La magia del viaje evocador de Oso Leone

El  pasado Jueves 10 de Abril Oso Leone cerraban la edición de 2014 del festival DeProp en el auditorio de La Pedrera de Barcelona. El cartel de sold out colgado desde el día anterior testimonió la gran expectación que generan los malllorquines, que poco a poco se van convirtiendo en una de las bandas que ganan cada día más seguidores en el panorama indie nacional. Que una propuesta de entrada tan arriesgada como la suya esté cosechando tanto éxito hace preguntarnos cuál es su secreto, y la respuesta podemos hallarla perfectamente viéndoles en directo.

Porque pudimos desvelar ese secreto durante la hora de intenso recital en el emblemático edificio barcelonés. A modo casi de concierto de música clásica, con los asistentes tan concentrados y atentos como los propios músicos, todo minuciosidad y detalle, con un sonido cuidado hasta el último elemento, todo en su sitio y su intensidad. Estaban colocados de manera casi estratégica dejando en el centro el bajo, haciéndole consciente o inconscientemente la base de las canciones, rodeado de las dos percusiones, y dejando en los extremos a los teclados y al guitarra y cantante. Toda una declaración de intenciones y una manera de marcar la jerarquía en sus temas.

Iluminados únicamente por las proyecciones de Mau Morgó a sus espaldas, tan evocadoras como su música y acertadamente compenetradas con sus canciones, y escondidos tras una tela transparente en la que materializar la otra parte de las mismas, parecieron aprovecharse de esa semioscuridad para concentrarse aún más. Tal y como demostraron desde las primeras notas de Ficus, el tema en dos partes que abre su segundo y aclamado disco y que se encargó también de abrir el concierto. Un tema que sonó tan preciso e intenso como en la grabación pero con un plus de intensidad y fuerza. Elementos que caracterizaron también todo el resto de temas, sumergiéndonos a todos desde el minuto cero en un viaje evocador  entre sus ritmos y sus capas instrumentales que arrancó por nuestra parte entregados pero contenidos aplausos, como si quisiéramos mostrarles nuestro entusiasmo sin romper la magia y la concentración de cada momento. Será por eso que ellos no quisieron pronunciar ni una sola palabra de agradecimiento hasta el final y a nadie le importó que así fuera.

Que su segundo disco, Mokragora, más experimental que el folk de sus inicios, es el que les ha llevado a lo que son ahora se reflejó en el hecho de que centraron su concierto precisamente en sus canciones, llevando algún tema del primero como Falcó a sus terrenos musicales y casi haciéndolo irreconocible. Un disco interpretado casi en orden y del que fueron desfilando maravillas como Alçària, Clivia, Monstera o Crisantemo que saben al Mediterráneo que moja sus pies y suenan a brisa y a naturaleza rítmica, a amaneceres y atardeceres luminosos y coloridos en el horizonte. Todo un festival de imágenes visuales y musicales que culminaron en una Cactus conscientemente reservada para el final, que puso la guinda a todo el cúmulo de sensaciones que todos los presentes fuimos llevando por dentro.

Además de esto lo mejor de todo fue que la precisión y corrección que caracterizó la interpretación de sus temas también dejó lugar para la improvisación, para el delirio, con intensos e hipnóticos crescendos a modo de festival instrumental en la que todos los músicos se compenetraban y vivían al máximo ese momento mágico de por el que vale la pena al final subirse a un escenario. Haciéndonos partícipes a todos de ello, inmersos por los cuatro costados en el espíritu y la magia de su propuesta ambiental y enérgica.

¿Cuál es su secreto? Sin lugar a dudas, el hecho de que nadie hace lo que ellos hacen, o al menos no de la misma manera. Con la misma inspiración, con el mismo talento, con el mismo genio, con la misma efectividad. Porque su propuesta es casi única, porque beben de las mejores fuentes de bandas internacionales como Grizzly Bear o The xx sin llegar a sonar como ellos, y porque materializan en directo todo su potencial con un resultado inmejorable. Y todo ello resulta aún más meritorio si tenemos en cuenta que llevan en activo pocos años y que sólo cuentan con dos discos en su haber.

De todos modos, cabe decir que el formato del concierto con las imágenes fue algo muy especial y que su propuesta musical quizás sea la que mejor combina con el espíritu del DeProp y su particular apuesta por combinar arte visual y música. Ello hizo de la experiencia del pasado Jueves algo único e irrepetible que quedará en la retina y la memoria de los que tuvimos la suerte de presenciarlo. Por lo que desde aquí aplaudimos la interesante y original propuesta de este festival por su gran originalidad y esperamos que siga ofreciéndonos futuras ediciones.