La espléndida madurez de Woods

Woods, en Madrid
Woods, en Madrid

El noveno disco de Woods, City Sun Eater In The River Of Light, seguramente no fue el más llamativo y espectacular de 2016, pero costaría encontrar en cualquier lista musical de ese año una propuesta más deliciosamente ecléctica y desacomplejada, una obra que flirtee entre el folk y la psicodelia con más cintura, matices y buen gusto. No impresiona de primeras, no es el típico álbum que te secuestra de inmediato el corazón, pero es difícil no acabar hechizado con sus cálidas composiciones y los susurros en falsete de Jeremy Earl si se insiste mínimamente con las escuchas. Tras el inspirado Bend Beyond y, especialmente, su hermosísimo With Light And With Love, la banda neoyorquina seguramente se encuentre en su plenitud, con el mayor dominio de registros que nunca hayan exhibido. Faltaba por confirmar que el traslado de esas canciones al escenario, impecablemente producidas en estudio por otra parte, no deslucieran su magia. Y el desafío, conviene admitir, era notable. Ciertos tonos y auras que emanan de muchas canciones son, por desgracia, difícilmente reproducibles en un escenario, y la flamante obra a presentar se compone de muchos temas así, marcados por sus ensoñadoras atmósferas. El año pasado, en el Mad Cool, donde tocaron, les tocó lidiar con un inconveniente mayúsculo, recordemos que su concierto se celebró instantes antes de la ineludible cita con Neil Young, y escasos fans irredentos pudieron calibrar el estado escénico de la banda en la capital, pero en estos albores primaverales de 2017, y para emitir por fin un veredicto, el Teatro Barceló se erigió en escenario perfecto: no sólo la entrada fue buena; el concierto fue mejor.

Obviamente no fue perfecto, ni falta que hace. En una banda de este perfil y espíritu, tan modesta y cercana, los pequeños contratiempos son tolerables, e incluso afianzan su naturalidad y encanto. Dicho lo cual, colocar tan pronto en el set list un tema tan hipnótico y brillante como Politics Of Free, que desde luego hubiera apetecido escucharlo al final, con la maquinaria más engrasada y la audiencia menos fría, fue una decisión discutible. Sonó además algo titubeante, sin el vuelo del disco. Observación parecida, si queremos seguir con el monóculo, podríamos hacer sobre la soberbia With Light And With Love, que llegó antes del bis, y cuyo inflamado desarrollo de guitarras hubiera sido el perfecto broche a la velada, ya que se antoja difícil, imposible en realidad, elevar más la temperatura después de eso. Excluyendo estos ligeros detalles, poco más que objetar. Todo lo que se pueda decir de la actuación es halagador y constructivo; confirma a esta banda y su concepción de la música como un pequeño tesoro a reivindicar, especialmente reconfortante e instructiva en estos tiempos de inmediatez, vacuidad e impaciencia.

Con la banda en progresiva sintonía según se desarrollaba la velada, podemos situar la llegada de Sun City Creeps como primer momento álgido. Aderezada con los sugerentes sonidos de una trompeta, que plasmaron los arreglos de viento del disco con elogiable precisión, el tema fue tocado impecablemente, y su aire fronterizo y ramalazos funk y reggae contagiaron visiblemente a los espectadores. Si alguien quería contemplar en acción a los Woods más pletóricos y expansivos, ahí tuvo una convincente dosis. Su encadenado con The Take, que siguió la misma estela e idéntico nivel, fue apropiadísimo. En el registro más ortodoxo y melódico, destacaron Shepherd y New Light, auténticas gemas en miniatura. Cali In A Cup fue otro momento con duende, hechizante. Cierto es que los fans de los discos más primerizos tuvieron pocos guiños, pero ahí queda ese inicio de bis con Suffering Season, que incluso mejoró sus prestaciones con respecto al estudio. Decíamos, por último, que un cierre con With Light And With Love y su desbocada jam es insuperable. Quizá sea cierto, pero al menos la elegida para bajar el telón fue Moving To The Left, tal vez la canción más redonda, modélica y bella que ha compuesto nunca esta banda, y que dejó con ganas de más, de mucho más. Buen indicio. Si los que entienden de ello dicen que la felicidad está en las pequeñas cosas, en los placeres humildes y discretos, tal vez bandas como Woods sean aún más necesarias de lo que pensemos.