no conocía del todo, escucharon con atención. Respecto a éstas, fueron una buena presentación de que el grupo quiere demostrar que no quiere estancarse en canciones pasadas. Por otro lado, no desentonan con la ya conocidas, demostrando que la banda se ha tomado en serio agruparlas dentro de los sucesivos conciertos, y que tampoco son unos novatos que quieren hacer experimentos con nuevos sonidos.

Con pequeños problemas técnicos, otro cantante hubiera parado el concierto o se hubiera puesto a hablar, pero en esta ocasión Wilson decidió subir a una fan en la canción You Can Have It All, una muestra (de las que se verían más adelante) de que el grupo buscaba complicidad con el público y que escoger una sala pequeña no había sido por casualidad. Saludos, guiños al público, Wilson dejaba claro que es el showman de la banda, y puede, en su papel, hacernos ver que está encantado de conocerse.

Tras tocar Ruby, parecía que el concierto terminaba, pero la sola ausencia de su cantante venía a demostrar que aún quedaba un poco más de concierto. Y así fue, faltaban dos canciones, Cannons y Oh My God, canción en la que nadie podía esperarse que el cantante bajara del escenario para tocar cerca de la parte de sonido (para quienes no conozcáis la sala, está justo enfrente) pasando por delante de los fans que querían estar de él. Una constatación, de nuevo, que haber escogido una sala más pequeña hacía a todo el mundo participe de la locura del grupo.

Por supuesto, aunque en términos generales el concierto estuvo bastante bien tras un comienzo tibio, los problemas de sonido, puntuales, no fueron a más gracias a la habilidad de Wilson al conectar con el público, quedando como defectos a los que no había que dar importancia.

 

Montserrat Sacher