Kings of Leon en Madrid

KINGS OF LEON

Primera sorpresa de la noche: a las 20.30 horas la cola de gente para entrar al concierto de los Kings Of Leon daba la vuelta al Palacio de Vistalegre. Teniendo en cuenta las temperaturas mínimas del miércoles noche en Madrid la situación no era muy alentadora. Después de más de media hora se puede acceder al recinto y bueno, teniendo en cuenta que las entradas estaban casi agotadas, se esperaba algo más lleno, cosa que no sucedió hasta las 21.45 horas cuando el concierto llevaba empezado un tiempo considerable.

A las 21.15 salen arrollando y con el primer tema de la noche, Crawl, la gente empieza a entrar en calor. Suenan bastante bien para como suele sonar el recinto normalmente. Le siguen temas como Radioactive, single de su nuevo álbum Come Around Sundown, que venían a presentar en un único concierto en España. Con The End, el Palacio ya rebosa con unas 10.000 personas. Siguen sonando igual de bien y dándolo todo (eso sí, casi inamovibles del escenario), la gente no deja de corear sus temas más conocidos y explosiona con Use Somebody, que cierra el previo al bis. Sólo han pasado 75 minutos y 18 canciones.

Como anécdota, no se puede dejar de observar y preguntar uno por tres personas que tiene delante dándolo todo, siguiendo las letras de cada una de las canciones y poniendo cuerpo y alma en cada uno de los temas. ¡¡Más aún cuando este grupo de tres rondan casi los setenta años y vienen desde Gales!! Otra más de las sorpresas de la noche. Esto sí es auténtica pasión por la música. Emociona.

Vuelven a aparecer con la misma fuerza con el tema Closer y Sex on Fire, también aclamadísimos por el público que parece no perder tampoco las fuerzas. Era de imaginar que con los fuegos artificiales se llegaba al final del concierto, y así fue, con un Black Thumbnail que sonó increíble en directo.

Estos noventa minutos escasos enfadaron un poco a los presentes (sin olvidar que las entradas ascendían a la curiosa cantidad de 51 euros), pero mereció la pena ver a este grupo del que ya se puede decir que se está poniendo a la altura de los grandes. Les falta dinamismo en el escenario pero se les perdona por ahora a cambio de la fuerza de la voz de Caleb, los hipnóticos solos de guitarras y bajo o la dureza de la batería de Nathan y esos pegadizos temas que se convierten en himnos.

Esperamos pronto la vuelta de los de Nashville, su rock sureño, aunque se vaya alejando poco a poco de este rasgo que en principio los identificó, y sus influencias country. No han decepcionado.