La fiesta sin fin de Mendetz

Tras pasear su último disco, Silly simphonies, de manera incansable por todo el territorio español desde que se publicó hace ya dos años, los barceloneses Mendetz cerraban finalmente su gira en la sala Music Hall de su ciudad el pasado jueves 24 de Abril. Un concierto celebrado en el marco de la celebración del 20 aniversario de Mondosonoro y que aún con su económico precio y la ocasión tan especial les costó llenar la sala. Efectos colaterales de haber girado durante un periodo tan largo de tiempo pero que en cierta manera garantizaba la presencia de sus mejores seguidores.

Aparecieron los cuatro sobre el escenario y comenzaron alargando la introducción instrumental de 2012, la canción que se encarga de comenzar el Silly simphonies, a modo de entrenamiento para nuestros pies y nuestros oídos para lo que nos esperaba. A saber, una fiesta desacomplejada en la que la electrónica y las guitarras se dan la mano como soporte de melodías sencillas pero efectivas. Música con la única pretensión de hacer bailar, de ser fuente de diversión y desconexión, fiesta y buen humor.

Que la siguiente canción fuera Plasticine hizo parecer que tocarían el disco en orden estricto, pero la aparición de la festiva Spam y la visita al disco de debut con Maximo truffato rompió esa tónica. Un debut que volvieron a recordar con esa Sofa que nos trae a la mente a los primeros The Rapture, aunque la mayor parte del repertorio escogido correspondió al disco presentado, olvidando por completo su segundo trabajo, Souvenir, quizás conscientes de que es el menos reivindicado. Y sin olvidar, por supuesto, esa versión del hit dance noventero Freed from desire de Gala que nunca falta en sus directos y que tan eficientemente llevan a su terreno, proponiéndonos un fresco remember de nuestra adolescencia sin complejos.

Si sus canciones en disco transmiten esas ganas de bailar que comentábamos, en sus conciertos, tal y como pasó el pasado jueves, Mendetz les infieren exactamente ese mismo espíritu, añadiendo todo lo que haga falta para generar un ambiente plenamente festivo y distendido. Interactuando y animando al público, bailando sobre el escenario tengan el instrumento que tengan por delante, dándole un plus de electrónica e improvisando ligeramente en los momentos instrumentales. Tal y como hicieron para finalizar y redondear de manera apotéosica Laudrup, esa canción de ritmo variado pero espíritu más tranquilo que fue la elegida para desaparecer del escenario antes de acabar de darlo todo en el bis.

Un bis que quizás llegó demasiado temprano, cuando habían pasado poco más de tres cuartos de hora, que empezó con una versión un tanto más tranquila de Phantoteque que sirvió de descanso para acabar la fiesta haciéndonos saltar con Escalera y, como no podía ser menos, dejando para el final su gran hit, Futuresex. Esa canción destroza-zapatillas, con ese riff de guitarra del estribillo de fácil coreo que levantó los brazos de un público que no había dejado de bailar ni un segundo durante la hora y diez escasa de duración del concierto, quizás la única pega que podríamos encontrar.

Una canción que sirvió también de final de fiesta para ellos mismos, que llamaron al escenario a bailar a todos aquellos que colaboraron tanto en la grabación del disco como los que les han acompañado en la gira, desatando una particular fiesta con ligeras concesiones al ritmo latino del intermedio musical del tema con el que, bailando, ellos mismos se presentaron.

Muchas veces sólo necesitamos que nos hagan bailar. Sin atentar contra nuestra inteligencia pero ofreciéndonos a la vez un producto sencillo, donde lo importante son los ritmos y las melodías pegadizas pero correctas, donde qué más da lo que digan las canciones si lo único que queremos es que nuestros pies y nuestros brazos encuentren sustento para su movimiento, olvidarnos de todo y pasar un rato divertido sin más. Esto es lo que buscan Mendetz y consiguen con creces tanto con sus canciones como en sus directos, regalándonos una fiesta sin fin de la que nos hacen cómplices y de la que volvemos a casa intentando contener la energía de nuestros pies, deseosos de seguir bailando aquella de sus canciones que nos ha quedado en la cabeza.